Por Fernando de Laire. Doctor en sociología – Universidad Católica de Lovaina. Miembro de la Asociación Chilena de Estudios del Trabajo. Investigador y consultor internacional.
En 2026 las negociaciones colectivas en la gran minería se realizarán en el marco de un nuevo ciclo, en un doble sentido: a) económico internacional a raíz de una oferta ajustada de cobre, que es el resultado de interrupciones en 2025 en la producción de minas como El Teniente, Grasberg en Indonesia y Kamoa-Kakula en la República Democrática del Congo. Esto le ha dado impulso a un rally de precios; y b) político debido al cambio de administración. Frente a ello, resulta pertinente trazar algunas líneas prospectivas.
La prospectiva es una disciplina utilizada principalmente por agencias estratégicas, entes de gobierno, empresas y organismos internacionales. Extrae lecciones del pasado, analiza tendencias en curso y, a partir de un conjunto de información disponible, proyecta escenarios probables en un marco no determinista. Se asume que el futuro no está escrito ya que pueden emerger factores disruptivos no considerados, pero sí es posible identificar algunas variables y tendencias críticas que incidirán en su configuración.
El cobre en perspectiva internacional y efectos locales
A inicios de 2026, en una perspectiva de mediano y largo plazo, el cobre está en una posición expectante en el mercado mundial dado que constituye un insumo clave para la transición energética, la electromovilidad y la construcción de la infraestructura de soporte para el desarrollo de la inteligencia artificial, además de sus usos clásicos en materia de electrificación y expansión urbana. Asimismo, de acuerdo a especialistas, el cobre se ha transformado en un activo crítico de seguridad nacional para varias potencias y el acopio estratégico –potenciado por la inestabilidad en la producción global– tensiona la brecha entre oferta y demanda.
Como resultado, y agregando la estrechez de la oferta, se ha registrado el mencionado rally de precios y proyecciones al alza. En efecto, durante febrero y lo que va de marzo, el precio del metal rojo en la Bolsa de Metales de Londres ha superado varias veces los US$ 6 por libra y luego se han registrado turbulencias debido al ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, pero el precio se mantiene dentro de un rango bastante alto. En su último Informe de Tendencias del Mercado del Cobre, Cochilco elevó su proyección para 2026 a un promedio de US$ 4,95/lb y para 2027 prevé un precio de US$ 5,00/lb. Por su parte, J.P. Morgan fue más allá y elevó en 9,1% su estimación de largo plazo para el cobre a US$ 5,50/lb, argumentando que existe un déficit estructural global asociado a años de subinversión, caída de leyes, permisos más largos y mayores costos de capital para nuevos proyectos. Queda pendiente la interrogante y la inquietud sobre los efectos económicos globales si la guerra en Medio Oriente se prolonga.
A lo largo de la historia, como es de toda lógica, el precio del cobre ha sido una variable fundamental en las negociaciones colectivas en la gran minería. Sebastián Liberona, presidente del sindicato N°1 de Minera Escondida –que negocia en 2027 pero este año está prevista la negociación del sindicato N°2 de Supervisores y Staff que agrupa a mil asociados y asociadas– lo puso de relieve en entrevista concedida al Diario Financiero el 6 de febrero: “Las condiciones del mercado del cobre y otros minerales siempre van a contextualizar las negociaciones colectivas”.
Miremos en retrospectiva: en un trabajo publicado en 2015, titulado “¿Qué hacemos ahora que se terminó el súper ciclo de cobre?”, José Pablo Arellano hizo el siguiente cálculo: “El precio promedio del cobre entre 2005 y 2013 llegó a 3,43 dólares por libra, prácticamente el doble de los 1,66 dólares promedio en los 30 años previos (desde 1975 a 2004). En esos 30 años los precios rara vez llegaron a dos dólares; estaban normalmente bastante por debajo, todo en moneda actual (precios de 2014)”.
