Los avances en longevidad saludable están modificando la forma de comprender el envejecimiento y podrían tener consecuencias sobre la participación de las personas mayores en el mundo laboral. Según declaró el geriatra Bruno Vellas a La Vanguardia el 28 de agosto de 2026, actualmente una persona de 70 años presenta una capacidad intrínseca comparable con la que tenía alguien de 60 hace dos décadas, una evolución que vincula con la posibilidad de preservar la autonomía y mantener una participación activa en sociedades cada vez más envejecidas.
Vellas, profesor de Medicina y fundador del IHU HealthAge de Toulouse, explica que uno de los principales cambios experimentados durante las últimas décadas consiste en pasar de una medicina enfocada principalmente en tratar enfermedades hacia otra orientada a preservar las capacidades de las personas. En ese modelo, el envejecimiento saludable supone conservar funciones como la visión, audición, movilidad, memoria, bienestar psicológico y vitalidad.
El especialista utiliza el concepto de capacidad intrínseca para reunir el conjunto de funciones físicas y mentales de una persona. Desde esa perspectiva, sostiene que ya existen cambios relevantes entre generaciones: “Actualmente, una persona de 70 años presenta una capacidad intrínseca comparable a la que tenía alguien de 60 hace apenas dos décadas”. Su aspiración es que ese desplazamiento continúe y que, en el futuro, personas de mayor edad puedan conservar niveles de capacidad funcional similares a los registrados anteriormente en grupos más jóvenes.
Vida laboral
La mayor conservación de capacidades adquiere una dimensión laboral cuando se analiza el impacto que una longevidad saludable podría tener sobre la participación de las personas mayores en la sociedad. Vellas plantea que prevenir la dependencia permitiría que millones de personas continúen desarrollando actividades durante más tiempo, incluyendo, para quienes quieran hacerlo, una prolongación de su trayectoria laboral.
“Si somos capaces de lograr una longevidad saludable y prevenir la dependencia, algo que considero factible, millones de personas mayores podrán seguir participando activamente en la sociedad, ya sea como consumidores o incluso prolongando su vida laboral si así lo desean”, afirma el geriatra.
Para Vellas, esta transformación tendría consecuencias que superarían el ámbito individual. El especialista relaciona una mayor longevidad saludable con el crecimiento económico y la sostenibilidad de sociedades envejecidas. De esta manera, la capacidad de conservar autonomía física y mental durante más años aparece vinculada no solo con la calidad de vida, sino también con una participación social y económica más prolongada.
Prevención temprana
Uno de los elementos centrales de esta visión es anticipar las intervenciones. Vellas explica que tradicionalmente la fragilidad se identificaba cuando las personas ya superaban los 80 años y acumulaban diversos problemas de salud, momento en que las posibilidades de intervención eran menores. Frente a ese escenario, plantea comenzar mucho antes a monitorear las capacidades físicas y cognitivas.
El programa ICOPE, desarrollado junto con la Organización Mundial de la Salud, propone evaluar las funciones de las personas a partir de los 50 años y realizar un seguimiento mediante herramientas digitales. De acuerdo con Vellas, actualmente unas 150.000 personas mayores son monitoreadas de esta manera en Francia, con el propósito de detectar precozmente pérdidas de capacidad funcional e intervenir antes de que aparezca la dependencia.
“Actuar precozmente es mucho más eficaz que esperar a que aparezcan la fragilidad o la dependencia”, señala el especialista. El objetivo es preservar las principales funciones físicas y cognitivas a lo largo del envejecimiento, desplazando el foco desde la reacción ante el deterioro hacia su detección temprana.
Edad biológica
Esta aproximación también implica mirar más allá de la edad cronológica. Vellas sostiene que medir correctamente la edad biológica permitirá comprender mejor la aparición de enfermedades relacionadas con el envejecimiento. Aunque señala que ya existen algunos biomarcadores prometedores, advierte que todavía se necesitan más antes de incorporarlos a la práctica clínica.
En este campo, el especialista identifica avances asociados a las tecnologías ómicas, la bioinformática y la inteligencia artificial. Estas herramientas podrían contribuir a comprender los mecanismos vinculados con el envejecimiento y desarrollar nuevas estrategias de prevención y tratamiento. El desafío, según su planteamiento, consiste en combinar esa innovación con evidencia científica.
La perspectiva propuesta por Vellas sitúa así la longevidad saludable como un fenómeno con implicancias que trascienden la medicina. Una mayor conservación de las capacidades físicas y mentales podría permitir que las personas mantengan durante más años su autonomía y participación social y, cuando exista esa voluntad, prolonguen también su vida laboral. Para el especialista, el alcance potencial incluye tanto la calidad de vida individual como la sostenibilidad económica de sociedades que enfrentan un progresivo envejecimiento de su población.
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