domingo, noviembre 29, 2020

Mujer y liderazgo efectivo

En los últimos años observamos que las organizaciones y las nuevas generaciones comienzan a demandar un estilo de liderazgo cercano, colaborativo y flexible, aspectos que caracterizan el liderazgo femenino. Esto se traduce en una gran oportunidad para el empoderamiento y despliegue de las mujeres en un ámbito dominado por los hombres y donde el estilo de liderazgo masculino era la forma validada y consensuada de “hacer las cosas”. Hoy el “estilo sensible, emocional y femenino”, históricamente ninguneado, tiene un tremendo valor organizacional y social.

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Esto permite comprender la masculinización en el estilo de liderazgo que adoptan algunas mujeres cuando ingresan al mundo laboral. Pareciera que era la única forma de abrirse paso, de validarse, ganar poder e influencia y crecer en la escala organizacional.

La buena noticia es que hoy aparece con fuerza la necesidad de otro estilo de liderazgo y es ahí donde las mujeres tenemos un espacio que podemos tomar para ejercer liderazgo efectivo, resguardando la esencia de lo femenino. Porque ahí justamente es donde está el continente de poder personal. Desde el mundo emocional proviene la fuerza, la pasión y la energía movilizadora. Ahí están los recursos necesarios para desplegar repertorios efectivos que permitan una buena gestión y excelentes resultados.

Una de las principales características del ejercicio del liderazgo efectivo en mujeres son los recursos socio-emocionales: empatía, cercanía, capacidad de escucha, capacidad de generar redes, lograr contener emocionalmente a otros, construir vínculos auténticos. La comprensión de lo humano, ver y visibilizar al otro, el bienestar de las personas y la horizontalidad relacional operan como motores y a la vez derivan como resultados.

El genuino interés por escuchar, sumado a las habilidades conversacionales, son un activo imprescindible para expandir y expresar los recursos socio-emocionales. Entender que conversar es una de las principales tareas de un buen líder, y no es perder el tiempo, hace una diferencia sustancial en la efectividad de un líder. A la mayoría de las mujeres nos resulta fácil y nos gusta conversar y generar espacios de encuentro. Así creamos atmósferas emocionales positivas que potencian el despliegue de las fortalezas individuales y de equipo.

Estos recursos socio-emocionales son la base para generar seguridad psicológica y confianza en los equipos, cimientos para la efectividad y el alto desempeño.

La colaboración emerge como resultado natural cuando todos estos aspectos están disponibles. Si le sumamos una mirada ecológica y sistémica, la impecabilidad y resultados de alto estándar también emergen como deriva natural.

Las mujeres logran un mejor balance e integración entre las competencias relacionales- emocionales y las de orientación a resultados, articulando mejores redes y relaciones de equipos que los hombres, lo que aumenta la probabilidad de efectividad.

El “liderazgo femenino” no es un tema de género de mujeres contra hombres, no obstante, las groseras, inequitativas e impresentables diferencias de oportunidades y remuneraciones. Eso permite entender que este tema se aborde desde el género, pues es una realidad actual y contingente.

Más que la perspectiva de género, en una mirada arquetípica y de largo plazo hacemos la invitación a la integración de los aspectos femeninos y masculinos en cada persona. Que los hombres reconozcan, focalicen y ampliquen sus aspectos femeninos, integrándolos con su masculinidad, y que las mujeres validen y se apropien de sus aspectos masculinos. Al descalificar lo femenino o lo masculino estamos desvalorizando una parte esencial de nuestro ser integral, limitando nuestros propios recursos.

Se trata de integrar y agregar más que de separar, competir y polarizar. Esta integración de lo femenino-masculino en mujeres y hombres nos hace evolucionar hacia lo humano integral, llevándonos a mayores niveles de efectividad a nivel personal, familiar, relacional, grupal, organizacional y social.

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