Mirarla a los ojos…

Verónica Guzmán y María Cristina Moya, Dos psicólogas y terapeutas con enfoque budista nos relatan la experiencia y aprendizajes de un taller donde se comparte y habla sobre la muerte. (Publicado en RHM 76, abril del 2014)

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Verónica Guzmán y María Cristina Moya comparten la misma consulta, ambas son psicólogas de la PUC, terapeutas e instructoras del programa Mindfulness Based Stress Reductio (MBSR). Pero para asuntos de este reportaje, las dos participaron de un entrenamiento intensivo de ocho días en el “programa contemplativo para el cuidado compasivo del moribundo”, en Upaya, New Mexico, Estados Unidos. Este programa se inscribe en la tradición budista y les abrió tanto una perspectiva nueva para comprender el fenómeno de la muerte, por lo que crearon en Chile un taller dedicado a reflexionar en grupo, sobre un tema que en nuestra cultura sigue siendo un tabú.

La premisa de ambas es simple. Como vivimos en una cultura negadora de esta experiencia tan vital, hablar de la muerte de forma colectiva “nos ayuda a familiarizarnos” y en la medida que conozco más de ella, estoy más preparado y puedo esperarla con más tranquilidad. Es también un alistarse para que no nos sorprenda. “Siempre nos pilla desprevenidos, con cosas pendientes, y es una situación en la que nadie sabe mucho que hacer”, afirma María Cristina. En la tradición budista, la muerte es una realidad que está siempre presente y “que vitaliza la vida“. El acento del taller está puesto en la vida que fácilmente dejamos pasar, “porque creemos que tenemos el mañana asegurado”.

A pesar de la diferencia evidente entre el taller y el contexto no laboral, las expertas exponen ideas que ayudan a comprender mejor lo que pasa en una organización. “No enfrentamos la muerte solo cuando un trabajador muere, sino también en una desvinculación una persona deja de existir para una organización”, Verónica asegura que este nivel simbólico de muerte, es perfectamente abordable en un contexto de trabajo. El tema central aquí tiene que ver con el ritual. “Uno de los ritos ancestrales y comunes a todas las culturas es el cerrar y cuando alguien muere en una empresa, es generalmente la familia la que cierra el proceso, pero es usual que los compañeros de trabajo no lo hagan”.

La tradición budista, para las expertas, “normaliza la muerte” al instaurar una de las “verdades que es la de la impermanencia”. Para las terapeutas, las reflexiones relacionadas con los cambios en la vida pueden ayudar a una mejor asimilación de la muerte. Verónica asegura que si aceptamos la impermanencia, la muerte se transforma en un paso más. “Todo está constantemente cambiando, en nuestras vidas, en una empresa; es decir, la muerte está ocurriendo todo el tiempo. Desde cambios sutiles como cuando a un compañero de trabajo lo cambian de cargo, hasta cambios drásticos como un accidente que nos deja inválidos”. En la organización, se hace necesario dar espacios para compartir la experiencia, para reconocer lo que sucede, las emociones que emergen, los miedos.

María Cristina opina que las organizaciones no tienen una negación a priori, sino que existe una especie de ignorancia sobre el tema, porque prima una mirada asistencial con el foco puesto en ayuda material, que no siempre incluye los aspectos más espirituales y de sentido sobre la muerte. Verónica plantea otra perspectiva, cree que el tema de fondo pasa por la existencia o no de un interés genuino de la organización, por preocuparse qué es lo que pasa cuando compartimos este tipo de experiencias, “no es más productividad, ni necesariamente beneficio para la organización”, es simplemente hacerse cargo de lo que sienten y piensan las personas. “Para enfrentar la muerte, hay antes que haberla mirado a los ojos”, señala Verónica. Hoy incluso médicos no están preparados y difícilmente pueden asistir en situaciones de muerte a sus pacientes y sus familiares. ““Una premisa básica para acompañar a otro a morir, es tener conciencia de la propia visión de la muerte y del morir, reconocer el propio sufrimiento, la idea es que si no lo trabajo en mí misma, ¿cómo podré acompañar a otro?”. Algo parecido ocurre con los encargados de RH en las empresas, que al no estar familiarizados con la muerte, solo gestionan una dimensión de la experiencia y dejan fuera otras, que no permiten cerrar el proceso

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