Pensamiento positivo, ¿cortina de humo o problema mental?

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Bárbara Ehrenreich desnudó la industria del pensamiento positivo. Este negocio millonario se encarga de repetir y repetir, como un mantra, que cualquier persona puede cambiar las cosas si adopta una actitud positiva sobre su realidad. La doctora e investigadora científica afirmó que en el centro de esta industria están los instructores, los conferencistas motivacionales, los carteles inspiradores que se colocan en las paredes de las oficinas, y mucho más. Desde Chile, Juan Felipe Espinosa, Ph.D y académico en la Utfsm, se encarga de desmenuzar y analizar esta pseudo ciencia, y la separa radicalmente de la psicología positiva. 

Hoy las redes sociales muestran una avalancha de memes y post relacionados con los estados de ánimo de las personas. En el mundo del trabajo, en particular, abundan una línea de pensamiento positivo que a veces se desconecta y se ve ajena frente a la cotidianidad mucho más dura. 

Desde RHM quisimos indagar un poco para saber qué hay detrás y qué se esconde de uno de los paradigmas que marca el quehacer de muchos en lo laboral. Para ello nos tomamos de un reciente artículo publicado en sinpermiso.info, cuya autora, Sonali Kolhatkar, habla de cómo la doctora, investigadora científica, ensayista y activista social estadounidense, Bárbara Ehrenreich, desenmascaró la industria del pensamiento positivo.  

Para Sonali Kolhatkar, “la difunta Bárbara Ehrenreich era más conocida por su libro más vendido en 2001, Nickel and dimed: on (not) getting by in America, que narraba las repercusiones en la vida real de la ley de reforma del bienestar de 1996, la cual hizo una contribución igualmente grande a la justicia económica con su libro posterior en el que exponía el culto al pensamiento positivo”, llamado Sonríe o muere: la trampa del pensamiento positivo.

Según el artículo, Bárbara “profundizó todo lo que pudo -a un nivel microscópico- para dar sentido al mundo. Concluimos de Nickel and dimed que la gente no estaba triunfando en Estados Unidos. Pero nos dimos cuenta a través de su libro Bright-Sided: How positive thinking is undermining America, que la economía seguía adelante sin obstáculos porque estábamos poniendo una cara sonriente a la desigualdad”.

La articulista señala que “la gran recesión comenzó en 2007. Dos años después, en 2009, Ehrenreich publicó Bright-Sided. Dos años después, en 2011, comenzaron las protestas de occupy wall street (OWS) en el Parque Zuccotti de Nueva York y se extendieron por todo el país. Los participantes de OWS llamaron la atención sobre la cruda división económica entre los que tienen y los que no tienen, en este caso el “1%” más rico de los estadounidenses y el resto de nosotros, el “99%”. En ese momento no se podía poner una cara sonriente a la economía”.

En ese contexto, continúa explicando, la aclamada ensayista decía que “hay toda una industria en Estados Unidos que invirtió en esta idea de que si piensas positivamente, si esperas que todo salga bien, si eres optimista y alegre y optimista, todo irá bien”.

Ehrenreich, asegura la nota, “que sobrevivió al cáncer, dijo que comenzó su investigación sobre la ideología del pensamiento positivo cuando tuvo cáncer de mama, aproximadamente seis años antes de que se publicara Bright-Sided. Fue entonces cuando se dio cuenta de que era un fenómeno exclusivamente estadounidense el hecho de darle un giro positivo a todo, incluso al cáncer”.

El artículo, publicado originalmente en Economía para Todos, un proyecto del Instituto de Medios Independientes, continúa explayándose. “Cuando buscó (Ehrenreich) en internet grupos de apoyo de otras mujeres que luchaban contra el cáncer, lo que encontró fueron “constantes exhortaciones a ser positivas con respecto a la enfermedad, a ser alegres y optimistas”. Este enfoque oscurece la cuestión central de “por qué tenemos una epidemia de cáncer de mama”, dijo.

