Ni más Pitágoras ni menos Sócrates

En esta columna, Patricio Palacios contrapone dos lógicas que conviven en las organizaciones: la obsesión por los indicadores y la ausencia de reflexión sobre el sentido del trabajo. Su tesis es que ni los números por sí solos ni la pura introspección bastan, y que el desafío real está en equilibrar gestión, propósito y aprendizaje.

Por Patricio Palacios. Socio director TCS Group, psicólogo, filósofo, coach y docente en el Mg de Salud Pública Universidad Mayor.

Pitágoras representa el mundo matemático; El camino adecuado hacia la verdad son los números, realidad inmutable y siempre igual a sí misma. Pitágoras es el financiero de la organización, aquel que debe cuadrar los indicadores, presentarlos, defenderlos, exigirlos. Decide a base de dicha información. “Los números no mienten”. Y cuando dichas ideas llamadas números no van según lo esperado vienen las restricciones presupuestarias. Comúnmente en capacitación, programas de desarrollo y algunos beneficios menores.

Para muchas culturas organizacionales eso debe hacerse. Tal vez, los gerentes siguen viajando en business, puede que los viáticos se reduzcan algo, pero son quienes ganan menos los que resienten el ajuste presupuestario. Conozco empresas que quitaron las “galletas” porque se gastaba mucho, pero no quitaron del menú los calamares de los almuerzos gerenciales.

Pitágoras, más allá de su enorme conocimiento esotérico y misticismo (estudió en “La Casa de los Misterios”, Egipto) representa los indicadores que miden Clima Laboral, las prioridades de la gestión estratégica, la calidad de la producción. Simboliza lo que visiones pragmáticas del quehacer organizacional ven como “lo realmente importante”, incluso, como “lo únicamente importante”. ¿Es relevante? ¡Por supuesto! ¿Lo único? ¡No!

Sócrates, en la vereda del frente, es el ícono de la reflexión. Sobre su figura se forjan los cimientos de la llamada filosofía analítica. Es el primero en preguntarse por el sentido de las cosas… Seguramente, en los últimos años usted ha escuchado hablar mucho del constructo “propósito” como “un elemento nuevo a trabajar” al interior de las organizaciones y en los individuos. Y ya estaba al servicio de la comunidad hace 2.500 años. Dicho debate está ausente, desde mi óptica, en Latinoamérica y USA y no ocupa ningún lugar en la “agenda gerencial” ni menos de los directorios. Hoy, las decisiones están fuera de las voces mundanas. Están en la élite. A nivel político hemos podido comprobar que en América Latina, por sus altos índices de corrupción, nos hemos desapegado de la responsabilidad cívica que atañen múltiples decisiones y se ha reducido la “democracia” a un acto electoral. (obligatorio o voluntario)

¿Quién pregunta en el lugar de trabajo por el sentido de lo que hacemos? Con suerte algún coach…Un facilitador intuitivo también podría generar instancias de profundidad dialéctica; ¿Existen conexiones entre lo que hacemos y lo que queremos? ¿Nos pensamos como organización que somos? ¿Qué queremos? ¿Somos organizaciones o replicaciones de instrucciones de alguien?

La actitud de aprendiz no la vemos en quienes lideran. Por lo tanto, lideran desde la ignorancia. Entendida la ignorancia como permitirse “no saber”. Peor aún, habitar la ceguera cognitiva, no genera el maravilloso espacio para el aprendizaje desde lo humano, es decir, desde la reflexión. ¿Acaso hemos escuchado a un/una Gerente General pedir ayuda, declarar públicamente, alguna brecha, confesar que no ha sido capaz de transmitir la Visión de la compañía…?

Cuando los gerentes quieren “cursos de liderazgo” contratan al externo para que les diga. No se preguntan, socráticamente, que es liderar, cómo se entiende liderar al interior de la organización que dirigen. ¡No!  O se deposita en el Área de Personas la responsabilidad de generar instancias luminosas. Aunque ya sabemos que en la mayoría de los casos se habla de “Recursos Humanos”, es decir, personas desechables, extensiones cognitivas que no poseen sueños, deseos, objetivos fuera de la organización. Sólo están para producir “y como los números no mienten…”

Ciertamente tenemos que quedarnos en la mayéutica (preguntar desde dentro hacia afuera como los bebés cuando nacen. Mayéutica significa partera, el oficio de la madre de Sócrates) y no considerar los números sería un despropósito. Debe existir lo que Aristóteles nos plantea, “el dorado medio”. Ese justo equilibrio que le proporcione sentido a los números y le otorgue desafío al propósito.

Pitágoras y Sócrates caminan por los pasillos de la organización, cumpliendo cada uno su rol. Haciendo lo que mejor saben hacer: sacar lo mejor de las personas.

Las palabras tejidas en esta columna son el eco singular del autor, sin ataduras ni corsés editoriales. Aquí, la responsabilidad recae en quien escribe, no en las creencias de RH Management

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