Mandos intermedios: Cuando “no te da la vida” para liderar

Están en medio del fuego cruzado entre la alta dirección y los equipos. Se les exige productividad, liderazgo, empatía y resultados, pero… ¿alguien se ha preguntado si “les da la vida” para todo? Jordi Alemany pone el foco en los mandos intermedios, ese eslabón tan crítico como olvidado.

Por Jordi Alemany. Humanizador de Negocios | Forbes Best Business Influencer | Autor x 3 “Liderazgo imperfecto” “La carrera infinita” y “El efecto láser” A la mayoría de mandos intermedios no les da la vida para liderar. No es una metáfora, es una radiografía. Viven con la agenda congestionada, el móvil ardiendo y saltando de una reunión a otra como si no hubiese un mañana. Cuando les queda un rato, revisan la bandeja de entrada y tratan de responder, como pueden, a decenas de emails que requieren de previa lectura. Como dicen hoy los más jóvenes… “De locos”. Y entre tanto “touch base”, “sync” y “catch up”, “los de arriba” además de esperar resultados, también esperan que lideren la ejecución de cada nuevo plan. Que inspiren, que acompañen, que desarrollen talento, que se autorregulen emocionalmente, que escuchen con empatía, que gestionen conflictos… Todo con una sonrisa profesional y sin perder los nervios. Para eso les enviaron al cursillo de Mindfulness el año pasado. Cada vez que termino un taller con mandos intermedios, alguien se me acerca y me lo confiesa: “Jordi, me encanta todo lo que cuentas sobre liderazgo humanista, pero no tengo tiempo para hacerlo”. Y, te digo que, la gran mayoría me lo dicen con la más absoluta honestidad. No como excusa, sino como lamento. Porque, a muchos, lo que les pasa, no es que no quieran, es que no les queda tiempo ni para respirar. Los mandos intermedios están permanentemente en medio de dos fuegos: la presión de los objetivos y la fatiga emocional de las personas. Lo paradójico es que, cuanto más se saturan de trabajo, más gestionan y menos lideran. Cuanto más urgente se vuelve todo, menos sentido tiene lo que hacen. La gestión es la superficie; el liderazgo, la profundidad. Pero cuando el tiempo escasea, lo primero que sacrificamos es la profundidad. Y así, día tras día, los mandos intermedios se convierten en apagafuegos, en lugar de en multiplicadores de propósito. Corren detrás de los números, en lugar de caminar junto a las personas. Y acaban atrapados en una paradoja absurda, cuanto más gestionan, menos lideran, y cuanto menos lideran, más tienen que gestionar. No es una cuestión de capacidad, sino de foco. El problema de la mayoría de mandos intermedios no es que no sepan liderar, es que el contexto no les deja espacio para hacerlo, y el sistema no les reconoce ese esfuerzo. En esta columna vamos a hablar de eso. De cómo recuperar el sentido cuando la agenda del día a día te devora. De cómo liderar cuando el día apenas te deja espacio para sobrevivir. Y, sobre todo, de cómo dejar de confundir productividad con propósito. ¿Quieres saber cuáles son las claves para lograrlo? Te las cuento al final del artículo. Sólo te llevará 7 minutos de lectura mejorar tu calidad de vida. ¿Tienes tiempo para eso?

