La inteligencia emocional en el home office

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En estos tiempos tan ambiguos y distópicos, la gestión laboral a distancia se ha vuelto un desafío sin precedentes. Las organizaciones han tenido que adaptar sus metodologías de trabajo, trazando un nuevo vínculo con sus empleados e inaugurando una transformación excepcional al interior de las entidades, que se han servido de innovadoras estrategias y dispositivos digitales para continuar con las debidas tareas. Los trabajadores se han convertido en los protagonistas de los nuevos procesos comunicativos a través del uso constante de plataformas tecnológicas para reuniones corporativas, gestión de proyectos y labores grupales remotas, entre otras. 

Sin embargo, la pandemia Covid-19 no solo ha puesto en jaque la sostenibilidad de las empresas, sino que también ha revelado la fragilidad humana frente a un escenario de confinamiento nunca antes experimentado. El home office se instauró como imperativo en la nueva normalidad, evidenciando las enormes dificultades que los empleados han tenido que sobrellevar al convertir sus hogares en oficinas combinando sus actividades de ocio, familiares y personales con sus responsabilidades laborales. 

La estructura emocional de los trabajadores se ha visto sustancialmente afectada, impactando en su labor y desarrollo tanto personal como profesional. Es por ello que se entrevistó a la Lic. Vanesa Biasoli (República Argentina) para conocer, desde su valiosa perspectiva, las claves para afrontar positivamente este momento de crisis y mejorar no solo el rendimiento laboral, sino también el personal. 

Frente a la pandemia Covid-19, nos hemos visto en la obligación de estar encerrados en nuestros hogares y se ha comentado bastante acerca de la importancia de tener inteligencia emocional para atravesar esta inédita situación. Ahora bien, ¿cómo podemos aplicarla y en qué consiste? 

Daniel Goleman, uno de los autores reconocidos en el campo de la inteligencia emocional, la define – en su libro Inteligencia Emocional – como la capacidad de reconocer y gestionar las emociones propias. En primer lugar, yo debo tener un registro de qué me está pasando, qué emociones estoy atravesando y una vez que adquiero dicho registro, debo pensar cómo lo gestiono y qué herramientas dispongo para resolverlo.

Tanto en el trabajo como en mi vida personal, me enfrentaré a situaciones en las que deberé adaptarme o me expulsarán. Para ello debo contar con lo que en neurociencias se conoce como neuroplasticidad, es decir, la flexibilidad mental para acomodarme a lo nuevo y/o diferente. 

En el actual contexto, donde aparece un virus desconocido para la humanidad y de repente me encuentro con mi vivienda también convertida en oficina, me enfrento a un grado de estrés diferente que debo poder abordar. 

En nuestros hogares, aparte de poder tener una familia, mascotas y rutinas diarias, nos encontraremos buscando lugar y tiempo para reuniones laborales y resolución de conflictos, entre otras situaciones. En esta nueva realidad que se nos impuso a todos, poder reconocer esas emociones que nacen de lo diferente, a fin de poder gestionarlas y comenzar a ser productivos de manera remota desde nuestras casas, tornándose en una aventura desafiante. 

Para las empresas, existe una guía que brinda el colega Daniel Colombo, que busca ayudar a establecer una política de trabajo a distancia para sus empleados y a que ésta se cumpla efectivamente. Comparto a continuación algunos de sus principales consejos: 

