¡Mujeres arriba! Chile tardaría 40 años en lograr la equidad de género en las empresas

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En vísperas del 8M, conversamos con destacadas mujeres para visibilizar la importancia del trabajo constante que supone derribar los principales paradigmas y obstáculos del avance de la equidad de género y derechos de la mujer en el mundo laboral. 

Según el informe “Mujeres en la sala de juntas” realizado por Deloitte, a nivel global, la presencia femenina en directorios alcanzó un 19,7% en 2021. Esta cifra representa un alza en comparación con el año 2018, donde se registró un 16,9%.

En Chile, también se registró un aumento en las 35 compañías analizadas por el informe. Dentro de estas, hay 28 mujeres en directorios, pasando de un 7,7% en 2018 a un 10,5% en 2021. Con estos números, se estima que Chile tardaría más de 40 años en llegar a la paridad de género en los directorios. Nuestro país aparece en el lugar 38, entre 51 naciones, detrás de Colombia y Perú en la región, respecto de la presencia de mujeres en los directorios.

Cuando se habla de equidad de género en las empresas, siempre hay ‘peros’. Existen distintos factores sociales, políticos, económicos que han afectado a la igualdad de los roles en el trabajo: el tejado de vidrio, sesgos dentro de los roles y organizaciones, falta de oportunidades y proyectos que apoyen la corresponsabilidad, carencia en las leyes, falta de modelos a seguir para las mujeres, entre otros. 

¿Qué falta para que la equidad de género llegue a la primera línea de las empresas? ¿Qué propuestas de cambio se pueden sugerir? ¿Qué tan realistas y accesibles son esas modificaciones hoy en día? 

Revisa las reflexiones e ideas de Sara Smok, directora de empresas y en la CPC. Carolina Martínez, presidenta de RedMad, Tamara Muñoz, vicepresidenta de formación y capacitación sindical de la Central Unitaria de Trabajadores de Chile (CUT) y Francisca Pérez, psicoanalista, feminista y directora Corporación La Morada,  en torno al avance de la equidad de género y derechos para las mujeres en las empresas, y cuáles son los paradigmas a romper para poder caminar hacia culturas empresariales más sistémicas, asegurando las mejores condiciones para las mujeres, para que puedan llegar más lejos en el desarrollo de sus carreras.

Corresponsbilidad al 100

Carolina Martínez, presidenta de Red de Mujeres en Alta Dirección (RedMad), plantea que “Los estudios están demostrando que la diversidad le hace muy bien a las organizaciones porque les permite incorporar más miradas y con ello estar más preparadas para un entorno desafiante y dinámico. Los sesgos culturales están presentes en todas las sociedades. Nuestro papel es identificarlos primero para anularlos después. Hoy es noticia que por primera vez una mujer asume la presidencia del Banco Central o el ministerio de Interior. En la medida que sigamos avanzando en esta dirección, estaremos derribando sesgos”.

Y añade que “las mujeres en Chile y en el mundo hemos demostrado tener méritos y competencias más que necesarias. En esto ya no hay discusión posible (…) todos los días avanzamos, lo que nos hace falta es pisar más el acelerador”.

En cuanto a medidas concretas, en RedMad celebran, por ejemplo, la ley de cuotas para empresas públicas que permite que en las empresas SEP y algunas otras se haya alcanzado la paridad de género. También apoyan e impulsan todas las iniciativas que tiendan a la corresponsabilidad, apoyando asimismo el proyecto de ley de sala cuna universal que beneficiará la incorporación de mujeres al mercado laboral. Y Carolina explica que en las organizaciones se pueden promover estas medidas, por ejemplo, mediante la flexibilización de las jornadas de trabajo para hombres y mujeres. 

Desafiar el status quo

Por su lado, Sara Smok considera que la concentración del poder ha estado tradicionalmente en el mundo masculino y cruzar ese cerco, celosamente protegido, ha sido y sigue siendo un desafío mayor para las mujeres, pues su incorporación en un puesto de poder, cambia las reglas que imperaron hasta ese momento e impone la necesidad de reescribirlas en un nuevo contexto. 

“A lo largo de mi carrera laboral he ocupado posiciones ejecutivas, he participado en mesas directivas y en diversos espacios de influencia, donde he podido constatar la incomodidad que genera en un comienzo desafiar el status quo, particularmente en las instituciones acostumbradas a contar con equipos de trabajo muy homogéneos” comenta.

