Por Ricardo Nanjari. Consultor en Gestión de Personas, Profesor y Coach.
Si comparamos la cultura corporativa con un género o estilo musical podemos decir que esta define el ritmo del trabajo, la forma en que los equipos se relacionan y la manera en que la empresa evoluciona hacia el mercado.
Cuando la cultura no se gestiona adecuadamente, puede derivar en un reguetón repetitivo y desordenado. Si se direcciona con propósito, puede alcanzar la solidez del rock, la estructura de la música clásica o la creatividad del jazz.
Veamos cómo cada una de estas expresiones musicales puede inspirar distintos tipos de culturas corporativas.
Cultura reguetón: energía sin dirección
El reguetón es un género musical de origen caribeño que tiene una energía vibrante y un gran impacto en el corto plazo. En una cultura corporativa “reguetonera”, el ritmo de trabajo se puede volver acelerado, las decisiones se empiezan a tomar en forma rápida y se persiguen tendencias sin un plan sólido.
Es posible que se pierda el propósito y se ponga todo el foco en el producto o el servicio. Las prácticas se copian en forma mecánica, sin profundidad ni innovación.
Los valores se vuelven superficiales y sirven solo a nivel de marketing. Las colaboraciones empiezan a ocurrir más por conveniencia que por tener una visión compartida. La organización cambia de estrategia según la moda empresarial del momento.
Una cultura tipo reguetón es atractiva y dinámica, pero puede volverse frágil y volátil si no se le da dirección. Si solo busca ser viral, pero carece de un legado sólido, puede perder su propósito y sus valores.
“Prefiero vivir y perder que no haber vivido nada”, Chino & Nacho.
Cultura rock: identidad fuerte y evolución estratégica
El rock surge del blues y del country, con elementos del jazz y de la música clásica. Es un género que ha perdurado en el tiempo y ha evolucionado al rock progresivo, heavy metal y el rock alternativo, entre otros.
Representa una cultura corporativa con valores sólidos y un sentido de pertenencia. Es una cultura donde la pasión y la estrategia conviven. Existe un propósito claro, y como en una banda, cada colaborador tiene su rol claramente definido para aportar su talento en armonía con los demás. Se innova sin perder la esencia, no se sigue modas efímeras, sino que se busca construir una reputación duradera.
Las empresas con cultura rock evolucionan sin perder su naturaleza. Son apasionadas y comprometidas, pero también estructuradas y capaces de reinventarse sin perder credibilidad. El tener un propósito claro y valores definidos y vividos, puede facilitar la adopción de estrategias que las conduzcan al éxito.
“A veces, las preguntas son complicadas y las respuestas son simples”, Pearl Jam.
Cultura clásica: tradición, orden y excelencia
Cuando se habla de música clásica, muchas veces se utiliza como sinónimo de música académica o erudita, abarcando períodos que van desde el Barroco hasta parte de la música contemporánea. La música clásica es precisión, estructura y perfección.
Una cultura corporativa “clásica” sigue reglas claras, con jerarquías definidas y un profundo respeto por la tradición organizacional. Tiene una estructura que prioriza la calidad, el orden y la planificación. Se evitan los cambios bruscos por lo que se opta por la gradualidad en los cambios.
Las empresas con una cultura clásica pueden alcanzar altos niveles de excelencia, pero deben cuidarse de no volverse demasiado rígidas e inflexibles ante la evolución del entorno.
“Haz lo necesario para lograr tu más ardiente deseo y acabarás lográndolo”, Ludwig van Beethoven.
Cultura jazz: improvisación e innovación
El jazz es un género musical que nace de las comunidades afroamericanas de Nueva Orleans y tiene una identidad difícil de delimitar, siendo la combinación perfecta entre estructura y espontaneidad.
En una cultura corporativa de “jazz”, la creatividad es clave, y se fomenta la flexibilidad y la adaptabilidad. En ella se desarrolla una improvisación con sentido, es decir se promueve la creatividad dentro de un marco flexible.
Los equipos trabajan de manera dinámica y adaptable, experimentando con nuevas ideas y enfoques en un aprendizaje constante. Las empresas no temen probar cosas nuevas, pero con una dirección clara.
Una empresa con cultura jazz está siempre en evolución, encuentra oportunidades en la incertidumbre y está dispuesta a desafiar lo establecido para mejorar.
“En el jazz no hay notas equivocadas, sólo oportunidades de descubrir algo nuevo”, Miles Davis.
¿Qué son las técnicas en gestión de personas?
Siguiendo la metáfora, si la cultura organizacional define el género, entonces las técnicas de gestión de personas vienen a ser los instrumentos y arreglos, que le dan forma y estructura a la música.
Por ejemplo, una cultura reguetón podrá buscar la inmediatez, con reclutamientos ágiles e incentivos de corto plazo, en cambio, una cultura rock se preocupará de encontrar el mejor talento y tener incentivos por logros. Los instrumentos se eligen según el propósito y resultados que se desea obtener.
“La característica de todo gran pianista no es ignorar la técnica, sino olvidarla”, Alfred Cortot.
¿Cuál es el mejor ritmo en una empresa?
Cada cultura corporativa tiene sus fortalezas y desafíos. Una empresa puede tener elementos de varios estilos, pero lo importante es reconocer cuál predomina y si está alineado con su propósito y objetivos:
Si la cultura es reguetón, hay que darle profundidad y dirección.
Si es rock, debe seguir evolucionando sin perder autenticidad.
O si es clásica, debe ser flexible para no quedar obsoleta.
En caso de ser jazz, debe equilibrar la improvisación con la estructura.
Al final, una cultura corporativa bien gestionada puede ser una sinfonía, en la cual cada colaborador aporta su talento para construir una obra maestra.
“El arte de dirigir, es saber cuándo se debe abandonar la batuta, para no molestar a la orquesta”, Herbert Von Karajan.
Las palabras tejidas en esta columna son el eco singular del autor, sin ataduras ni corsés editoriales. Aquí, la responsabilidad recae en quien escribe, no en las creencias de RH Management