Por Patricio Palacios P. Socio Director TCS Group OTEC, psicólogo, filósofo y coach. Docente del magister de Salud Pública de Universidad Mayor.
(Mal dicho y escrito “post verdad”, puesto que así, la componen dos palabras. Y el neologismo, es decir, palabra nueva en el léxico, es “posverdad”)
La posverdad es un constructo de moda en la última década y fue considerado como un neologismo que se utilizó mucho el año 2015, por ello, el diccionario Oxford le otorgó el título de estar entre “las diez nuevas palabras más nombradas” el 2014. No obstante, es su significado, su esencia filosófica, es tan antiguo como los diez mandamientos. En términos de la RAE. “Distorsión deliberada de la realidad que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y las conductas sociales”.
Cuando hablamos de posverdad no es una verdad mayor que la anterior ni menos es una “súper verdad”, muy por el contrario. El concepto fue creado por el bloguero David Roberts en el año 2012. replicando el término de un escritor al publicar un artículo sobre las mentiras de los casos “Watergate”, “Irán Contra” y la “Guerra del Golfo”, en el año 1992. Se entiende que es una mentira que masivamente se considera por verdad anulando a la verdadera por considerarse falsa. Es decir es una Gran Mentira con todos los elementos de una gran verdad en donde todo el público “cae y cree”. ¿Cuál es su factor decisivo? El emocional.
Henrik Ibsen, dramaturgo Noruego, autor de clásicos como “Casa de Muñecas” y, especialmente, “Un enemigo del Pueblo”, escribió en voz de un personaje lo siguiente: “una verdad pasa a ser mentira cuando se descubre otra verdad”. Se me ocurre el ejemplo histórico de “la tierra es plana”. Así fue durante siglos, hasta que apareció una nueva verdad y de un día para otro resulta que nuestro planeta fue redondo y con ello cambió nuestra cosmovisión de la existencia.
¿Y si todo fuera distinto a como nos lo contaron o nos lo cuentan? ¿Y si lo que consideramos dogmas no lo fueran? ¿Y si el virus fue creado como parte de una guerra o experimento de ingeniería social? ¿Está dispuesta/o a revisar algunas de esas “grandes verdades” que no lo son? ¿Y si las torres gemelas….? En fin… Entreguémonos al irresponsable ejercicio de revisión de un par de ejemplos.
Hay, en todos los ámbitos, una innumerable cantidad de sucesos que alguien – persona, sistema, religión, industria, medio de comunicación, modelo, teoría, paradigma, estudio, experimento- decreta que algo/alguien es cierto o posee certeza. Existe. Es “verdad”. “Es”. Y así crecemos replicando o repitiendo dichas certezas como si nos constara. Sin siquiera pasarlo por el cedazo de la duda o la discusión. Y son, precisamente, esos sucesos, los que han ido creando el mundo representacional que tenemos. Nuestra historia y finalmente, la historia universal.
Un gran ejemplo que a su vez constituye una de las principales heridas narcisistas propiciadas a la humanidad es que el ser humano proviene del simio y eso choca con el paradigma creacionista. Por cierto, que el relato de cómo llegamos a ser sapiens tuvo su transformación y antepasado en el Australophitecus y sólo hace 150.000 años existe nuestra especie.
La herida narcisista continúa porque la mosca de la fruta y el ratón son genéticamente más parecidos, y por sobre todo junto al chimpancé y gorila, al ser humano que cualquier otra especie. ¿Usted se siente parecido a la mosca? ¿Posee características de roedor? Es posible que coma queso y moleste tanto como la drosophila melanogaster pero no nos sentimos cercanos a esas especies. ¡Y lo somos! Fenotípicamente no somos comparables con un ratón y menos con la mosca, pero genéticamente somos “parientes”. ( hay gente “muy culta” que asegura que la mosca vive un día. Es evidente que no es así.)
Para llevarlo a ejemplos, digamos, “rosa”. Ni Elvis nació de pelo negro ni Marilyn fue rubia, pero si usted llega a decirlo hasta puede ser corregido en público. La historia, la historiografía, se compone de sucesos cotidianos a extracotidianos que, finalmente son contados por las editoriales que poseen el poder de formar un relato común, que obedece a los intereses de los dueño/as. ¡Ah, el león no vive en la selva! ¡¡¡No puede ser el rey!!!
¿Y cuál es el rol que jugó la posverdad en la pandemia? ¿Tiene sentido saber quién o cómo inició el Covid 19?¿Los ministerios de salud del mundo y la OMS nos cuentan la verdad o al menos, parcialmente fidedigna?¿Bill Gates tiene características de pitoniso, posee información privilegiada o es parte del “Nuevo Órden Mundial”? (o todas juntas)
Hoy en día la intoxicación de información (infocracia diría Chul Han) es uno de los problemas. Las emociones, particularmente, el temor, juega el rol principal. A nivel mundial, organizacional, nacional e individual. ¿Qué creer? ¿En quién creer? ¿Consumo toda la información que recibo? ¿Tengo desarrollado el sentido crítico? ¿Pandemia o Endemia? ¿Fue Osama o autoatentado? ¿Cuál cuento queremos contarnos…?
A nivel de organizaciones ocurre lo mismo con los relatos corporativos, los mensajes alineados y sigamos produciendo que todos somos una familia….¿Verdad, posverdad?
Las palabras tejidas en esta columna son el eco singular del autor, sin ataduras ni corsés editoriales. Aquí, la responsabilidad recae en quien escribe, no en las creencias de RH Management