  1. Determinar quiénes pueden trabajar desde casa. Las personas desorganizadas y que necesitan que se les esté detrás para que cumplan con su labor definitivamente no son buenos candidatos. Se podría probarlos de a poco. En el caso de que la empresa decida que su política es trabajar solo en su oficina, será necesario establecer cuáles son las excepciones a ella, por ejemplo: una crisis, un peligro en la calle que atentaría la integridad del empleado, la falta de transporte, los cortes de energía eléctrica, etc., y en dichas ocasiones, se activaría el protocolo de home office. 
  2. Equipamiento esencial para trabajar. La empresa evaluará las condiciones básicas para que los empleados puedan hacer eficazmente home office: escritorio y espacio suficiente para poder enfocarse en la tarea, a proveer por el colaborador; conectividad de alta velocidad -a veces se comparte el costo-, computador con los programas y accesos adecuados, teléfono celular corporativo o con reintegro de gastos proporcionales y, sobre todo, procedimientos claros para la medición del rendimiento y resultados. 
  3. Seguridad de la información. Al trabajar desde casa habrá datos de la empresa que estarán circulando. La empresa deberá garantizar el proceso de encriptación de datos, mientras que el empleado será totalmente responsable por el uso que hace de la información. 
  4. Supervisión permanente y reportes del resultado. Hay mucha tecnología para trabajar colaborativamente en equipo en forma remota. Lo importante es entrenar a los líderes de equipos en que cada persona trabaje en su nivel apropiado, y establecer los protocolos de comunicación: cómo se contactarán, de qué forma se evaluará el resultado del teletrabajo (ya sea fijo o esporádico), y cómo se puede mejorar. 
  5. Riesgos de trabajo. Generalmente las coberturas están circunscritas a determinados espacios y ámbitos; es importante asegurarse de contemplar los aspectos de riesgos, salud y cualquier otra incidencia, como un robo de materiales de trabajo. 
  6. Hacer una política escrita. Un error es dejar todo en palabras o autorizaciones verbales. El home office necesita de un documento escrito, legal y firmado por la empresa y cada empleado. En él se dejará en claro el nivel de desempeño que el empleado asegura que mantendrá. Al mismo tiempo, la empresa podrá auditar de diferentes formas: por ejemplo, en muchas empresas los empleados con este beneficio tienen que mantener una asignación mínima de horas diarias como jornada laboral; y, en otras, se registran los horarios de conexión a la red como certificación de que, efectivamente, están en actividad. A su vez, el empleado también debe saber que el incumplimiento de sus funciones haciendo home office tendrá la misma fuerza legal que si estuviese en la oficina.

Y en cuanto a cómo ayudarse a uno mismo como empleado, lo que yo recomiendo es siempre disciplina y rigor. Aunque estas dos palabras tienen mala prensa, serán tus aliadas para poder mantener un alto nivel de rendimiento profesional al trabajar fuera de la oficina. En este punto, por más decaído que te encuentres, te levantas, conectas y trabajas: no hay excusas, ya que estás igualmente involucrado que antes en tu cumplimiento laboral.

Contar con disponibilidad horaria amplia para llamadas, teleconferencias y reuniones presenciales. Quienes realizan home office, tendrán encuentros frente a frente con cierta periodicidad; esto ayuda a la empatía y a mejorar el funcionamiento del trabajo en equipo. Prepara tu lista de temas a abordar y haz aportes de valor, como forma de demostrar tu entusiasmo, seguimiento y predisposición positiva. 

No mezclar asuntos personales en el horario de home office. Es un error que comete la mayoría de las personas; solo harás que baje tu rendimiento y que pueden desafectarse de este beneficio de la empresa, o dejarte fuera si eres freelance o contratado.

¿Qué debería hacer un colega en estos días que debe trabajar desde su casa para tener en cuenta la inteligencia emocional y gestionarla a su favor? 

Hay ciertas pautas a considerar que van a simplificarnos el modo de atravesar estos procesos. En primer lugar, lo importante es que se mantenga una rutina, como estando en tu trabajo. Deberías poder sentir que tu oficina también hoy es parte de tu casa, de tu hábitat y es esencial que sostengas una rutina disciplinada, pues esta es la que nos permite centrarnos en poder cumplir con horarios y con responsabilidades. La rutina me da orden y el orden me permite ubicarme en tiempo y espacio.

Hasta el simple hecho de salir del modo pijama y vestirse y calzarse, es beneficioso para concentrarme mejor. De lo contrario, mi cerebro captará una sensación de relax, que no es la misma que necesito para asumir un compromiso y responsabilidad de proactividad cuando estoy en la oficina con compañeros y con colegas. 

