Liderazgo sintiente

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Nos hemos planteado una vasta cantidad de habilidades que deben poseer los y las líderes, esta ocasión, nos detenemos a hablar de lo que sienten y cómo lo conducen. Te compartimos esta columna de nuestro archivo exclusivo RHM donde vemos desde qué sensaciones emergen sus tipos de liderazgo y cómo puede ser algo transformador.

Por Andrés Álvarez, MBA y Magíster en Psicología de las Organizaciones, Pontificia Universidad Católica de Chile (UC). Tiene una certificación en Coaching Ontológico Profesional en The Newfield Network.

Una y otra vez el ejercicio del liderazgo nos presenta nuevas dimensiones de reflexión y aprendizaje,por lo tanto, no debería sorprender mi intento por disponer de una perspectiva complementaria, que en este caso, se deriva del pensamiento filosófico de Xavier Subiri (1898-1983).

La experiencia de “sentir” nos da la posibilidad de apropiarnos de lo que nos pasa, de lo que vivimos y nos moviliza o detiene. Vivir atentos a nuestro “sentir corporal”, con todos los sentidos, sumado a nuestra capacidad de dar significado a cada experiencia, constituye la dinámica “sentiente” que nos permite “ser en el mundo”. En términos simples, podemos ser líderes auténticos en la medida que integramos nuestro “sentir” como un valioso recurso para tomar decisiones, para generar contextos de confianza o comunicarnos empáticamente.

El “liderazgo sentiente” correspondería a un proceso claro en que la persona o líder, logra traducir su experiencia de estar “sintiendo” algo en un momento determinado y conducirlo con efectividad hacia un objetivo inmediato, presente y cercano. Es una manera como el líder logra saber lo que le pasa y lo que está sintiendo, por lo tanto sabe donde está parado en ese momento y así puede dirigirse con confianza hacia su propósito. Esta situación, corresponde claramente a lo que Eugene Gendlin (1969), llamó sensación sentida e Ignacio Fernandez (2008) menciona como el GPS interior.

En otras palabras, el líder cuenta con “algo” que le indica intensamente hacia donde debe conducirse, una sensación corporal le facilita ser coherente consigo mismo, se detiene y pone atención a lo que le esté ocurriendo en ese momento y se mantiene “conectado con su propia sensación”, aunque a veces sea incómodo. Un ejemplo es un estudio al magnate mexicano Carlo Slim que demuestra que antes de cada decisión de inversión, buscaba su “sensación corporal” consistente para arriesgarse o no. 

Para el líder sentiente, el sentido de su liderazgo emerge desde esta sensación profunda, conectado a cada momento de lo que su cuerpo le señala o avisa, una especie de arte de dialogar con el cuerpo, fortaleciendo una resuelta y constante disposición a detectar lo genuinamente transformador.

Esta columna fue publicada en RHM 52, octubre 2011.

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