Cuando una persona se siente libre para expresar una duda, proponer una idea o admitir un error sin temor a represalias, algo poderoso ocurre: se activa el aprendizaje colectivo. Eso es lo que propone la profesora de la Escuela de Negocios de Harvard, Amy Edmondson, en su libro “La organización sin miedo”, una obra que ha ganado relevancia en un contexto donde la salud mental y la cultura organizacional se han vuelto centrales en la agenda empresarial. El texto ofrece una visión clara sobre cómo fomentar la seguridad psicológica en las organizaciones para mejorar la innovación, el rendimiento y el compromiso de los equipos. Y aunque está pensado en clave global, sus ideas resuenan con fuerza en realidades como la chilena, donde aún persisten culturas laborales jerárquicas y punitivas.
Publicado originalmente en 2019 y traducido al español por la editorial Arpa, el libro parte de una pregunta sencilla pero profunda: ¿por qué tantas personas callan en el trabajo, incluso cuando tienen información crucial para compartir? Edmondson concluye que el miedo –a parecer incompetente, a ser ridiculizado, a perder oportunidades– inhibe la participación activa y bloquea el potencial de aprendizaje organizacional. Frente a eso, propone una cultura basada en la seguridad psicológica: un entorno donde se valore la franqueza, el cuestionamiento respetuoso y el aprendizaje a partir del error.
Este enfoque puede ser particularmente transformador en países como Chile, donde, según diversas encuestas, los ambientes laborales muchas veces se caracterizan por el control, la desconfianza y la comunicación vertical. En ese contexto, las lecciones de Edmondson ofrecen una hoja de ruta para una evolución cultural más participativa y humana.
Del silencio al aprendizaje
Uno de los conceptos más potentes del libro es que el silencio tiene un costo. Cuando las personas no se atreven a hablar, se pierden oportunidades de mejora, se ocultan fallos y se diluye el compromiso. Para Edmondson, los líderes tienen la responsabilidad de crear entornos donde sea seguro hablar, y eso requiere de tres prácticas clave: enmarcar el trabajo como un reto de aprendizaje, reconocer la posibilidad de errores y modelar curiosidad haciendo preguntas abiertas.
“Sin seguridad psicológica, el miedo impera y bloquea la innovación”, sostiene la autora. Sus investigaciones en hospitales, empresas tecnológicas y organizaciones sin fines de lucro muestran que los equipos con altos niveles de seguridad psicológica cometen más errores… pero los reconocen más rápido y aprenden de ellos.
Chile: entre la jerarquía y la transformación
En el caso chileno, donde todavía prevalecen estructuras organizacionales rígidas y donde admitir un error puede ser visto como una debilidad, las propuestas de Edmondson invitan a repensar el liderazgo y el poder. La promoción de culturas de aprendizaje implica cambiar prácticas arraigadas como la penalización del fracaso o la centralización excesiva de decisiones.
Algunas empresas locales ya están avanzando en esa dirección, adoptando modelos de gestión más horizontales, promoviendo la escucha activa y generando espacios de conversación seguros. Sin embargo, aún queda camino por recorrer para que estas experiencias se consoliden como una nueva norma cultural.
Conclusión: más allá del libro, un cambio de paradigma
“La organización sin miedo” no es solo un manual de buenas prácticas, sino una invitación a cuestionar las bases sobre las que se construyen muchas culturas corporativas. En tiempos de incertidumbre, cambio acelerado y necesidad de adaptabilidad, ofrecer un espacio seguro donde las personas puedan hablar libremente no es un lujo: es una necesidad estratégica.
Para las organizaciones chilenas, esto implica un doble desafío: desactivar el miedo como mecanismo de control y activar la confianza como motor de colaboración. En palabras de Edmondson, “el trabajo es un deporte de equipo, no un juego de solistas”.