No olvidemos la importancia de apoyarse también en la familia. Este aspecto me recuerda a una reflexión del sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman: “Estar siempre a entera disposición de los compañeros y jefes de trabajo, así como de los miembros de la familia y los amigos, se convierte no sólo en una posibilidad sino en una obligación, además de una necesidad interior; el hogar del ciudadano puede ser todavía su castillo, pero sus paredes son porosas y no están aisladas del ruido”. 

¿Por qué es tan importante armar y seguir una rutina? 

Si sos profesional independiente, la rutina es clave porque dependes de vos y la actual pandemia, con su crisis generalizada, no te afecta como a otros que tienen trabajos en relación de dependencia.

Si tienes un jefe y sos parte de un equipo de trabajo, todos se van a tener que amoldar al horario de 9 a 18 o el que sea habitual para el grupo, con una hora de almuerzo establecida y van a continuar hablando por Skype, o Zoom o contactándose por WhatsApp y por las vías de comunicación que utilicen. Allí la rutina también es más forzada, requiere mayor compromiso y el mismo equipo de trabajo te la va a imponer si su líder actúa de manera eficaz. 

En tiempos de cuarentena, el home office exige que los líderes se transformen en coaches motivacionales. De eso depende el éxito de la gestión a distancia y, en especial, la continuidad en el cargo post pandemia. Existen técnicas de facilitación que se pueden aplicar para obtener resultados superadores. La clave es que el foco del líder debe estar puesto no sólo en los resultados y las tareas a alcanzar, sino en la gestión emocional de los miembros de su team. Es decir que, además de contemplar la dinámica organizacional, le corresponde esforzarse por estar aún más cerca de cada uno de los colaboradores. Desde esta mirada, no basta con hacer una reunión todos los días y bajar órdenes, sino que es necesaria una labor más minuciosa, de seguimiento preciso, de acuerdos operativos claros y de dinámicas para distender al equipo en estas condiciones tan fuera de lo habitual. Si el líder no confía en el potencial de sí mismo, autoliderándose y en base a un profundo autoconocimiento, podrá tener a cargo un grupo de personas y hacerlas alcanzar los objetivos como si fuera un domador de leones de un circo a punto de extinguirse.

Lo que este contexto demanda es un líder coach, cercano, que inspire y genere adhesión. No necesita generar seguidores, sino personas a quienes seguir: el líder con influencia es aquel capaz de ser generador de otros líderes, haciendo surgir lo mejor de cada talento y ayudando a que confluyan en un torrente participativo, colaborativo y horizontal, donde todos se sienten partícipes del logro en común. Es el líder con impacto, que deja huella y legado. 

A modo de ejemplo, si estoy guiada por un buen líder y me informan que tenemos una reunión hoy a las 13 horas, entonces tengo que pensar: a las 13 horas yo debo saber que congelé ese horario y no debo asumir otro compromiso. Voy a estar motivada y organizada. Para ello es clave que tengas tu esquema de horarios con los momentos de break, y con cuánto tiempo le vas a dedicar al ocio. 

Respecto a las constantes noticias que recibimos en todo medio de comunicación, es clave estar informados, aunque no debemos exponernos por demás a la inmensa información que estos transmiten de porque la sobrecarga de contenido informativo va cambiando también mi emoción, me va rodeando cada vez de mayores problemas y lo que más necesito en este contexto es recordar mis metas y enfocarme. Recordemos el momento del brindis de fin de año donde levantamos la copa y nos proyectamos hasta aquí con metas. Es el momento ahora de trabajar por esas metas; tengo que ser más fuerte que la sobrecarga informativa y poder hacer foco en cuál es mi objetivo: si mi propósito es tener una reunión la cumplo y así con todo lo que me proponga; me voy programando mis proyectos y los voy llevando a cabo, ya que esta situación probablemente se extienda un largo tiempo más, y corremos el peligro de haber dejado nuestra vida en pausa si no activamos. Reinventarse es la mejor opción para poder salir adelante de la crisis. 