Esta idea la vinculó, por ejemplo, a cómo el pensamiento positivo oscurecía las cuestiones de desigualdad económica. “Y descubrió que había toda una industria que aseguraba a los estadounidenses con problemas económicos que su pobreza se debía a su propio pensamiento negativo y que podían cambiar las cosas si simplemente visualizaban la riqueza, adoptan una actitud positiva sobre su sombrío futuro y deseaban que el dinero fluyera en sus vidas. En el centro de esta industria están los “instructores, los conferencistas motivacionales, los carteles inspiradores que se colocan en las paredes de las oficinas”, y mucho más, planteó Ehrenreich. Asimismo, relaciona el auge de las megaiglesias estadounidenses con el aumento del culto a los pensadores positivos. “Las mega iglesias no tratan sobre el cristianismo. Las mega iglesias tratan de cómo puedes prosperar porque Dios quiere que seas rico”, subrayó.

La interpretación chilena

Juan Felipe Espinosa, Ph.D, profesor Utfsm e investigador asociado Centro de Estudio Ciencia Diversa Unab, reflexiona sobre el pensamiento positivo y el trabajo de Bárbara Ehrenreich

El académico hace una aclaración respecto a la psicología positiva y las opiniones del decano Jorge Sanhueza sobre esta rama. “Creo que lo más importante es dejar en claro que existe una diferencia profunda entre el pensamiento positivo y psicología positiva. Desde el punto de vista de la psicología positiva es evidente que lo que comenta el decano de la UAI es, correcto, el profesor Sanhueza tiene razón en cuanto a que se han realizado críticas incorrectas respecto de la psicología positiva. De hecho, la psicología positiva debería funcionar cuando se está trabajando respecto de ciertos niveles de subjetividad. Y, de hecho existe toda un área científica que ha demostrado que es útil en lograr que las personas puedan realizar cambios en la mirada respecto de algunos de los problemas que se derivan del trabajo y en la vida en general”, asevera. 

Respecto al planteamiento de Bárbara Ehrenreich, sostiene, que hay una crítica fundamental al pensamiento positivo, no a la psicología positiva. “En estricto sentido, la crítica tiene que ver con la forma norteamericana de mirar el mundo que va mucho más allá. Esta no es una crítica a la mejora a partir del estudio sistemático de la psicología positiva, sino que es una al pensamiento positivo como respuesta a todo problema que confronta el ser humano, sin recurso a racionalidad alguna, es decir, sin un estudio sistemático del actuar humano y de las condiciones en que dicho actuar acontece. Esto se ejemplifica, frente al problema de la desigualdad económica. Una mirada a partir del pensamiento positivo conlleva siempre el que es mi responsabilidad, y con ello, evito el análisis estructural crítico de cualquier acontecimiento. Una mirada crítica que se basa en la razón y la capacidad que tenemos los seres humanos de comprender el mundo, sirve sin dudas como solución que acompaña la psicología positiva frente a los problemas de la vida y el trabajo. Esta mirada realista basada en datos y en el contexto de las situaciones, muestra el límite de mi agencia como persona. Es decir, de qué me puedo encargar y de qué no me puedo encargar frente al problema, por ejemplo, de la desigualdad”. 

Al respecto, agrega el doctor chileno, la psicología positiva no se va a encargar nunca de los aspectos estructurales, pero un buen psicólogo positivo que entiende las cuestiones del ‘self’ y la subjetividad, como persona de ciencia, sabrá el límite y aquellos aspectos que no se pueden confrontar con las técnicas y metodologías por ella desarrolladas; “ese es justamente el límite de una ciencia como la psicología positiva”. 

Asegura que “en el caso del pensamiento positivo, al no presentar éste una base racional, uno podría decir; y por eso es que Bárbara Ehrenreich estudia ciertas formas en que la religión funciona en USA; que es un tipo de pensamiento religioso, es decir, un pensamiento no basado en los aspectos racionales, sino basado en la creencia, creencia de que uno – el individuo- puede solucionar cualquier cosa o problema que se le presente en el mundo”. 

Esto se relaciona, advierte el investigador, con lo que es probablemente el aspecto más peligroso del pensamiento positivo. Esto es, “cuando se confunde a la psicología positiva con pseudoterapias, como los famosos coaches emocionales. Dichas prácticas, que buscan ayudar a solucionar los problemas de las personas reconstruyendo la forma de pensar en el mundo, no se basan en un estudio riguroso y sistemático, como es el caso de la psicología positiva. Son, como lo ha advertido Carlos Sans, coaches emocionales y no profesionales de la psicología. Esta línea es, la mayoría de las veces, una donde actúan  gurús como Tony Robbins mismos que sin duda se encuentran realizando pseudoterapias”, recalca.

