Por Carlos Aguilera Muga, Psicólogo y Magíster en Ciencias.
La Indagación Apreciativa responde: Es sabido que el éxito puede envanecer. En algún momento de nuestra historia, nuestro humilde país, en virtud de la expectante imagen que proyectaba en el concierto mundial y especialmente por su posición en relación con Sudamérica generó una suerte de complacencia y eventual soberbia en algunos sectores, lo que se manifestaba en el comportamiento de algunos compatriotas en los aeropuertos internacionales. “Al tiro” resonando muy fuerte, marcando presencia y cambiando nuestra imagen nacional al punto de dejar de ser “los ingleses de Sudamérica” para convertirnos en “argentinos mal vestidos” (la frase no es propia y no indica desprecio alguno por nuestros vecinos, sólo una referencia acerca de la imagen que proyectan). ¿Qué impacto tuvo ese cambio de imagen y seguridad en nosotros mismos sobre la forma como se comenzaron a administrar las organizaciones nacionales? ¿Y qué aprendimos de él? Sin entrar en el terreno político, la complacencia parece que chocó algunos años después con una sólida muralla: de ser “los pumas”, ganadores y modelo de estabilidad económica y política, entramos en una crisis de la cual aún no nos recuperamos.
Un gerente general de aquellos tiempos de bonanza dijo en una reunión ejecutiva: “nuestro principal obstáculo al desarrollo es el éxito que hemos tenido como empresa”. Estaba hablándole a un equipo que había alcanzado su zona de confort y no quería arriesgar, aventurar, ni moverse. El statu quo se había alojado en su modelo de gestión.
Hoy, de la mano de la homeopatía social (hay quienes inyectan veneno a través de las redes como solución a las necesidades de desarrollo de nuestro país), existe en algunos ámbitos una promoción del pesimismo como condición de cambio. Si no está mal, ¿para qué arreglarlo? Es interesante ver cómo la industria minera, que se toma muy en serio el tema de la seguridad, es capaz de detener una operación a un costo de millones de dólares, para hacer un análisis de causa raíz de una fatalidad. No se conoce, en cambio, una acción de tal magnitud asociada al esfuerzo por analizar cómo se ha superado un récord de producción y seguridad. El éxito no se analiza, se da por descontado. Si las cosas salen bien, es porque la gente sólo cumple con su deber, para eso le pagan.
Aquí es donde la Indagación Apreciativa, como filosofía y método de cambio y desarrollo provee la mejor alternativa, rompiendo el inmovilismo y desafiando la tentación de perpetuar prácticas hasta que algo salga mal. Este enfoque opera desde lo que hacemos mejor, requiriendo un pequeño gran acto de humildad inicial, para reconocer que, no habiendo alcanzado la perfección, podemos ser aún mejores. El sustrato meliorista que está a la base del enfoque de Indagación Apreciativa es evidente; no somos perfectos, pero podemos trabajar permanentemente a la búsqueda de la perfección.
En distintos foros nacionales e internacionales, algunos líderes comparten sus vivencias y cuentan sus historias de éxito. Sin embargo, esta información se trabaja poco, se toma como anecdotario y se procesa habitualmente en forma individual, es decir, cada cual saca sus conclusiones. La Indagación Apreciativa provee con una metodología participativa y propositiva que permite no tan sólo obtener aprendizaje organizacional de las historias de éxito de los principales líderes, sino que también capturar todo el bagaje de conocimientos que existe en las personas al interior de una organización, partiendo de lo que le da vida al sistema social cuando se encuentra en sus mejores momentos, para configurar en una visión de futuro lo que puede ser, definir éticamente lo que debe ser y construir a partir de eso un sólido proceso de desarrollo. La experiencia ha demostrado que a través de una intervención con metodología de Indagación Apreciativa no tan sólo se logran resultados positivos, sino que además el camino que se transita es también altamente satisfactorio y beneficioso para quienes participan en él. Pero ello requiere cambiar paradigmas, dejar de focalizar en lo que no funciona, para aprender de lo que hemos sido capaces de hacer y lograr, actualizando este aprendizaje y proyectándolo al futuro. Dura tarea para quienes no conciben la posibilidad de cambio sin un quiebre.
Las palabras tejidas en esta columna son el eco singular del autor, sin ataduras ni corsés editoriales. Aquí, la responsabilidad recae en quien escribe, no en las creencias de RH Management