Por consiguiente, la primera clave a considerar es la organización a fin de poder empezar a trabajar desde casa; la segunda, es empezar a marcar el objetivo principal del día y aquí se vive, como se dice muchas veces con los adictos al juego o al alcohol, el “solo por hoy”. Por lo tanto, me armo la rutina, apostando a un objetivo por día y haciendo un check in por la mañana, como decimos en coaching y un check out al finalizar el día, repasando y haciendo balance de lo que pude alcanzar. 

Si cumplo con mis metas y con lo que buscaba lograr con mi persona, ¿se produce un impacto en mi estima? 

Este accionar de registro, desde el lado de la inteligencia emocional, afianza mi autoestima claramente y mi confianza hacia mí misma; por ejemplo, si yo me pongo una meta y la cumplo, me siento más orgullosa y me empodero, ahora si yo digo que voy al gimnasio y nunca logro ir por llegar cansada del trabajo y lo pospongo siempre, lentamente iré perdiendo mi autoconfianza. Se va debilitando mi confianza hacia mí misma. 

Hay dos aristas importantes que se trabajan mucho en empresas a nivel presencial, pero en estos momentos es clave ponerles más atención y debemos tenerlas más en cuenta: por un lado, las reuniones efectivas y, por otro lado, la resolución de conflictos. Ambas cuestiones son fundamentales pues voy a tener que reunirme con mis colegas y necesitaré saber resolver conflictos que probablemente no sean los de antes, por ejemplo, una mala conexión a Internet en estos tiempos donde la tecnología juega un papel 100% protagónico. Por lo tanto, la empatía, las reuniones efectivas y la resolución de conflictos lo doy como los tres puntos más importantes para facilitar los procesos efectivos de las empresas. 

¿Por qué mencionas a las reuniones diarias como uno de los tres puntos a destacar? 

Porque es clave ser conscientes de que todo pasará a ser una reunión. En una reunión laboral virtual, voy a estar con todas mis emociones mezcladas que vengo acumulando y que tengo en el día a día. Entonces, si la empresa demanda una reunión, yo tengo que poder gestionar esa emoción y tengo que saber cómo me voy a plantar ante la gente, porque, aparte de solucionar un tema de trabajo, voy a tener resolver mi ansiedad, mi estrés y mi incertidumbre.  

La incertidumbre es lo que como humanidad hoy nos convoca a todos. Hoy no hay respuestas, simplemente nos piden que esperemos y la espera es lo que más genera ansiedad al hombre. Por tal motivo la gestión emocional me va a ayudar a ser empático, esto es ser un poco más solidario con el otro, comprender que el otro va a estar movilizado de una forma distinta y le van a estar jugando otras emociones. Debemos cuidar y cuidarnos como organización, y esto Warren Buffet, inversor y empresario estadounidense, lo resume muy bien: “Cuesta 20 años construir una reputación y 5 minutos arruinarla”. 

Será fundamental entonces poder ejecutar reuniones efectivas teniendo en cuenta esta emoción tuya y mía, observar cómo nos encontramos al realizar una llamada y también por otro lado, reunirme de forma efectiva exponiendo lo mejor de mí y considerando todo lo anterior, que el otro está movilizado, que el otro está estresado y que también tengo que cumplir porque sé que esa falta mía puede molestar más aún y perjudicar al equipo.

Definitivamente, el home office va a cambiar y revolucionar las formas de trabajar y de conducir procesos de trabajo. Vanesa, ¿hay algo más que recomendarías sobre la inteligencia emocional y el home office para todas aquellas personas que hoy están en sus hogares y sienten ansiedad? 

Tengamos en cuenta que no solo se trata de mi estrés personal, pues, a la vez, tengo que manejarme con un jefe o un colega de manera online que también se ven afectados. Puede ser que yo en mi casa esté viviendo con hijos, con sobrinos, con hermanos, con padres y es la convivencia del todo con todo, donde la familia y el trabajo se fusionan. Debo pensar en mi estrés, pero comprendiendo que es algo generalizado.