Entonces, continua, “no estamos hablando de lo mismo cuando el decano de la UAI comenta que existe un modelo que muestra cómo hacer una organización resiliente y cuando vemos a un gurú pregonando el pensamiento positivo. El pensamiento positivo deja de lado al estudio con datos, sistemático y con prueba de revisores, transformándose en un pensamiento del tipo religioso sin base empírica sistematizada. Sin duda las ideas acerca de la energía y vibración pueden tener un eco a los estudios de la física contemporánea, haciendo eco de una cientificidad.Sin embargo, nada hay de científico en ello, tal como lo como lo comenta Bárbara Ehrenreich. De hecho, este pensamiento positivo “puede sin duda reprimir emociones, y por lo tanto, ser absolutamente destructivo desde el punto de vista de la psicología positiva”. 

Juan Felipe Espinosa, profundiza en su idea respecto a cómo perjudica a la psicología positiva el pensamiento positivo. “Dado que finalmente el pensamiento positivo se transforma en una prédica sobre un nuevo paradigma, una nueva forma de ver el mundo y eso sin duda alguna es la última vuelta del de tuerca del capitalismo contemporáneo, voltereta en la que se pierde toda posibilidad de un pensamiento que busque ir más allá por medio de la rigurosidad de las ideas y del estudio sistemático. Destruyendo así, toda posibilidad de pensamiento crítico, llevando a las personas a perder toda relación con el contexto de los acontecimientos, subsumiendo todo en sí mismo, y en que todo depende de uno mismo, olvidando que las relaciones son fundamentales para todo acontecimiento del mundo. En ese sentido, ese individualismo no es algo lejano, está en todos los ámbitos, está en la educación, en una perversión de psicología positiva que no comprende sus límites como ciencia, que no enuncia las limitaciones que existen en sus estudios. Se encuentra también en comprender las acciones emprendedoras como parte del pensamiento positivo, en donde se argumenta que los emprendedores miran el fallo siempre positivamente, sin nunca hacer la pérdida necesaria. Este pensamiento positivo, es por cierto, lo más cercano a un problema mental, de hecho, a una enfermedad mental, una donde existe una distorsión fuerte de la realidad, y eso no es psicología positiva en ningún caso, sino que muy por el contrario, la evasión de la realidad”, señala el investigador. 

Acá el académico indica que hay desfase, ya que “esas personas están mirando fuera de la realidad y están evitando entender que así como el fracaso, el éxito, también tiene una explicación en aspectos estructurales, en quienes lo han ayudado, y no todo depende de sí mismo, sino que la agencia personal tiene un límite”. 

El doctor Espinosa concluye que “hay una trampa respecto a un retroceso a ciertas ideas mágicas, precientíficas o supersticiosas, mismas que nos van a llevar al desarrollo”. Subraya que el pensamiento positivo y el pensamiento mágico solo radicaliza el concepto de “nosotros vs los otros”, destruyendo así la relación que existe entre las personas que en conjunto podemos construir una organización, en particular, un emprendimiento. 

Opina que “desgraciadamente” aquí es donde viene la crítica más dura, debido a que algunas personas, sin duda sin base en los datos, han llegado a construir este pensamiento mágico, pensamiento no científico, pensamiento no riguroso, creyendo que esto es sinónimo de seguridad en sí mismos. “Sin duda alguna, la pseudoterapia, el coaching emocional, el pensamiento positivo en general son muy atractivos, y por supuesto que en algunos casos va a tener éxito. Qué duda cabe que si le pegamos muchas veces a un clavo mal puesto, finalmente se va a clavar. Pero el punto es que esto es justamente lo contrario a lo que busca la psicología positiva, que es una forma rigurosa de estudiar los problemas. Hay en dichos estudios un cuadro epistemológico, metodológico y formas de comprender las personas y organizaciones, lo cual se aleja de manera clara del pensamiento positivo del cual habla Bárbara Ehrenreich”, finaliza.

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