En aquella época, como analista que siempre está en diálogo fluido con los actores tripartitos y la academia logré establecer a lo menos tres efectos del súper ciclo:
- Como era esperable, esta riqueza coyuntural alentó la presión de los sindicatos mineros, tanto privados como estatales, por participar de la misma a través de contactos colectivos generosos y bonos ad hoc no existentes en el periodo previo (por ejemplo: “bono por condiciones de mercado del cobre”), concebidos como temporales previendo un futuro declive del ciclo.
- Las arcas fiscales comenzaron a recibir un flujo de recursos muy superior al periodo previo, tanto por los ingresos directos de Codelco como por los impuestos pagados por las empresas mineras privadas; a partir de ese hecho, el fisco pasó a tener un interés económico objetivo en que no hubiera paralizaciones, intensificando sotto voce su accionar en esa dirección. Arellano calcula que sólo los excedentes de Codelco entre 2006 y 2012 superaron, en moneda comparable, los excedentes de toda su historia previa, desde que fue formalizada su creación vía decreto el 1 de abril de 1976.
- Por último, se produjo un giro estratégico en el criterio con que varios sindicatos de las empresas más importantes comenzaron a enfrentar las negociaciones colectivas: por sobre la referencia clásica del contrato colectivo vigente, adquirió preeminencia el guarismo de las altas utilidades obtenidas por las compañías en ese periodo (frases como “lo que pedimos representa apenas un 1% de las utilidades de la empresa” se repetían en los comunicados públicos de los sindicatos, a medida que avanzaban los procesos de negociación o las huelgas).
Ahora bien, debemos enfatizar que no existe una asociación causal entre precios altos y mayor conflictividad laboral. La casuística es variada, aunque resulta evidente que aumentan las expectativas.
Veamos un ejemplo: en 2021, en la fase de mediación, habiéndose votado en primera instancia la huelga, Amsa firmó un contrato colectivo con el Sindicato Empresa Minera Los Pelambres por 36 meses. Llamó la atención que entre el bono de término de conflicto de $ 10,5 millones, un crédito blando de $ 3 millones y otros beneficios se alcanzó un monto de $ 19,5 millones. Sin embargo, también se puso de relieve que el contrato tenía un fuerte énfasis en productividad y en preparar a la compañía para desafíos futuros, entre ellos el desarrollo del proyecto Inco de infraestructura complementaria.
La premisa subyacente es clara: en vez de escalar el conflicto en un momento de buenos precios del cobre debido a la reactivación post pandemia, se evitó el alto costo de oportunidad de parar la producción, articulando un acuerdo que maximizara los objetivos de todos. En declaraciones a la prensa, el gerente general de la compañía, Mauricio Larraín, lo resumió así: “una negociación que cumple las expectativas de ambas partes y que resguarda la competitividad del negocio”.
En un plano distinto, cabe destacar el carácter simbólico que pueden adquirir los números en determinados momentos, contribuyendo a crear realidad. A ese respecto, se debe mirar con atención lo siguiente:
- Il Sorpasso: En 2025 Escondida BHP logró superar por primera vez, de forma individual, el volumen agregado producido por las siete divisiones de Codelco (1.345.132 toneladas de cobre versus 1.334.389 toneladas, aunque esto no considera la participación de la estatal en El Abra, Anglo American Sur y Quebrada Blanca). Sin duda, esto puede inducir un “framing”, estableciendo el marco mental y anímico al momento de sentarse a negociar, tanto en Escondida como en Codelco; en este último caso puede incidir también el “efecto El Teniente”, con todas sus derivadas.
- En febrero, al dar a conocer los resultados del primer semestre del año fiscal 2026, el CEO de BHP Mike Henry resaltó un hito significativo: por primera vez el cobre aportó la mayor proporción de las ganancias globales del grupo, con un 51% del Ebitda subyacente. Asimismo, relevó un aumento en la producción de cobre en torno al 30% en los últimos cuatro años, consagrando a BHP como el mayor productor mundial del metal rojo.
