La epigenética sale del laboratorio: cómo cambiar hábitos mejora la salud a los 70

El médico internista Alexandre Olmos propone una revolución silenciosa en el abordaje del envejecimiento, llevando la epigenética al día a día y demostrando que cambiar los hábitos, incluso después de los 60, puede transformar la salud en solo seis meses.

Aunque en la medicina convencional suele asumirse que llegar a los 60 o 70 años con una lista de medicamentos es parte del curso natural de la vida, el médico internista Alexandre Olmos sostiene lo contrario. En entrevista con La Vanguardia, asegura que incluso en edades avanzadas es posible ver mejoras significativas en salud y bienestar, siempre que se trabaje con un enfoque personalizado y se modifiquen hábitos de forma sostenida.

Olmos, experto en epigenética y envejecimiento saludable, plantea que la clave está en aplicar de forma práctica los hallazgos científicos sobre cómo el entorno y el estilo de vida influyen en la expresión de los genes. “Lo importante es la epigenética, es decir, cómo nuestro entorno, nuestra dieta, el ejercicio, el descanso o el estrés regulan los genes”, explica, destacando que esta ciencia permite intervenir en la salud desde la base, sin recurrir a una medicalización excesiva.

Para ello, propone estrategias accesibles que permiten medir marcadores de envejecimiento y estrés oxidativo a través de muestras simples —como cabello, saliva, sangre o heces— y, con esos datos, diseñar intervenciones concretas. “Esto permite saber en qué punto estamos y qué estamos haciendo mal, para corregirlo de forma personalizada”, afirma Olmos.

Mejorar la salud en seis meses

Una de las premisas más relevantes de su propuesta es que los beneficios pueden observarse en un periodo corto de tiempo. “En seis meses ya se pueden notar mejoras significativas”, asegura el especialista, siempre que los cambios en la rutina estén adaptados a cada individuo. Lejos de fórmulas universales o recetas genéricas, insiste en que cada cuerpo responde distinto y que la clave es construir un plan propio.

Esto incluye cambios en alimentación, ejercicio físico, gestión del estrés y descanso. Según Olmos, el estilo de vida es un potente regulador epigenético, capaz de activar o desactivar genes relacionados con la inflamación, el envejecimiento y la aparición de enfermedades crónicas.

Su abordaje apunta a lograr que las personas lleguen a la vejez con una mejor calidad de vida, y no solo con más años. Por ello, insiste en que la prevención debe ir más allá de los chequeos médicos o la toma rutinaria de medicamentos. “Tenemos asumido que a partir de los 50 o 60 años es normal tomar una pastilla para la tensión, otra para el colesterol y otra para dormir. Pero no debería ser así”, advierte.

Más allá de la dieta: hábitos con base científica

En cuanto a la alimentación, Olmos defiende una adaptación de la dieta mediterránea, con énfasis en la eliminación del gluten y los productos ultraprocesados, así como el alcohol y los dulces. También sugiere considerar el ayuno intermitente para personas sanas mayores de 60 años, como una forma de activar mecanismos epigenéticos beneficiosos.

“El objetivo es que el organismo funcione mejor, no solo envejecer más lento, sino hacerlo con mayor bienestar”, explica, insistiendo en que la longevidad debe ir acompañada de salud física y mental.

Su propuesta se sitúa en un terreno intermedio entre la medicina tradicional y las terapias de bienestar, con el respaldo de investigaciones científicas que avalan la influencia de los hábitos sobre la expresión genética. Así, Olmos se convierte en un portavoz de una medicina proactiva, que invita a las personas a ser protagonistas de su salud.

Epigenética accesible y con impacto

El planteamiento de Olmos no requiere tecnologías complejas ni tratamientos costosos, sino una revalorización del poder que tienen decisiones cotidianas sobre el organismo. “La epigenética no es algo abstracto, sino una herramienta que puede guiar cambios concretos”, sostiene, y propone que esta información se democratice y se traduzca en planes de salud accesibles para la población general.

Su enfoque también desafía el paradigma de que el envejecimiento es sinónimo de deterioro inevitable. Al contrario, apunta a una nueva narrativa: que envejecer puede ser una oportunidad para rediseñar el estilo de vida y alcanzar un nuevo equilibrio físico y emocional.

Desde su experiencia médica, ha visto casos en los que, a través de intervenciones personalizadas, personas mayores logran reducir su medicación, mejorar su energía y alcanzar un bienestar que creían perdido. “A veces lo que se necesita no es una pastilla más, sino un cambio de rutina”, concluye.

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