Más allá del cumplimiento: la lucha contra el acoso laboral en Chile

En un contexto de aparentes avances legislativos sobre equidad de género y violencia en el trabajo, la historia de 'Claudia' y la investigación de RH Management revelan las profundas brechas entre la ley y su aplicación, desafiando a empresas e instituciones a adoptar un enfoque más humano y efectivo en la protección de los derechos laborales.

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Por Patricio Rifo Peralta.

Hacer periodismo independiente y de valor, no es tarea fácil. Más aún si le deseamos sumar miradas críticas y constructivas diversas, en medio de un mainstream autocomplaciente como es el nuestro. 

RH Management, en su más reciente investigación periodística sobre acoso laboral, busca hacer un ejercicio para encontrar aprendizajes y construir desde ahí caminos distintos. ¡No deseamos apuntar a nadie! De hecho, omitimos nombres de empresas y personas para resguardar su integridad y protegerlos de la cancelación. 

En un reciente 8M plagado de buenismos y palabras edulcoradas, volvemos al origen. Las mujeres siguen siendo discriminadas y segregadas a pesar de los avances tibios. De esta manera, el acoso laboral se transforma en la prueba de fuego para que muchas empresas muestren coherencia y consistencia en sus protocolos pertinentes a estas materias, además de sus políticas sobre equidad de género, diversidad e inclusión.

El reciente caso de Claudia (nombre ficticio para proteger su identidad frente a futuras represalias), una ejecutiva de entidad bancaria, no solo saca a relucir la persistente vulnerabilidad de las y los trabajadores frente a la violencia psicológica en el ámbito laboral, sino que también pone en jaque la efectividad de los mecanismos institucionales destinados a su protección y justicia.

La experiencia de Claudia, marcada por el desdén y el menosprecio de su jefe directo, no es un episodio aislado, sino el reflejo de un problema estructural enraizado en la cultura laboral chilena. A pesar de la legislación existente, como la Ley 20.607 y la recientemente promulgada Ley Karin, que buscan establecer marcos de actuación frente al acoso, la realidad demuestra una brecha significativa entre la normativa y su aplicación práctica.

La odisea de Claudia, desde el inicio de su calvario laboral hasta su injustificado despido, ilustra la ardua travesía que deben enfrentar las víctimas de acoso para ser escuchadas y, más aún, para obtener justicia. Su caso resalta la ineficacia de los protocolos internos de denuncia y la falta de sensibilidad y preparación de las instituciones encargadas de velar por la salud mental y el bienestar de las y los trabajadores. 

No nos cabe duda de que en nuestra institucionalidad hay profesionales muy talentosos en todos los niveles que están tomando medidas para su mejora continua. Sin embargo, este caso muestra que hay mucho por cambiar en el día a día.  Más aún si vemos en Claudia a una profesional privilegiada que puede contratar un abogado y buscar justicia (hacer una demanda y sostenerla en tribunales). ¿Cuántas trabajadoras y trabajadores no tienen ese privilegio y su causa ni siquiera entra al sistema?   

El testimonio de Claudia, respaldado por compañeros de trabajo y evidencia médica, no sólo gráfica la hostilidad y el aislamiento al que fue sometida, sino que también revela la inercia y la pasividad institucional frente a tales denuncias y a la cultura, aún imperante en muchas organizaciones, de ocultar hechos incómodos bajo la alfombra con la esperanza de que se diluyan o quienes denuncian, desistan. Este proceso solo muestra la necesidad urgente de revisar y fortalecer los mecanismos de denuncia y resolución. Y por, sobre todo, reforzar la prevención desde una gestión de personas con perspectiva de género. 

Este caso, junto con la llegada de la Ley Karin, y más adelante con el Convenio 190 de la OIT, debe ser un punto de inflexión para que las empresas y las instituciones chilenas reconsideren y reestructuren sus enfoques frente al acoso laboral. Es imperativo que se adopte un enfoque más humano y empático, que no solo se limite a cumplir con los mínimos legales, sino que aspire a crear entornos de trabajo seguros y respetuosos para todas y todos.

Como sociedad, debemos cuestionarnos y reflexionar sobre el verdadero alcance de nuestras leyes y regulaciones. ¿Son suficientes para proteger a las y los trabajadores? ¿Están las empresas e instituciones verdaderamente comprometidas con el bienestar de sus empleados o solo buscan cumplir formalidades para evitar sanciones? ¿La información para que los trabajadores sepan qué hacer en casos de acoso y violencia laboral es clara, de fácil acceso, transparente y actualizada? 

La historia de Claudia nos invita a mirar más allá de la superficie y a trabajar colectivamente hacia un cambio significativo que garantice la dignidad, el respeto y la justicia para todos en el ámbito laboral.

El acoso laboral no debe ser una cruz que las y los trabajadores carguen en silencio. Es hora de que Chile fortalezca su compromiso con la justicia laboral y el respeto a la dignidad humana, asegurando que casos como el relatado se conviertan en la excepción y no en la regla.

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