La OIT advierte: el crecimiento económico ya no garantiza trabajo decente

Aunque la pobreza y el trabajo infantil han disminuido en las últimas décadas, el nuevo informe de la OIT revela que el trabajo decente sigue siendo una promesa incumplida para millones de personas, especialmente mujeres, jóvenes y trabajadores informales.

En un momento de creciente desconfianza institucional y fatiga social, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) presentó su primer diagnóstico sistemático sobre la justicia social a nivel mundial. Según el informe, pese a avances relevantes desde la cumbre de Copenhague en 1995, el acceso equitativo al trabajo decente continúa siendo una deuda estructural, marcada por la informalidad, la desigualdad salarial y las barreras para mujeres, jóvenes y personas con discapacidad. El documento, titulado “La situación de la justicia social: progresos en curso”, destaca que el 58 % de la población trabajadora mundial continúa desempeñándose en condiciones de informalidad. Esta cifra confirma que el crecimiento económico, por sí solo, no garantiza el acceso a empleos de calidad. De hecho, la relación entre crecimiento del PIB y generación de empleo formal ha disminuido: en las primeras décadas del siglo, un aumento del 1 % en el PIB global generaba un incremento de 0,5 % en el empleo formal; hoy esa cifra ha caído a 0,38 %. Además, el desempleo afecta de forma desigual a los países según su nivel de ingresos. Mientras en las economías de altos ingresos las tasas se reducen gracias a políticas activas y a un menor crecimiento poblacional, los países de ingresos bajos enfrentan tasas crecientes de subutilización laboral y desempleo estructural. Barreras persistentes para el trabajo decente Uno de los aspectos más críticos del informe es la persistencia de brechas profundas en el acceso al empleo digno. “Una brecha de 27 puntos porcentuales separa la participación laboral de hombres y mujeres”, señala el informe. Esta diferencia responde, en gran medida, a que las mujeres asumen el 76 % de las tareas de cuidado no remunerado en el mundo, lo que limita su disponibilidad para el empleo formal. El informe también expone que un 28 % de los jóvenes en el mundo no estudian, no trabajan ni reciben formación. Esta cifra se agrava en el caso de las mujeres jóvenes, que constituyen el grupo con mayores niveles de exclusión del mundo laboral. La situación de las personas con discapacidad tampoco ha mejorado sustancialmente: las brechas salariales persisten en todos los niveles de ingreso. Según el estudio, las mujeres con discapacidad ganan apenas el 54 % de lo que perciben los hombres sin discapacidad. Educación y empresas: oportunidades y desafíos Pese a estos desafíos, el documento reconoce algunos avances importantes. Por ejemplo, las tasas de finalización educativa han crecido sostenidamente en los últimos 30 años, especialmente entre mujeres jóvenes. La tasa de finalización de la educación secundaria inferior aumentó 14 puntos para los varones y 21 puntos para las mujeres entre 2000 y 2023. El sector privado, en tanto, representa cerca del 90 % del empleo mundial, siendo las micro, pequeñas y medianas empresas responsables del 70 %. Sin embargo, estas unidades productivas enfrentan brechas importantes en productividad, acceso al crédito y formación laboral. Para la OIT, su fortalecimiento es clave para ampliar las oportunidades laborales. Políticas necesarias: una agenda integral El informe subraya que los desafíos estructurales sólo pueden abordarse mediante políticas públicas integrales que alineen lo macroeconómico con lo sectorial, lo educativo y lo laboral. En este sentido, destaca cinco tipos de políticas activas del mercado de trabajo:
  • programas de formación;
  • servicios de intermediación laboral;
  • empleo público temporal;
  • subsidios al empleo;
  • y apoyo al emprendimiento.
“El concepto de trabajo decente es demasiado amplio para medirse con un solo indicador, pero los datos disponibles muestran que el avance ha sido demasiado lento”, concluye el documento. Y enfatiza que, si bien el crecimiento económico ha reducido la pobreza, aún no logra erradicar la precariedad ni garantizar condiciones dignas para toda la población trabajadora.
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