Gestión de Incendios

La jornada de la mayoría de mandos intermedios no comienza con un “buenos días”, sino con un “¿tienes un minuto?” que durará media hora. Y así, entre interrupciones, toneladas de emails y reuniones encadenadas que consumen mucho tiempo y aportan muy poca productividad, el día se esfuma sin que hayan podido, siquiera, preguntarle a su gente ¿Cómo va todo?. La gran mayoría de los mandos intermedios que he conocido a lo largo de mi carrera, que son varias decenas de miles de varias decenas de países, no dirigen equipos, apagan fuegos. Son bomberos. No gestionan, sobreviven. Y cuando les preguntas ¿Qué tal vas? te responden con ese clásico “liado, como siempre”, que en realidad significa “No sé ni qué estoy haciendo, pero sigo respirando”. Siendo honesto, y tras observar a este colectivo tan necesario como abandonado, el problema no de muchos de ellos no es de falta de compromiso, sino un modelo que los exprime como si fueran naranjas, sacándoles hasta la última gota de jugo. A los mandos intermedios se les pide supervisar tareas, cumplir objetivos, reportar métricas, asistir a mil reuniones, inspirar al equipo, escuchar activamente, ser empáticos, resolver conflictos y, por supuesto, ser resilientes, mientras desarrollan el pensamiento crítico. La cruda realidad, como confirma un informe del Observatorio del Futuro del Trabajo de Deloitte de 2024, es que el 73 % de los mandos intermedios dedica la mayor parte de su jornada a tareas administrativas y operativas, y menos del 20 % a liderar personas o desarrollar talento. En paralelo, el 53 % reconoce sentirse emocionalmente exhausto y sin energía para motivar a su equipo. Y eso encaja con los datos del State of the Global Workplace 2023 de Gallup, que concluye que los mandos intermedios son “el eslabón más estresado y menos comprometido de toda la jerarquía organizativa”. El problema de la mayoría de mandos medios es que, cuanto más gestionan, menos lideran. Y cuanto menos lideran, más tienen que gestionar. La mayoría vive en ese bucle invisible, donde lo urgente se come a lo importante todos los días. Y claro, cuando lo urgente manda, lo humano desaparece. La gestión ocupa el espacio donde debería estar el liderazgo. Es como intentar hacer pan sin levadura.

El impacto del “no me de la vida”

De lo que la alta dirección no acaba de darse cuenta es de que el “no me da la vida para liderar” de los mandos intermedios no es una queja individual, es una señal de alarma colectiva. Y sus consecuencias no solo afectan al mando intermedio que se encuentra en esa situación, sino también a su entorno, a su equipo y, finalmente, a los resultados de la compañía. El primer impacto es personal. Cuando el cerebro no descansa, el alma se apaga. Muchos mandos llegan a casa vacíos, sin energía para disfrutar ni paciencia para desconectar. No porque no quieran, sino porque no pueden. Viven con la mente saturada, el cuerpo tenso y la culpa instalada. Duermen poco, comen peor y sienten que su propósito se ha ido diluyendo entre reuniones y correos. Dejan de disfrutar del trabajo… y también de la vida. El segundo impacto se nota en el equipo. Un líder cansado no contagia entusiasmo, contagia cansancio. Su gente lo percibe: se enfría la confianza, se empobrece la comunicación, y lo que antes eran conversaciones son ahora checklists. Cuando la empatía desaparece, el vínculo se debilita. Sin tiempo para escuchar ni energía para acompañar, los equipos se vuelven reactivos y los más valiosos terminan marchándose. Y el tercer impacto, inevitablemente, golpea a la empresa. El exceso de gestión produce la ilusión de movimiento, pero no siempre de avance. Se hacen más cosas, pero con menos sentido. El esfuerzo se dispersa, las decisiones pierden calidad, los clientes lo notan y los resultados se resienten. La empresa sigue en marcha, sí, pero en piloto automático, confundiendo actividad con progreso. Condenada a ser un poco menos competitiva cada día. A Instalarse en ese segmento donde compiten los mediocres.

Cuidar de quienes cuidan de los clientes, los equipos y los resultados

Quizás ha llegado el momento de que los líderes del área de RH y los ejecutivos se pregunten ¿Le da la vida para todo a nuestros mandos intermedios? Los mandos intermedios son el corazón emocional de la empresa. Y un corazón exhausto no bombea cultura, solo mantiene el cuerpo en pie, hasta que colapsa. Por eso, antes de diseñar el próximo plan de bienestar o lanzar el enésimo programa de formación en liderazgo para vuestros mandos intermedios, convendría detenerse y mirar a los ojos a quienes están en medio del fuego cruzado diario. Preguntarles cómo están, qué necesitan, qué les falta. Escuchar, de verdad. Porque la escucha, la de verdad, sigue siendo la herramienta más poderosa que tiene cualquier organización, especialmente cuando los que la practican tienen, además, el poder de cambiar las cosas. Los comités ejecutivos tienen una oportunidad enorme por delante, dejar de medir el liderazgo en evaluaciones de desempeño, y empezar a medirlo en salud y bienestar del colectivo más crítico en toda organización, por su papel de bisagra: los mandos medios. Las palabras tejidas en esta columna son el eco singular del autor, sin ataduras ni corsés editoriales. Aquí, la responsabilidad recae en quien escribe, no en las creencias de RH Management
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