Algunos aspectos que van a ayudarnos a alcanzar el equilibrio son: 

  • En primer lugar, una buena estrategia para modificar nuestra emoción es manejado desde la corporalidad: cada vez que tengo una postura erguida, expandida, de felicidad y buena predisposición, mi cerebro genera cambios químicos favorables, se segregan otras sustancias químicas como la dopamina, también conocida como la hormona de la felicidad. El cuerpo le informa al cerebro con su postura corporal o con su sonrisa en el rostro, que todo está bien y entonces el cerebro actúa en consecuencia. 
  • Tener una rutina de ejercicio también es más que saludable. Y si no tengo espacio, me pongo a hacer abdominales al costado de la cama; con todo el material disponible que hoy nos brindan espacios como YouTube o Instagram, contaremos con meses largos de herramientas de sobra para hacer nuevas rutinas de entrenamiento. Es una gran descarga para el cerebro que yo muevo a mi cuerpo, eso me va a ayudar a bajar muchísimo la ansiedad. Como ha dicho Thomas Edison: “El genio consta de un 1% de inspiración y un 99% de transpiración”, debemos hacerlo sabiendo que debemos esforzarnos. Cuidar y controlar mis horarios de sueño también es clave, a veces pasa que hay personas que se levantan a las dos de la tarde y después se acuestan a las cuatro de la mañana, y entran un círculo vicioso del cual cuesta salir. 
  • Una alimentación sana. Podemos darnos nuestros gustos, grasas, azúcares, sal, alcohol. Pero siempre moderados. Si estamos más livianos, seremos más productivos y nos sentiremos más orgullosos de nosotros mismos. 

Soy de las que eligen vivir este presente como una gran oportunidad para todos. Y también elijo trabajar para sentirlo así pues claramente no es sencillo, pero se puede lograr. Durante esta pandemia hablé de las personas que van a traernos conflictos: aquellas que no van a querer hacer, sino van a optar con quejarse y los denominé “CoronaVagos” 

Estos tiempos de crisis son sinónimo de evolución, no para todos, sino para los que deseen llevarse una experiencia enriquecedora. Pero si yo decido quedarme en la queja, quizá esta pandemia sea un espacio más para mostrarme como víctima y quedarme inmovilizada. Y tomando de referencia una frase del reconocido político británico Winston Churchill: “De nada sirve decir “Lo estamos haciendo lo mejor posible”. Tienes que hacer lo que sea necesario para tener éxito”. 

Veo a futuro dos clases de personas tras la pandemia COVID-19: quienes no han aprovechado la crisis y se quejan buscando culpables y excusas para no hacer y, por otro lado, el grupo que, cuando finalice la cuarentena, pueda detenerse en cuánto ha aprendido, cuánto ha hecho, sintiendo orgullo por ver en quién se han convertido. 

A modo de conclusión, es posible aseverar que la inteligencia emocional se implanta hoy como uno de los pilares fundamentales con los que deben contar los miembros de las empresas para paliar estos momentos de crisis extensos y alarmantes. La apuesta por el sostenimiento de una rutina de trabajo basada en la organización, la concentración y la motivación diaria, la actitud proactiva de tomar las circunstancias actuales para crecer como profesionales en nuestra área y la constante determinación por continuar con nuestras labores desde nuestros hogares a pesar de los obstáculos emocionales, se han convertido en preceptos que perfilarían nuestro presente y futuro profesional. 

La emergencia sanitaria que instauró el COVID-19, ha tenido la particularidad de situarnos como empleados frente a un escenario laboral inaudito que ha modificado profundamente las formas de trabajar. El contexto de confinamiento acentúa la incertidumbre, moldeando las emociones y comportamientos individuales e impulsando, consecuentemente, a un esfuerzo personal mayor por dominarlos, apaciguarlos y reconvertirlos a nuestro favor. Quienes abracen este contexto como paisaje oportuno para incorporar valiosas técnicas para manejar el agobio, la tensión que provoca el teletrabajo, el encierro y a su vez, adopten estrategias comunicacionales, tecnologías y plataformas digitales de trabajo, podrían aumentar sustancialmente su rendimiento y desarrollo laboral y, por consiguiente, favorecer un mayor progreso de su empresa. 

Esta entrevista fue publicada por el Grupo de Investigación Gestión de la Comunicación Estratégica de la Universidad Católica de Loja. 

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