Los otros tres volúmenes de “Historia de la sexualidad”: cómo Foucault cambió su propia pregunta

Michel Foucault publicó “La voluntad de saber” en 1976 y, ocho años después, “El uso de los placeres” y “La inquietud de sí”. Los tres libros muestran una investigación que cambió profundamente mientras avanzaba: desde la maquinaria moderna que hizo hablar al sexo hasta las antiguas prácticas mediante las cuales las personas aprendieron a gobernar sus placeres y ocuparse de sí mismas. En esta tercera entrega de la serie de RH Management sobre sexualidad, salud mental y trabajo, revisamos qué contiene cada volumen y cómo se construye una de las investigaciones más influyentes sobre nuestra relación con el deseo.

Cuando Michel Foucault publicó en 1976 “La voluntad de saber”, el primer volumen de “Historia de la sexualidad”, anunció un proyecto considerablemente distinto del que finalmente conoceríamos.

La serie contemplaba otros cinco libros dedicados a la carne y el cuerpo, la sexualidad infantil, la mujer y la histeria, las perversiones y la relación entre población y raza. Ninguno apareció en esa forma. Durante los ocho años siguientes Foucault modificó su investigación y terminó retrocediendo mucho más atrás en el tiempo: primero hacia la Antigüedad griega y grecorromana y después hacia los primeros siglos del cristianismo. “
El resultado fue una obra cuya numeración puede confundir al lector. *La voluntad de saber” apareció en 1976. “El uso de los placeres” y “La inquietud de sí” fueron publicados en 1984, poco antes de la muerte del filósofo. El cuarto volumen, “Las confesiones de la carne”, aunque había sido trabajado antes que algunos de ellos, sólo fue publicado póstumamente en 2018.

Más que una historia lineal del sexo, los cuatro libros terminaron componiendo una investigación sobre algo más difícil de observar: cómo los seres humanos han llegado a relacionarse consigo mismos como sujetos de deseo.

Un proyecto cambiante

Foucault, nacido en Poitiers en 1926 y fallecido en París en 1984, fue filósofo e historiador y ocupó desde 1970 la cátedra de “Historia de los sistemas de pensamiento” en el Collège de France. Sus trabajos recorrieron la locura, la medicina, las ciencias humanas, las prisiones, las relaciones de poder y las formas mediante las cuales los individuos se constituyen como sujetos.

La transformación de “Historia de la sexualidad” se entiende precisamente desde ese último problema.

El Foucault de 1976 observa las sociedades occidentales modernas y pregunta por qué producen tantos discursos acerca del sexo. El de 1984 se encuentra investigando textos de médicos, filósofos y moralistas antiguos para comprender cómo una persona aprende a actuar sobre sus deseos y placeres.

No abandonó la sexualidad. Cambió la manera de interrogarla. “Historia de la sexualidad 1: La voluntad de saber” fue publicada originalmente por Gallimard en 1976. La edición utilizada en esta serie corresponde a Siglo XXI Editores Argentina, segunda edición revisada y sexta reimpresión, de 2014, con traducción de Ulises Guiñazú. Contiene cinco capítulos: “Nosotros, los Victorianos”, “La hipótesis represiva”, “Scientia sexualis”, “El dispositivo de sexualidad” y “Derecho de muerte y poder sobre la vida”.

El libro comienza discutiendo una idea aparentemente evidente: que la sociedad moderna habría reprimido progresivamente el sexo, convirtiéndolo en algo prohibido, silencioso y restringido. Foucault no niega las prohibiciones. Su pregunta es por qué, si el sexo fue supuestamente condenado al silencio, Occidente produjo al mismo tiempo una cantidad creciente de discursos sobre él.

Médicos, pedagogos, familias, sacerdotes, juristas y posteriormente psiquiatras comenzaron a preguntar, observar, clasificar y registrar comportamientos sexuales. El problema no sería entonces sólo que el poder dijera “no” al sexo. También lo hacía hablar.

La confesión ocupa un lugar fundamental. El individuo debe decir qué hizo, qué sintió, qué imaginó y qué deseó. Esa palabra puede posteriormente ser interpretada por otro.

Foucault denomina “scientia sexualis” a esa forma occidental de producir una verdad acerca del sexo mediante procedimientos de examen, confesión e interpretación. El sexo se transforma así en algo que supuestamente puede revelar una verdad profunda sobre la persona.

El libro termina ampliando todavía más la mirada. La sexualidad se encuentra en un punto estratégico porque permite intervenir simultáneamente sobre el cuerpo individual y sobre fenómenos colectivos como reproducción, natalidad, mortalidad y población. Allí aparece su concepto de biopoder: un poder crecientemente orientado a administrar la vida.

