El liderazgo emocional se instaló como una variable crítica en la relación entre personas y organizaciones: en España, una encuesta reciente de thePower Education publicada por Infobae el 29 de abril de 2026 reveló que el 62% de los profesionales estaría dispuesto a aceptar una rebaja salarial del 10% a cambio de trabajar bajo el mando de un superior con alta inteligencia emocional. El dato surge en un contexto marcado por la automatización y la expansión de la IA, que están modificando las prioridades laborales y reforzando el peso de las competencias humanas en la gestión de personas.
Durante años, el salario fue considerado el principal incentivo para atraer y retener talento. Sin embargo, la encuesta muestra un desplazamiento relevante: los trabajadores ya no evalúan solo la compensación económica, sino también la calidad del liderazgo, el bienestar emocional y la posibilidad de desarrollarse en entornos donde se sientan valorados. En esa lectura, un buen jefe deja de ser un atributo deseable para convertirse en una condición que incide directamente en la permanencia y el compromiso.
El fenómeno se vincula con un cambio más amplio en la cultura empresarial. A medida que la tecnología asume tareas técnicas y repetitivas, las habilidades que diferencian a las personas dentro de una organización ya no dependen únicamente del conocimiento operativo. La empatía, la ética, el pensamiento crítico, la comunicación asertiva y la capacidad de liderar equipos aparecen como factores cada vez más determinantes para sostener vínculos laborales saludables y productivos.
Nuevo incentivo
El informe plantea que el avance de la IA está redefiniendo la noción de valor en el trabajo. Si las herramientas tecnológicas permiten mejorar la eficiencia, las competencias humanas pasan a ocupar un lugar estratégico en la dirección de equipos, la toma de decisiones y la construcción de propósito. En esa línea, Ignacio Espiniella, CMO de thePower Education, afirmó: “La inteligencia artificial define la eficiencia, pero es la capacidad humana la que define la estrategia y el propósito.”.
El mismo ejecutivo agregó que, en la era de la automatización masiva, “el liderazgo emocional se ha convertido en la moneda de cambio más valiosa.”. La frase resume el giro que atraviesan las organizaciones: el buen liderazgo ya no se mide solo por resultados, control o cumplimiento de objetivos, sino también por la capacidad de generar confianza, seguridad psicológica y conexión con los equipos.
La encuesta también identifica cuáles son las habilidades más valoradas frente al avance tecnológico. La empatía lidera el ranking, señalada por el 73% de los encuestados como la competencia más importante. Le siguen la ética, con un 52%, y el pensamiento crítico, con un 46%. Todas tienen un elemento común: son capacidades difíciles de replicar por una máquina y, al mismo tiempo, esenciales para gestionar escenarios complejos.
Brecha empresarial
El desafío para las compañías no está solo en reconocer la importancia de estas habilidades, sino en saber identificarlas y desarrollarlas. El estudio indica que el 65% de los profesionales considera que las empresas aún no saben medir correctamente estas competencias en sus procesos de selección. Esa brecha tensiona los modelos tradicionales de contratación, que muchas veces siguen concentrados en credenciales, experiencia previa o conocimientos técnicos.
El problema también alcanza a la movilidad interna. Cuatro de cada diez encuestados aseguran que las soft skills ya son el factor decisivo a la hora de ascender dentro de una empresa. Esto implica que las organizaciones enfrentan una doble exigencia: revisar cómo seleccionan talento externo y, al mismo tiempo, cómo evalúan el potencial de sus propios equipos para asumir nuevos roles de liderazgo.
En ese escenario, el currículum tradicional podría perder protagonismo. Según el estudio, el 46% de los profesionales cree que la contratación del futuro se basará en pruebas prácticas, retos reales y evidencias de desempeño, más que en documentos estáticos que resumen trayectorias pasadas. Este cambio no desplaza la formación, pero sí refuerza la necesidad de modelos educativos y laborales orientados a la práctica y al desarrollo de habilidades observables.
Factor humano
El liderazgo emocional aparece, así, como una respuesta a una transformación estructural del mercado laboral. La automatización seguirá avanzando y las herramientas de IA continuarán integrándose a los procesos productivos, pero el estudio subraya que el factor humano será cada vez más relevante para atraer, retener y movilizar talento.
En esta nueva lógica, las empresas que logren formar líderes capaces de escuchar, contener, orientar y decidir con criterio tendrán una ventaja competitiva. No se trata solo de mejorar el clima laboral, sino de construir entornos donde las personas puedan desplegar su potencial en medio de la incertidumbre tecnológica.
El informe concluye con una idea central para la gestión de personas: el valor profesional ya no depende únicamente de lo que alguien sabe hacer, sino también de cómo se relaciona, cómo decide y cómo lidera. En tiempos de IA, el buen jefe se consolida como un activo organizacional difícil de automatizar.