La importancia de las personas en ESG

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Por Daniel Nadborny, CEO de Mercer Chile. 

Si viajamos 20 años atrás, podemos observar que la prioridad de los inversionistas era producir utilidades. Sin embargo, los tiempos han cambiado y hoy la preocupación está en la sostenibilidad a largo plazo, tanto para sus grupos de interés externos como internos. Es aquí donde podemos visualizar el peso que se le está dando a la sigla ESG (medioambiente, social y gobernanza, por sus siglas en inglés). 

Las prácticas ESG son un conjunto de indicadores que aplican las organizaciones para asegurar esta sostenibilidad integral. En particular la “S”, que corresponde al criterio Social, es fundamental. En el último año, este componente se ubicó por primera vez por encima del medioambiental y del de gobernanza. De hecho, en una encuesta realizada por Mercer, los inversionistas respondieron que los aspectos sociales son los más importantes.

Esta prioridad, que involucra de manera consistente la preocupación por la calidad de vida de los trabajadores, implicará sin duda, nuevos retos para las organizaciones, pero por, sobre todo, consecuencias tremendamente positivas para la productividad de las empresas. 

¿Por qué debemos partir por entender el componente social? Lo primordial es preocuparse del motor de la organización: su fuerza de trabajo. El factor social se encarga de la ocupación del capital humano, de la viabilidad productiva, de la oposición de las partes interesadas y de las oportunidades sociales. En este sentido, hay que tener en cuenta que esto no es una simple tendencia, sino que se ha instalado como una forma de hacer negocios, que ha modificado y evolucionado el actuar corporativo.

Podemos partir por hacer hincapié en los pilares y lineamientos que existen para afinar buenas prácticas. Entre ellas destacan los salarios justos; la flexibilidad y protección; la entrega de salud y bienestar; la impulsión de la diversidad, equidad e inclusión; y el fomento de la empleabilidad y cultura del aprendizaje. Con estos puntos resueltos, es posible brindar el apoyo necesario a los colaboradores, en sus desafíos financieros, personales y emocionales.

Para lograr esta evolución, es clave que las organizaciones tengan presentes los desafíos a los que se enfrentan y que se presentan para su fuerza laboral. La existencia de divergencia en la compensación, el acceso inequitativo a la flexibilidad y los problemas de salud mental -como el síndrome de “burnout”-, son algunos de los elementos que surgen en este proceso. No dejemos que pase mucho tiempo para tomar acciones frente a esta nueva manera de hacer empresa.

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