Gobernar los placeres

Ocho años después, Foucault sorprende a sus lectores.

“Historia de la sexualidad 2: El uso de los placeres”, publicado por Gallimard en 1984, no continúa cronológicamente donde había terminado “La voluntad de saber”. Retrocede hacia la Grecia clásica. La edición analizada corresponde a Siglo XXI Editores, reimpresa en 2021, con traducción de Martí Soler.

El cambio está explicado desde la introducción. Foucault ya no quiere reconstruir solamente los discursos modernos sobre el sexo. Quiere entender cómo las personas llegaron históricamente a “reconocerse como sujetos de una sexualidad”.

Para hacerlo investiga prácticas anteriores. Entre los griegos encuentra las “aphrodisia”: actos, placeres y deseos sexuales que no forman todavía una “sexualidad” comparable automáticamente con la categoría moderna.

La preocupación ética no consiste prioritariamente en elaborar un listado completo de prácticas permitidas y prohibidas. Importa el uso que el individuo hace de sus placeres. ¿Cuándo? ¿Cuánto? ¿Con quién? ¿De qué manera? Por eso aparecen conceptos como “chrēsis”, el uso de los placeres, y “enkrateia”, el dominio de sí.

El individuo libre no es simplemente aquel que puede satisfacer cualquier deseo. Es quien consigue no convertirse en esclavo de sus propios placeres. El libro analiza ese problema en cuatro grandes territorios: el cuerpo y su régimen, la administración del hogar y el matrimonio, las relaciones amorosas con varones jóvenes y, finalmente, la relación entre amor y verdad.

La sexualidad aparece aquí menos como una identidad que debe ser descubierta que como “una conducta que debe aprenderse a gobernar”.

“Historia de la sexualidad 3: La inquietud de sí” apareció también en 1984. La edición utilizada corresponde a Siglo XXI Editores Argentina, reimpresa en 2021, con traducción de Tomás Segovia. Está organizada en seis capítulos y una conclusión.

Foucault avanza hacia textos griegos y romanos de los primeros siglos de nuestra era y encuentra una intensificación de algo que ya venía apareciendo: el “cuidado de sí”. El sujeto debe atender a su propia conducta. Observarse. Examinar hábitos. Cuidar el cuerpo. Regular alimentación, sueño, ejercicios y placeres. Trabajar sobre el alma. Pensar cómo se relaciona con su esposa, con otros y con sus propias responsabilidades.

La sexualidad forma parte de ese régimen. El cuerpo aparece además como vulnerable. Sus excesos pueden afectar al alma y los malos hábitos del alma pueden repercutir sobre el cuerpo. La atención hacia uno mismo adquiere así incluso un vocabulario próximo al cuidado y la terapéutica.

También cambia el matrimonio. Foucault observa una valoración creciente de la relación concreta entre los esposos, de la reciprocidad y de cierta tendencia hacia la exclusividad sexual. No hay todavía una psicología moderna del deseo. Pero el individuo presta cada vez más atención a “qué hace consigo mismo”.

Una secuencia abierta

Leídos junto a “Las confesiones de la carne”, presentado en la entrega anterior de esta serie, los libros permiten observar un desplazamiento particularmente sugerente. En “El uso de los placeres”, la pregunta gira alrededor de cómo gobernar los placeres. En “La inquietud de sí”, se intensifica el trabajo mediante el cual el individuo cuida cuerpo, conducta y alma. En “Las confesiones de la carne”, pensamientos, tentaciones y deseos comienzan a exigir examen, discernimiento y manifestación. Y en “La voluntad de saber”, muchos siglos después, Foucault encuentra una enorme maquinaria moderna que solicita al individuo hablar de su sexualidad y permite a diferentes saberes interpretar aquello que dice.

No se trata de una secuencia histórica simple ni de afirmar que una etapa condujo inevitablemente a la siguiente. Es el recorrido de una investigación que intenta comprender cómo el sexo llegó a convertirse en algo más que una práctica corporal: un territorio desde el cual buscamos una verdad sobre nosotros mismos.

Esa pregunta será importante en las siguientes entregas. Porque antes de investigar cuánto puede influir la sexualidad en nuestra salud mental, aparece un problema previo: por qué hemos llegado a atribuir a nuestros deseos, placeres y conductas sexuales tanta capacidad para decir quiénes somos, qué nos ocurre y cuándo algo en nosotros está bien o está mal.

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