La implementación gradual de la Ley de 40 horas en Chile marca un punto de inflexión para las empresas, obligando a la alta dirección a repensar sus modelos de operación, productividad y desarrollo organizacional. Más allá de una normativa laboral, se trata de un cambio estructural que impacta directamente en los costos, la eficiencia y el bienestar de los trabajadores, abriendo al mismo tiempo oportunidades para innovar en la gestión.
Desde una perspectiva estratégica, la adaptación a esta nueva normativa exige una mirada de mediano plazo. Según explica Luis Lizama, Director Académico del Programa Intensivo en Legislación Laboral: “Es evidente que la alta dirección deberá decidir cómo va a implementar la reducción progresiva de la jornada laboral al interior de la empresa”. En este contexto, destaca que la ley contempla incentivos para aquellas organizaciones que anticipen la rebaja, permitiéndoles distribuir la jornada en cuatro días de hasta diez horas cada uno, así como aplicar esquemas de flexibilidad en ciclos de hasta cuatro semanas.

Sin embargo, estas ventajas conviven con un desafío clave: el aumento de los costos laborales producto de la disminución de horas trabajadas. Por ello, Lizama enfatiza que las empresas deben proyectar su implementación con una planificación clara para los próximos tres años, integrando esta variable dentro de su estrategia global.
En el ámbito de la gobernanza corporativa, el impacto de la ley obliga a fortalecer los procesos de toma de decisiones a nivel directivo. Para Luis Lizama, “Es indispensable que la gobernanza corporativa evalúe el impacto de la reducción de la jornada laboral tomando en cuenta los avances en el desarrollo de la inteligencia artificial”. En esa línea, plantea que la automatización y el uso de herramientas tecnológicas serán fundamentales para compensar eventuales pérdidas de productividad y enfrentar el alza en los costos.
A su juicio, este escenario también posiciona la gestión del talento como un eje prioritario. Más allá de la reducción de la jornada, las organizaciones deberán enfocarse en atraer, desarrollar y retener capital humano en un entorno cada vez más competitivo y dinámico.
En cuanto a la medición del impacto de la normativa, Lizama es claro: el principal indicador a monitorear por parte de los directorios será la productividad de los trabajadores. Este factor se transforma en el termómetro clave para evaluar si las estrategias implementadas logran equilibrar la reducción de horas con el desempeño organizacional.
En tanto, el liderazgo enfrenta el desafío de compatibilizar eficiencia operativa con bienestar laboral. En este punto, el especialista subraya la importancia de la capacitación, especialmente en el uso de herramientas de inteligencia artificial que permitan optimizar el tiempo de trabajo. Asimismo, destaca la relevancia de modelos híbridos que combinen presencialidad y trabajo a distancia, cuando las funciones lo permitan, como una vía para fortalecer el compromiso y la calidad de vida de los equipos.
Finalmente, el llamado de Luis Lizama es claro: “Las empresas deben incorporar en forma urgente las herramientas disponibles de inteligencia artificial para mejorar sus procesos productivos y asegurar la sostenibilidad y competitividad de sus negocios”, agregando que aquellas organizaciones que se anticipen en esta transformación lograrán ventajas competitivas significativas en el futuro.
En un escenario de cambios regulatorios y aceleración tecnológica, la Ley de 40 horas se posiciona como una oportunidad para que las empresas evolucionen hacia modelos más eficientes, flexibles y centrados en las personas, donde la estrategia y la innovación serán determinantes para el éxito sostenido.