Para hacer un cambio, dice Smok, hay que visibilizar los estudios y la evidencia a favor, llevarlos desde una tendencia a un movimiento. “Una forma de acelerar el proceso de inclusión, y las estadísticas así lo demuestran, es la implementación de cuotas ya sea por política interna o por el imperativo de una ley. Sin duda un tema que genera opiniones encontradas, pero que creo necesario plantear”.

La vida que nos deben

La psicoanalista y feminista Francisca Pérez nos comparte su voz desde la consigna del 8M de este año: “Vamos por la vida que nos deben”. Consigna reivindicativa, sin duda, pero también atenta a la reconstrucción de la democracia que hoy nos ocupa como país.

Para Francisca este lema abraza y toma el grosor cada día: con salario justo, calles seguras, la paridad en el ejercicio del poder, el derecho a decidir sobre el propio cuerpo, los mecanismos para la autonomía, el respeto a la pluralidad de las experiencias, un sistema de justicia que reconozca y sancione las violencias, un sistema económico que identifique el valor del cuidado y lo gestione adecuadamente, un sistema cultural que resguarde espacios de creación y transformación.

“La vida que nos deben es la vida; más allá de la sobrevivencia. La que transcurre sin el velo de la amenaza y sin el fantasma de la violencia tras cada pliegue de las horas. La que puede sostenerse en la confianza de lo común (…) Por eso nuestro empeño es, hoy,  el de establecer el suelo firme de un espacio común, la letra que acuña esa multiplicidad de voces que han recorrido las calles en el barullo incontenible de una nueva constitución. Y nuestro trabajo,  el  de habitar esta Convención que encarna el anhelo y la urgencia de una nueva arquitectura política para albergar la vida, en su esfuerzo y en su simpleza, en su devenir; no es otro el sentido de lo común. Nuestro espacio común se viste de mujer y nosotras, feministas, venimos a habitarlo para siempre. Hasta que la dignidad se haga costumbre y la vida deje de ser una deuda”.

Mucho más que responsabilidades familiares

Tamara Muñoz analiza la reivindicación feminista como un de las luchas sociales más significativas durante el siglo XIX, XX y en lo que va del XXI y asegura que como víctimas del machismo, “las mujeres en general, sin distinción de clase social, oficio, profesional, entre otras variables siguen siendo un grupo discriminado principalmente al delegarse casi de manera exclusiva las responsabilidades familiares. Esta abrumadora desigualdad, redunda en el corto y largo plazo en las expectativas y perspectivas  de desarrollo en el mundo laboral”, lo que se vio acentuado durante la pandemia.

La propuesta de cambio desde ese punto de partida, asevera Muñoz, requiere sobre todo acciones de política pública y de carácter legislativa, pues existen cuestiones de índole valórica, moral y prejuicios institucionalidades que requieren avanzar en distintas líneas. 

“Por un lado, para abordar la sobrecarga social en materia de cuidados maternales y cuidados en general, se requerirá un programa nacional y universal. En cuanto a la materia de posnatal, la ley que regula esta materia debería seguir los casos comparados donde es obligatoriamente compartido: padre y madre tiene un periodo de postnatal al que no podrán renunciar, y por tanto, traslada la carga a ambos, dejando así de ser un factor determinante este ausentismo. En cuarto lugar, establecer cupos obligatorios reservados en materia de género para los órganos directivos respectivamente. Con esto, se da la posibilidad de visibilizar los liderazgos femeninos, derribar prejuicios y demostrar que existen mujeres que pueden cumplir con dichas labores pero que socialmente están imposibilitadas de hacerlo ante la falta de oportunidades, aun cuando incluso, estén en mejores posiciones formativas y valores agregados que hombres”.

Lo anterior, advierte, “debe ser necesariamente combinado con políticas públicas educacionales y formativas tendientes a derribar prejuicios en los sectores conservadores directivos y de dueños de empresas (accionistas) de la labor que debe y pueden cumplir las mujeres al interior de sus empresas y las ventajas comparativas que representan, y que su sexo/género debiera ser completamente indiferente al momento de evaluar el acceso a esta clase de cargos”.

Tamara reflexiona que de las medidas indicadas, existen algunas mas posibles que otras en la actualidad, aunque es difícil encontrar un momento más idóneo que el actual ante la avanzada feminista en los distintos espacios y el pronto gobierno que ha adherido enérgicamente a sus demandas.

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