La ética empresarial frente a la violencia estructural

Un ensayo publicado en Journal of Business Ethics plantea que la ética empresarial debe ampliar su mirada para analizar cómo empresas, mercados, reportes corporativos y prácticas organizacionales pueden estar vinculados con sistemas de violencia estructural, injusticia material y silencios institucionales.

Un grupo de académicos publicó en Journal of Business Ethics un ensayo que llama a repensar el alcance de la ética empresarial en el actual contexto global, marcado por conflictos prolongados, crisis humanitarias e injusticias sistémicas, a partir de una pregunta central: cómo las empresas, los mercados y las prácticas organizacionales participan, invisibilizan o se benefician de formas de violencia que no siempre aparecen como parte del debate corporativo tradicional.

El trabajo, titulado “Speaking Across Silences: The Structural and Material Intersections of Business, Violence, and Ethical Responsibility”, reúne ensayos de Steffen Böhm, Premilla D’Cruz, Ernesto Noronha, Konan A. Seny Kan y Baniyelme Zoogah, quienes advierten que la violencia suele ser tratada por la ética de los negocios como un fenómeno externo a la actividad económica o exclusivamente político. Frente a esa mirada, el documento propone observar las conexiones materiales y estructurales entre actividad empresarial, mercados, gobernanza y daño social.

La tesis principal es que la ética empresarial enfrenta una responsabilidad urgente: analizar de qué manera firmas, sistemas de reporte, cadenas de suministro, economías de conflicto y producción académica pueden quedar implicados en daños que se presentan como ajenos, técnicos o inevitables. El ensayo no busca una respuesta única, sino abrir una conversación crítica sobre poder, complicidad y responsabilidad ética en sistemas globales atravesados por desigualdades severas.

Reportes corporativos

Uno de los ejes del texto aborda los límites de los reportes corporativos, especialmente aquellos vinculados con sostenibilidad, ESG, responsabilidad social o informes integrados. Steffen Böhm plantea que estos documentos deben leerse como herramientas estratégicas de comunicación y no como descripciones neutrales de la realidad empresarial. Según el ensayo, los reportes pueden mostrar a las compañías como actores técnicos, eficientes y comprometidos, mientras dejan fuera conflictos históricos, daños ambientales o vulneraciones de derechos.

El caso analizado por Böhm se centra en el agua como parte de la economía fundacional, es decir, como infraestructura básica para la vida, la dignidad y la reproducción social. Desde esa perspectiva, el autor examina la provisión de agua en Palestina y el rol de Mekorot, empresa estatal israelí de agua. El ensayo sostiene que los relatos corporativos pueden omitir las condiciones políticas e históricas que explican el acceso desigual a un recurso esencial, y advierte que la tarea de la ética empresarial es interrogar esos silencios.

El documento también destaca el valor de los contra-reportes, elaborados por organizaciones sociales, comunidades afectadas, sindicatos, activistas, académicos u otros actores no corporativos. Estos informes buscan visibilizar daños sociales o ambientales que los reportes oficiales pueden minimizar u omitir. Para el ensayo, esta práctica es relevante porque amplía la rendición de cuentas y permite contrastar narrativas corporativas con experiencias de quienes soportan los costos de determinadas actividades económicas.

Violencia económica

Otro aporte del artículo se enfoca en las economías de conflicto en África. Baniyelme Zoogah analiza cómo la violencia puede convertirse en una actividad económicamente rentable cuando actores armados, élites estatales, redes transnacionales y mercados ilícitos participan en circuitos asociados a minerales, armas, drogas, protección y control territorial. En ese marco, la violencia no aparece solo como destrucción, sino también como un sistema que genera ingresos, poder e incentivos para sostener el conflicto.

Zoogah propone el concepto de “disrupción ética”, definido como intervenciones normativas ancladas en justicia, rendición de cuentas y responsabilidad moral, orientadas a desestabilizar las lógicas de ganancia que sostienen la violencia. El ensayo identifica tres palancas principales: transparencia y accountability, justicia y reparaciones, y creación de medios de vida alternativos que hagan más rentable la paz que la guerra.

Desde una mirada de gestión, este punto resulta especialmente relevante porque el texto advierte que las empresas pueden quedar vinculadas a estas economías no solo por participación directa, sino también por sus prácticas de abastecimiento, alianzas, subcontratación, silencios estratégicos o falta de trazabilidad en cadenas de suministro. La responsabilidad ética, por tanto, no se limita al cumplimiento formal, sino que exige revisar cómo las decisiones corporativas pueden habilitar, estabilizar o normalizar sistemas de daño.

Sistemas alimentarios

El tercer eje aborda la violencia relacionada con los alimentos. Premilla D’Cruz y Ernesto Noronha parten de imágenes de hambruna en Gaza y otros contextos de guerra, pero amplían el análisis hacia el desperdicio de alimentos. Para los autores, la hambruna masiva vinculada a conflictos y el desperdicio alimentario se ubican en extremos opuestos del consumo, aunque comparten un rasgo común: ambos pueden constituir formas de violencia porque deshumanizan, dañan y afectan la dignidad de las personas.

El ensayo sostiene que la violencia alimentaria no debe limitarse a escenarios de guerra. También puede expresarse en situaciones cotidianas donde existen alimentos suficientes, pero persisten hambre, malnutrición, inseguridad alimentaria y desperdicio. Desde esa perspectiva, los autores proponen entender la violencia relacionada con los alimentos como crisis evitables que ocurren pese a la disponibilidad alimentaria, impulsadas por factores estructurales o conductuales, y causantes de daños físicos y psicológicos.

El documento concluye con una reflexión sobre la responsabilidad de académicos africanos continentales y de la diáspora frente a la violencia en África. Konan Seny Kan y Baniyelme Zoogah plantean que la investigación en management y organizaciones también es una práctica ética, especialmente cuando se produce en contextos atravesados por colonialidad, silencios epistémicos y desigualdad. En ese sentido, el ensayo llama a una academia capaz de interrogar sus propios marcos, visibilizar voces marginadas y contribuir a la justicia social.

En conjunto, el artículo publicado por Journal of Business Ethics instala una advertencia para el mundo organizacional: la ética empresarial no puede reducirse a normas internas, reportes bien diseñados o declaraciones de principios. Debe examinar las condiciones materiales donde operan las empresas, las relaciones de poder que sostienen los mercados y los silencios que permiten que ciertas formas de violencia queden fuera del campo de responsabilidad corporativa.

Comparte este artículo:
NO TE LO PIERDAS

Airbus España alcanza preacuerdo laboral tras conflicto por teletrabajo y condiciones laborales

Empleo bajo presión: OIT advierte impactos laborales de El Niño 2026-2027 en América Latina

Contratación con el Estado: tribunal aclara cuándo puede evitarse la inhabilidad laboral

ARTÍCULOS RELACIONADOS

Menos papel, menores costos: una mejora operativa que apunta a reducir hasta 49% el consumo

La calidad como expresión del liderazgo, la cultura y el bienestar

“Nadie llega solo” | Team building bajo presión: confianza, roles y ejecución

“Nadie llega solo” | Liderar desde el ejemplo: autogestión, feedback y accountability

ÚNETE A NUESTRA COMUNIDAD
RH MANAGEMENT

¡Recibe todas nuestras alertas y noticias al día!