El avance vertiginoso de la inteligencia artificial está modificando la forma en que las empresas se organizan, cómo se mide la productividad y qué lugar ocupan las personas en el nuevo ecosistema laboral. En ese contexto, Manny Medina, fundador y director ejecutivo de Paid, sostuvo en entrevista con Bloomberg que en cinco años la mitad de la fuerza laboral será digital, marcando una etapa en la que humanos y agentes de IA compartirán responsabilidades, ingresos y espacios de trabajo.
Paid, la compañía que lidera Medina, desarrolla una plataforma tecnológica que permite monetizar, gestionar y valorar el desempeño de los agentes de IA. Su propuesta apunta a medir el valor económico de cada agente, controlar los costos de cómputo y ofrecer a las empresas una forma transparente de justificar el retorno de la inversión tecnológica. “Es 100% aquí, es ahora, es relevante, y todos están corriendo para construir y emplear agentes en las empresas”, afirmó el ejecutivo.
Un modelo laboral en transición
Según el líder tecnológico, la irrupción de los agentes de IA ya está reconfigurando los desafíos inmediatos de empresas y trabajadores, especialmente en Europa y Estados Unidos. Los organigramas tradicionales, centrados en la jerarquía humana, darán paso a estructuras híbridas, donde los agentes ocuparán roles específicos y serán remunerados según el valor que generen.
Medina proyecta que, para 2026, las empresas integrarán equipos mixtos de personas y agentes, bajo modelos de gestión en los que la eficiencia y la reducción de costos impulsarán nuevas métricas de desempeño. Este cambio, advierte, “no es una hipótesis futura, sino un proceso en marcha que ya transforma la manera de contratar, supervisar y evaluar el trabajo”.
El impacto ya se percibe en los puestos de entrada. Un estudio de Stanford, citado por Bloomberg, reveló una caída del 13% en la demanda de empleos iniciales, lo que genera incertidumbre entre los jóvenes recién egresados. Para Medina, esta tendencia no representa el fin del empleo humano, sino una oportunidad para reinventar el rol profesional: “La mayoría de las personas debería convertirse en emprendedora, crear sus propios agentes, instalar Paid y recibir ingresos por los agentes que desarrollen”, subrayó.
Europa, epicentro de la regulación y la innovación
La apuesta de Paid se ha consolidado en Londres, ciudad elegida por su ecosistema tecnológico menos saturado que el de Estados Unidos y por su acceso a talento altamente calificado. Medina destaca que “Londres tiene 12 millones de personas frente al millón de Seattle, y no existe la saturación de empresas tecnológicas que vemos en la Costa Oeste”.
Desde la capital británica, Paid impulsa una expansión global que abarca Europa Occidental y Estados Unidos, con el objetivo de fortalecer su posición en un mercado que el ejecutivo estima alcanzará el billón de dólares.
En este escenario, la regulación también juega un papel determinante. Medina considera que el EU AI Act, la nueva legislación europea sobre inteligencia artificial, no obstaculiza la innovación, sino que establece reglas claras que favorecen la confianza y la adopción responsable de estas tecnologías. El directivo compara este marco con el Gdpr, el reglamento de protección de datos, al señalar que ambos “ofrecen certezas sobre las obligaciones y expectativas para operar con agentes de IA”.
Hacia una cultura laboral colaborativa
El auge de los agentes digitales plantea un desafío cultural tanto como tecnológico. Las organizaciones deberán aprender a coordinar equipos humanos y artificiales, establecer mecanismos de supervisión y redefinir las competencias laborales. En este sentido, Medina sostiene una visión optimista: la adaptabilidad humana, combinada con la potencia de la IA, podrá reactivar el espíritu emprendedor y dar origen a un modelo laboral donde cada persona “tenga la capacidad de crear, gestionar y comercializar sus propios agentes digitales”.
La revolución de la inteligencia artificial ya no es una promesa, sino una realidad en expansión. Si las proyecciones de Medina se cumplen, en menos de una década la mitad de la fuerza laboral será digital, y el trabajo —tal como lo conocemos— habrá cambiado para siempre.