Nuevo ciclo político y otros factores clave a considerar
El movimiento sindical minero ha manifestado su inquietud ante la agenda laboral del nuevo gobierno, en particular sobre temas como las indemnizaciones por años de servicio, nuevas interpretaciones en materia de reducción de jornada y respecto a las orientaciones y el rol que adquirirá la Dirección del Trabajo en este periodo, con un eventual debilitamiento de su función fiscalizadora. Además, existe preocupación sobre la actitud de la autoridad ante el ejercicio del derecho a huelga. Desde luego, todo gobierno que comienza tiene el derecho a desplegar su agenda y merece el beneficio de la duda. Sin embargo, es pertinente transparentar las inquietudes mencionadas ya que pueden incidir sobre la dinámica sindical.
En términos más generales, la pregunta sobre qué tan constructivo o conflictivo sea el nuevo ciclo va a depender del criterio de los actores tripartitos y de la voluntad de seguir profundizando el proceso de diálogo social en el sector, que se ha mostrado muy fructífero en los últimos años, adquiriendo relieve la Comisión Sectorial Minera del Consejo Superior Laboral.
Para completar nuestra mirada prospectiva, cabe mencionar algunos factores adicionales gravitantes que pueden incidir en la dinámica de las negociaciones colectivas en el nuevo ciclo:
I. Ante el alto precio del cobre, atrincheramiento bilateral en posiciones más que en intereses y en la cooperación para beneficio mutuo (contradiciendo el modelo de Harvard que suele predominar en la preparación de las comisiones negociadoras).
II. Activación de demandas en el mundo del subcontrato y solidaridades cruzadas.
III. Huelgas con capacidad de afectar servicios esenciales (caso reciente del Sindicato N°2 de Finning y su potencial impacto en las divisiones del Distrito Norte de Codelco y Escondida).
IV. Procesos de radicalización interna con capacidad estratégica de afectar la continuidad operacional o, en el peor de los casos, dañar infraestructura crítica.
V. Irrupción de la IAGen en las disputas comunicacionales por imponer un relato ante la opinión pública y generar solidaridad mientras se desarrolla una huelga (ese tema ya estuvo presente a comienzos de año en Mantoverde).
VI. Intentos de privatización de Codelco y reforzamiento del giro de las Centrales hacia un sindicalismo sociopolítico.
VII. Impulso a grandes proyectos mineros en Argentina como competencia potencial –aunque no en el corto plazo– y eventual efecto disciplinador de demandas en las organizaciones sindicales.
VIII. Como se enunció al principio, el devenir de la guerra en Medio Oriente puede transformarse en un factor crítico por su eventual efecto contractivo sobre la economía global, no limitado a la coyuntura, y su impacto sobre commodities como el cobre. Al momento de cerrar este texto el precio del petróleo supera los US$ 100 por barril, hecho que no se producía desde la invasión de Rusia a Ucrania, y el petróleo Brent llegó a cotizar US$ 120 por barril antes de que los países del G7 anunciaran estar considerando una liberación de reservas estratégicas para contener el precio.
IX. Finalmente, como viga maestra que cruzará todas las negociaciones colectivas en el sector minero, será fundamental el mejor o peor balance que se logre entre conciencia de la excepcionalidad económica del periodo, participación justa en la producción conjunta de valor, sostenibilidad del negocio y productividad.
Más allá del plano analítico, soy optimista y confío en la esperanza activa. Por esta razón, concluyo haciendo un voto a la manera de los antiguos: “Dei bene vertant”. Pongamos buena voluntad para que este año, con un número considerable de negociaciones colectivas previstas en la gran minería, como país “los dioses nos sean propicios”. En esa perspectiva, nunca envejecen las cuatro virtudes cardinales que están a disposición de todos los actores: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Esta columna aspira a estimular ese espíritu constructivo y también a mostrar la complejidad en que estamos inmersos.
Las palabras tejidas en esta columna son el eco singular del autor, sin ataduras ni corsés editoriales. Aquí, la responsabilidad recae en quien escribe, no en las creencias de RH Management