Margaret no se llevó a “Tina” a la tumba

El fantasma del “no hay alternativa” recorre Chile de nuevo. Treinta años después de los Chicago Boys, el neoliberalismo vuelve a disfrazarse de destino inevitable — y alguien le está abriendo la puerta.

Por Marcela Mandiola Cotroneo, Ph.D. HechoenGénero

Hemos tenido que asistir a dos semanas de un vendaval de anuncios económico-políticos de parte del gobierno debutante. Una tras otra se han atropellado las malas noticias dibujando un paisaje de incertidumbre, temor y aprehensión que parece sacado del cine de terror japonés. De un momento a otro anticipamos tiempos aciagos en lo económico y se nos pide apretarnos el cinturón para cooperar con los esfuerzos del gobierno de emergencia.

Enumerar en detalle las medidas coercitivas de la nueva administración, no es solo correr el riesgo de amargarse, es también hacerles el juego y empezar a nadar en ese lodo de estiércol en el que intencionalmente nos han querido meter. No obstante, es difícil negar que la estrategia sea efectiva. Aunque deshonesta y perversa, la pauta que se está instalando en el país nos tiene sin aliento.

Tampoco es que haya mucho donde orientarse. Solo podemos elegir entre la desidia monosilábica de un Ministro de Hacienda que quiere hacer carne eso de ‘al trabajo no se viene a hacer amigos’; las descorazonadoras intervenciones de un Presidente indolente; o el desmadre mayúsculo de la peor Secretaría General de Gobierno de la que hayamos tenido registro. No obstante, su indescifrable estilo comunicacional, la Vocera de Gobierno logró decir algo de corrido y sin equivocarse: ‘no teníamos alternativa’.

En los años 80 del siglo pasado, Margaret Thatcher, la Dama de Hierro, insistió hasta el cansancio con eso de que el capitalismo liberal era la única organización de lo social que lograba hacerse cargo de las necesidades de la humanidad. Secundada por el arrepentido Francis Fukuyama, su propuesta alcanzó además el estatus de fin de la historia. La Primera Ministra lo repitió hasta el cansancio: el mercado es ‘natural’ y se conduce de manera científica; ninguna interferencia al espontáneo fluir del mercado debe ser invocada; el Estado solo debe encargarse del orden y la estabilidad, condiciones indeclinables para el adecuado despliegue del mercado. Más precisamente, y en su inglés natal, la frase fue: ‘There Is No Alternative’. Quedó acuñado para la posteridad como el efecto TINA.

Lo que los Chicago Boys hicieron en Chile, es el primer ejemplo que cita Naomi Klein en su libro La Doctrina del Shock, para explicar cómo los desastres y las crisis han sido utilizados para la instalación y reinstalación del neoliberalismo en los diferentes estados nación.  Nuestra primera crisis disponible fue el golpe de estado de 1973 y la posterior dictadura de Pinochet, esa fue la primera vez que Tina anduvo por estos lares. De hecho, fuimos la experiencia que Thatcher auscultó con lupa para implementarla en su isla y compartirla con su buen aliado Ronald Reagan. Si, ya nos habían dicho que no había otra alternativa

Lo sostuvimos mucho tiempo. Esperamos las bondades del chorreo por años, hasta que 30 pesos reventaron la burbuja de la inconsciencia. Chile despertó dijimos. Parece que alcanzamos a atisbar alguna otra alternativa, pero ‘la fuerza del destino nos hizo repetir’, diría Mecano. Nuestro despertar devino en tragedia, en desmán indecoroso, en insurrección destructora. Fue llamado octubrismo y condenado a ser superado por otra intervención de ajuste del neoliberalismo. La interminable tarea de superación de lo común por lo individual. 

Nuevamente, y como en una versión sudaca de El Dia de la Marmota, volvemos a escuchar que no hay más alternativas que rendirse a la fuerza del mercado, dejar flotar el precio del petróleo y resistir. Esta vez sí, ‘en un año más lo vamos a agradecer’. Porque esta vez la austeridad no va a afectar más a lo más pobres, todos y todas vamos a poder restringir nuestro consumo sin daños colaterales. Por fin serán los grandes inversionistas los que salgan a inyectar dinero…que chorreará. 

Parece que esperan que volvamos a creer en lo que la misma ciencia pregona hace rato: ‘nada de eso es cierto.’ Hoy, ni siquiera hay tal crisis, la inventan. Todo por volver a pasear a Tina por nuestras tierras. Margaret no se la llevó a tumba y acá en el sur del mundo le estamos haciendo un lugar. Sin embargo, el mejor país de Chile tiene de donde sacar, más Vivaldi menos Pavarotti, en otras palabras.

Más Sara (some alternatives remain always) y menos Tina (there is no alterntive). No hay lugar para las dos señoras en esta delgada y angosta faja de tierra. 

Las palabras tejidas en esta columna son el eco singular del autor, sin ataduras ni corsés editoriales. Aquí, la responsabilidad recae en quien escribe, no en las creencias de RH Management

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