Justicia reparadora: ONU releva deuda histórica con africanos y afrodescendientes

Una nueva serie de materiales explica por qué la justicia reparadora sigue siendo una deuda pendiente frente a los legados de la esclavitud, la trata de africanos esclavizados y el colonialismo, y plantea que su abordaje exige verdad, reconocimiento, reparación y garantías de no repetición.

La justicia reparadora para africanos y personas afrodescendientes volvió a instalarse en la agenda internacional luego de que, el 17 de noviembre de 2025, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos publicara una serie de materiales explicativos que ordenan el debate desde una perspectiva de derechos humanos y subrayan la necesidad de enfrentar un pasado que, según ese organismo, no ha sido plenamente asumido ni reparado por los países con legado de esclavitud, trata y colonialismo.

El punto de partida del documento es contundente: más de 30 millones de personas fueron arrancadas violentamente de África para ser esclavizadas, y ese proceso histórico no quedó confinado al pasado. La serie sostiene que sus consecuencias continúan afectando la vida de africanos y personas afrodescendientes, por lo que la justicia reparadora no se plantea solo como una revisión histórica, sino como una respuesta urgente a desigualdades que persisten en el presente.

En esa línea, el material plantea que las demandas de reparación han crecido en distintas partes del mundo y que algunos Estados, universidades, grupos religiosos y empresas que se beneficiaron, o continúan beneficiándose, de esos legados han comenzado a actuar. Sin embargo, el contenido remarca que ninguna sociedad marcada por ese pasado ha afrontado por completo los daños causados ni sus impactos negativos actuales.

Memoria y verdad

Uno de los ejes centrales de la serie es la precisión conceptual. El material distingue entre reparación y justicia reparadora, y advierte que la reparación no debe reducirse a una compensación económica. Desde el marco del derecho internacional, se la presenta como un conjunto de medidas materiales y simbólicas destinadas a remediar violaciones graves de derechos humanos de manera adecuada, efectiva y proporcional al daño sufrido.

Dentro de esas medidas, el documento enumera restitución, compensación, rehabilitación, satisfacción y garantías de no repetición. También incorpora acciones como la búsqueda de la verdad, las disculpas formales, la divulgación pública de los hechos, las conmemoraciones y los tributos a las víctimas. La idea que recorre toda la serie es que la magnitud de la esclavitud, la trata y el colonialismo, así como la transmisión intergeneracional de sus efectos, exige respuestas amplias y sostenidas.

El material también vincula esta discusión con compromisos ya reconocidos por los Estados. En particular, recuerda que la Declaración y Programa de Acción de Durban reconoció que la esclavitud y la trata de esclavos constituyen un crimen de lesa humanidad y estableció su relación con el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y otras formas conexas de intolerancia. Sobre esa base, la serie refuerza que la justicia reparadora no puede separarse del combate al racismo estructural.

Impacto actual

Lejos de plantear el problema como una deuda exclusivamente moral o histórica, la publicación insiste en que la justicia reparadora responde a desigualdades concretas de hoy. El racismo sistémico que enfrentan africanos y personas afrodescendientes aparece descrito como una consecuencia profundamente arraigada en esos legados históricos, visible en prejuicios, estereotipos y prácticas discriminatorias que atraviesan la vida cotidiana y las instituciones.

Entre los ejemplos que identifica el documento figuran la mayor exposición a la pobreza, las dificultades para acceder a vivienda adecuada, salud, educación y empleo de calidad, así como la sobrerrepresentación en entornos segregados, desfavorecidos o peligrosos. También se menciona el menor acceso a espacios de poder e incidencia, las barreras para la participación en la vida pública y la persistencia de violencia motivada por el racismo, discursos de odio y crímenes discriminatorios.

La serie agrega que estas desigualdades se expresan de forma especialmente grave en la relación con las fuerzas de seguridad y los sistemas de justicia penal, donde describe prácticas como el perfilamiento racial, el hostigamiento policial, detenciones arbitrarias, uso excesivo de la fuerza e impunidad. A ello suma el impacto diferenciado en niños, mujeres y niñas afrodescendientes, quienes enfrentan exclusiones y formas múltiples e intersectadas de discriminación.

Medidas posibles

En términos prácticos, la publicación propone un paquete integral de medidas para avanzar en justicia reparadora. La búsqueda de la verdad aparece como una de las primeras, no solo para establecer hechos históricos, sino también para hacerlos públicos, modificar discursos arraigados y generar apoyo social para el cambio. En ese recorrido, el material muestra que los procesos de verdad pueden derivar en reconocimientos formales, disculpas públicas y otras acciones de reparación.

También se plantea la necesidad de disculpas institucionales claras, centradas en las víctimas, con perspectiva de género y acompañadas por medidas concretas. La serie enfatiza, además, la participación significativa de las comunidades afectadas en la definición de esas respuestas, tanto en su contenido como en su oportunidad y forma. La reparación, según esta lógica, no puede construirse sin quienes han cargado históricamente con sus consecuencias.

Otro componente clave es la memorialización. El documento propone preservar la memoria mediante conmemoraciones, museos, tributos y revisión de espacios públicos vinculados a personas o símbolos asociados con la esclavitud y el colonialismo. A ello suma la restitución de restos humanos y patrimonio cultural extraído o saqueado como otra vía de reparación, junto con la compensación por daños económicos y sociales acumulados.

La serie, en definitiva, presenta la justicia reparadora como una condición para construir sociedades más justas e inclusivas. No la ubica como un gesto simbólico aislado ni como una discusión cerrada sobre el pasado, sino como una agenda de transformación que busca reconocimiento, responsabilidad y reparación frente a desigualdades que, según el propio material, continúan moldeando el presente.

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