La salud mental se ha posicionado como la principal causa de absentismo laboral entre los menores de 30 años en España, según informó el medio Público basándose en un reciente estudio elaborado por el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) en colaboración con la mutua Umivale Activa. El informe, que analiza la evolución de las incapacidades temporales entre 2018 y 2023, muestra un aumento alarmante del 88 % en las bajas por causas psicológicas o emocionales en ese período, y de un 147 % en los casos de larga duración.
Este fenómeno ha adquirido una dimensión inédita durante el 2024, año en que se registraron 53,3 trabajadores de baja por cada 1.000, la tasa más alta desde que se tienen registros. Lo más preocupante es que esta realidad afecta de manera desproporcionada a los trabajadores jóvenes, para quienes los trastornos de salud mental se han convertido en el principal motivo de ausencia laboral. Esta tendencia refleja un cambio profundo en la naturaleza del trabajo y sus impactos en el bienestar emocional de las nuevas generaciones.
Las cifras no solo revelan un problema individual, sino también colectivo. El informe destaca que las jornadas laborales perdidas por este tipo de incapacidades aumentaron un 42 % en cinco años, alcanzando un total de 473 millones en 2023. En este contexto, el coste económico también se ha disparado: solo en 2023, el gasto en subsidios por incapacidad temporal superó los 15.000 millones de euros, lo que representa cerca del 1 % del Producto Interno Bruto.
Esta situación plantea serios desafíos para las organizaciones, que deben adaptarse a una realidad donde el bienestar emocional de sus equipos, especialmente los más jóvenes, ya no puede ser ignorado ni tratado como un tema secundario.
Una generación laboral marcada por la inestabilidad
Las razones detrás de este aumento están directamente vinculadas a las condiciones que enfrentan los jóvenes en el mercado laboral actual. El informe apunta que “la salud mental ha tomado una especial relevancia como causa de incapacidad temporal, especialmente entre los trabajadores más jóvenes”, señalando que son estos grupos los que también enfrentan mayor inestabilidad, presión e incertidumbre respecto a su futuro laboral y económico.
En este sentido, el entorno laboral se ha convertido en un factor de riesgo. La precariedad contractual, la falta de expectativas de desarrollo profesional y la presión constante por el rendimiento configuran un escenario que afecta la salud mental de los jóvenes de forma directa. A eso se suman las dificultades para acceder a una vivienda, la sobrecarga de cuidados no remunerados en algunos casos y la escasa cobertura en servicios de atención psicológica oportuna.
A diferencia de generaciones anteriores, los jóvenes de hoy se enfrentan a una paradoja: aunque están más concientizados sobre la importancia de la salud mental, también están más expuestos a entornos laborales que la deterioran.
¿Qué pueden hacer las empresas?
Frente a este panorama, las organizaciones tienen un rol clave en la prevención y abordaje del problema. La salud mental en el trabajo no es solo una cuestión sanitaria, sino también estratégica. Las empresas que no gestionan adecuadamente el bienestar emocional de sus equipos se exponen a pérdidas por rotación, ausentismo, menor productividad y deterioro del clima laboral.
El informe citado por Público no entra en detalles sobre acciones empresariales concretas, pero sus datos plantean una invitación urgente a repensar los modelos de gestión de personas. Incorporar políticas de flexibilidad, fomentar la desconexión digital, establecer canales de escucha activa y facilitar el acceso a apoyo psicosocial son algunas de las prácticas que pueden marcar una diferencia.
Además, es crucial que las áreas de recursos humanos desarrollen estrategias específicas para los trabajadores jóvenes, que contemple sus expectativas, su estilo de vida y su necesidad de equilibrio entre la vida personal y laboral.
Urge una respuesta coordinada
El Ministerio de Trabajo ha reconocido la gravedad de la situación y, según el artículo de Público, “se encuentra trabajando en alternativas para reducir la incidencia de estas bajas”. Si bien las respuestas desde el ámbito público son imprescindibles, el rol de las empresas no puede ser secundario.
El escenario actual exige una respuesta coordinada entre instituciones, empresas y organizaciones sociales para abordar no solo las consecuencias, sino también las causas estructurales de esta crisis de salud mental juvenil en el trabajo.
El informe cierra con una advertencia contundente: de no actuar a tiempo, la sostenibilidad del sistema laboral y de protección social podría verse comprometida. La salud mental ya no es un tema periférico, sino una variable central en la gestión del trabajo contemporáneo.