La felicidad, una noción muchas veces percibida como un estado subjetivo y difícil de medir, es el centro de estudio de Alejandro Cencerrado, científico de datos, autor de En defensa de la infelicidad y analista jefe en The Happiness Research Institute de Copenhague. Durante años, Cencerrado ha analizado su propia felicidad y la de otros para encontrar los factores que la determinan y cómo las políticas públicas pueden influir en su mejora.
En entrevista con el medio de comunicación Ethic, Cencerrado subrayó que la felicidad puede medirse a través de encuestas que exploran tanto la satisfacción general con la vida como las experiencias cotidianas. Según explicó, “una métrica basada en la vida diaria permite identificar aspectos que pasan desapercibidos en otras mediciones, como la soledad, que afecta gravemente el bienestar de las personas”. Este enfoque es clave para orientar a las instituciones en la creación de políticas públicas que prioricen las relaciones humanas y el fortalecimiento de las comunidades.
Para Cencerrado, países como Dinamarca demuestran que el estado de bienestar puede marcar una diferencia significativa en la felicidad de la población. Sin embargo, advirtió en Ethic que el énfasis en la productividad y las largas jornadas laborales, como sucede en España, genera un gran impacto negativo en el bienestar de los trabajadores, al privarlos de tiempo para estar con sus seres queridos.
El investigador concluyó señalando que, más allá de la introspección o las prácticas individuales como el mindfulness, “es fundamental implementar políticas que permitan a las personas vivir en comunidades accesibles, reducir las jornadas laborales y promover relaciones sociales”. Ethic destacó que estas iniciativas pueden ser clave para garantizar una sociedad más feliz y equilibrada.
Crédito foto: Ethic.