Marcela Mandiola Cotroneo Ph.D. Colectivo HechoenGénero
‘Martes de pololeo’ alude a una anécdota, tomada de una entrevista a los medios otorgada por María Pía Adriasola hace unos años atrás. En ella, la esposa del recién Electo, destacaba la organización de la vida afectiva y sexual que su entonces pololo había propuesto siguiendo los consejos de un sacerdote católico. Esta ‘terapia’ (como hoy en día titula La Tercera) parecía atender a la queja de ella por la mínima relevancia que percibía tener para él. Otorgarle un horario fijo de corte semanal fue la respuesta. Martes de pololeo.
No deja de sorprender que la primerísima oleada de kastismo sean sus martes de pololeo. La tendencia que sostuvo a las redes sociales ests semanas fue la rutina de la pareja. Rutina que aparece circunscrita a un encuentro semanal en exclusiva y que jura ser el secreto para la ‘relación estable’ del Electo. Llama la atención.
Llama la atención que una candidatura en solitario se explaye súbitamente en forma de pareja presidencial. Detrás de un gran hombre, una gran mujer. Así aparece la mujer en la propuesta política de Kast. Detrás. Después.
Lo que vemos es a la cónyuge del electo. Se nos muestra a la mujer tradicional, formal y religiosamente comprometida, estable, madre, en este caso, prolíficamente madre. La mujer que acompaña en la vida y que a cambio obtiene un martes de pololeo. La mujer a la que se agradece y se le dedica el triunfo. La musa.
A ella se le menciona como primera dama, de pasadita se recuerda a las anteriores. Es cierto, también aparece por ahí Irina Caramanos y su esfuerzo por redefinir la idea de una primera dama. El desmantelamiento de dicha nomenclatura y función no son considerados como impedimento para que la esposa del Electo sea erigida nuevamente como una. Para que sea nombrada en una posición que formalmente hoy no existe en el organigrama del ejecutivo. Primera dama como destino.
Los martes de pololeo promocionados por TikTok son instancias felices. Ambos aparecen sonrientes. Disfrutan de una vida holgada, cómoda. Una vida que permite martes de pololeo; sostenidos en el tiempo, además. Una felicidad que no dice nada de los miércoles, ni los jueves, ni los viernes. Mucho menos de los fines de semana o de un lunes.
Modelo de felicidad de martes es la pareja que desdeña las medidas anticonceptivas. La mujer que afirma en el Congreso de la República que el mejor sexo es el que no se ejerce. Felices son el padre y la madre de nueve. Feliz es la familia. Feliz se es en familia. Familia, vida y libertad.
Los martes de pololeo nos vociferan amor romántico, binarismo, heterosexualidad, monogamia, crianza feminizada, indisolubilidad del vínculo, división sexual del trabajo. Todo en blanco y de buena clase.
Envuelto en la (intencionada) espontaneidad de la red social el mensaje vuelve a naturalizar la diferencia sexual, la moralización del deber femenino y la exclusión política de las disidencias.
Antes incluso de visitar a Milei o llamar a Netanjahu, el futuro gobierno kastiano adelanta su primera norma correctiva: la de género. Como en tiempos de dictadura, la represión primero.
Algo pasa los martes para el conservadurismo, entre martes de pololeo, martes femeninos y martes de Merino, tenemos que entender que el jolgorio y el asueto (muy bien delimitado) se da los martes. Solo los martes y nada más que los martes.
Las palabras tejidas en esta columna son el eco singular del autor, sin ataduras ni corsés editoriales. Aquí, la responsabilidad recae en quien escribe, no en las creencias de RH Management