La crítica escéptica a la felicidad en el trabajo

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Por Ignacio Fernández, Director Departamento Psicología Organizacional Universidad Adolfo Ibáñez. Publicado en RHM 90.

Sintetizo las principales críticas que realizan los escépticos y detractores de la emergencia del tema de la felicidad en el trabajo. Para algunos la felicidad solo es posible en el ámbito individual. Solo derivaría del desarrollo de la compasión o de la evolución espiritual personal.

Otros consideran que la felicidad es una promesa utópica en sí misma y que el hecho de plantear el tema impondría una obligatoriedad de ser feliz. No son pocos los que consideran que la felicidad en el trabajo es un tema superficial, banal e impracticable, pues la vida es bastante más seria que esto.

Se plantea que la felicidad en el trabajo es un tema irrelevante pues no es un objetivo organizacional la promoción de la felicidad sino de la rentabilidad y creación de riqueza. Desde el rol del trabajo para la vida humana, se plantea que no es función del trabajo producir felicidad, bienestar ni disfrute, sosteniendo una mirada de “ganarse el pan con el sudor de la frente”.

Un conocido psicoanalista estima que hablar de felicidad es una instalación deliberada para crear un nuevo mercado del cual beneficiarse, para administrar las incautas necesidades de las personas, exacerbando el consumo tras la idea subyacente de “a mayor consumo, mayor felicidad”. La felicidad se concebiría como un bien de consumo y un mercado potencial a ser desarrollado. Lo homologan al mercado de la espiritualidad o de la autoayuda. Una moda efímera que ya pasará.

Promover felicidad en el trabajo podría ser una estrategia distractora para no hacerse cargo de mejorar las malas condiciones laborales imperantes en la mayoría de las empresas, especialmente micro, pequeñas y medianas empresas. Una suerte de estrategia de marketing y manipulación a los trabajadores. Algunos académicos estiman que levantar el tema de la felicidad es una estrategia de silencio activo para acallar la movilización laboral y los reclamos de los trabajadores, distrayendo la atención.

Unos pocos consideran que la felicidad es un discurso de control social en el capitalismo contemporáneo. La felicidad sería un objeto social al servicio de un conglomerado de empresas que actúan coordinadamente, el ‘Management Fashion Arena’, cuya lógica sería maquillar y hacer atractivas, digeribles y aceptables las malas condiciones y relaciones laborales.

La felicidad sería un escudo enceguecedor para continuar explotando a los trabajadores, manteniendo controlados a los sindicatos y cualquier forma de participación laboral. Incluso desconfían de cualquier forma de gestión participativa en la organización que se articule en una estrategia de promoción del bienestar en el trabajo.

Cerramos los argumentos escépticos con la mirada de la sospecha conspiradora: quienes promueven felicidad son mandatados por “los oscuros” que quieren mantener el control socioeconómico mediante estrategias blancas y de fácil sensibilización humana.

Algunos de estos argumentos resuenan en muchos de nosotros y contienen un conjunto de análisis críticos e inquietudes de las cuales es imprescindible hacerse cargo y reflexionar con profundidad. Cualquier estrategia seria de promoción del bienestar psicológico y el florecimiento humano debe abordar las dificultades estructurales del sistema capitalista, la brutal inequidad que ha generado entre países, grupos y personas, y pensar en reformas profundas que permitan que el bienestar económico se distribuya de manera más justa y razonable como piso higiénico para el bienestar psicosocial.

Lo curioso es que justamente las estrategias de generación de felicidad en el trabajo pueden estar insertas en dicha mirada de mejoramiento de los síntomas y afrontamiento de las dificultades actuales en muchas organizaciones, generadas causalmente por un paradigma valórico dominado por la exclusiva primacía del capital económico y la rentabilidad a todo evento.

Aludir a la incompatibilidad entre escépticos y promotores de la felicidad organizacional muestra una tensión paradigmática difícil de salvar. No está en mi intención demonizar a los escépticos, pues comparto algunas de sus críticas, ni en santificar a quienes promueven felicidad. Aspiro a que seamos capaces de generar alguna perspectiva de análisis que nos permita movilizarnos hacia el desarrollo y la promoción del florecimiento humano en las organizaciones, con dos focos: resolver las dificultades laborales actuales e implementar prácticas de felicidad que generen resultados para la organización y bienestar subjetivo para los trabajadores.

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