En Madrid, Jonathan Brill, futurólogo de Amazon y asesor de grandes multinacionales y organismos públicos de EE UU, sostuvo que la inteligencia artificial ya entró en una fase de madurez y que su despliegue reconfigurará la forma de trabajar en los próximos años, con trabajadores volcados a funciones de mayor valor para las empresas, según declaró a El País al advertir que las organizaciones aún no alcanzan a dimensionar el impacto que tendrán la robótica y otros avances tecnológicos.
La visión de Brill parte de una idea central: el cambio ya está en marcha y las compañías deben prepararse para operar en un escenario distinto. En sus recorridos por ciudades de Estados Unidos, relató que observa robots repartiendo pizzas y otros desarrollos que, a su juicio, anticipan un salto más profundo en la relación entre tecnología, productividad y empleo. En ese marco, explicó que su trabajo consiste en ayudar a empresas y organizaciones a entender cómo será el mundo en cinco años y cómo posicionarse mejor frente a ese nuevo contexto.
Esa adaptación, según plantea, no puede pensarse como una respuesta tardía. Brill escribió junto a Stephen Wunker el libro La IA y la organización pulpo, publicado en español en octubre, y además prepara un nuevo volumen orientado a que las empresas puedan ajustarse a esta revolución. Su punto de partida es que la IA, masificada para gran parte del público desde el lanzamiento de ChatGPT en noviembre de 2022, es en realidad una tecnología que lleva siete décadas de desarrollo y que recién ahora alcanzó una etapa de madurez visible para el mercado.
Más valor
Sobre el impacto laboral, Brill se mostró optimista. Frente a los temores por una posible destrucción de puestos de trabajo, afirmó que “la IA haga más tareas no implica que vaya a destruir empleos”. Su argumento es que, a medida que la tecnología absorba parte de las labores, los trabajadores podrán desempeñarse mejor y concentrarse en actividades más creativas y con mayor aporte para la organización. En esa línea, llevó su planteo al extremo al sostener que, en los próximos años, cualquier trabajador será 30 veces más inteligente gracias a la asistencia de la IA.
Para respaldar esa discusión con datos, el artículo menciona un estudio publicado en diciembre por el Instituto Universitario Valenciano de Investigación en Inteligencia Artificial, de la Universidad Politécnica de Valencia, según el cual alrededor de dos de cada 10 empleos en España ya están expuestos a la IA. Sin embargo, la propia investigación aclara que esa exposición no supone necesariamente sustitución o pérdida de puestos, sino una modificación de tareas y una transformación de la manera en que se organiza el trabajo.
El punto, entonces, no es solo cuánto trabajo podrá ejecutar la IA, sino cómo cambiará la combinación entre capacidades humanas y tecnológicas dentro de las empresas. En la mirada de Brill, el desafío organizacional pasa por entender que el contexto es nuevo y que la ventaja no estará únicamente en incorporar herramientas, sino en rediseñar funciones, procesos y criterios de creación de valor. Desde esa perspectiva, la conversación sobre IA ya no se limita a automatización, sino que se desplaza hacia productividad, creatividad y adaptación.
Próxima ola
Brill también proyectó cuál podría ser la siguiente gran revolución tecnológica. Sin dudar, apuntó a la computación espacial, una tecnología que no se relaciona con la exploración del espacio exterior, sino con formas avanzadas de procesamiento de datos que integran lo físico y lo digital. Según explicó, todavía puede parecer ciencia ficción, pero ya empieza a instalarse en la conversación pública y empresarial. Entre los ejemplos de esa interacción mencionó las gafas de realidad virtual desarrolladas por compañías como Meta y Apple.
Esa proyección amplía el foco más allá de la IA generativa y refuerza la idea de que las empresas enfrentan una transformación de varias capas. Para Brill, la robótica, la capacidad de la IA de avanzar hacia mayores niveles de autonomía y la convergencia entre entornos físicos y digitales forman parte de un mismo proceso. Por eso insiste en que todavía no se está comprendiendo del todo la magnitud del cambio que pueden producir estos desarrollos en los próximos años.
Marco global
Aunque la entrevista se detiene especialmente en el impacto de la tecnología sobre empresas y empleo, Brill también inscribe este proceso en una disputa geopolítica más amplia. Allí ubica futuras tensiones en torno a recursos naturales, energía, capacidad industrial y control de infraestructuras estratégicas. En ese marco, menciona el canal de Panamá como próximo punto de conflicto, vincula las intervenciones de Estados Unidos en Venezuela e Irán con restricciones energéticas hacia China, y proyecta que el crecimiento de China e India aumentará la presión por materias primas en los próximos años.
Desde esa lectura, la discusión sobre trabajo y tecnología no puede separarse del nuevo orden mundial que, según Brill, ya comenzó a configurarse. En ese escenario, también considera que la UE necesitará más federalización y una mayor capacidad industrial para no quedar como observadora pasiva. Su planteo final, así, conecta transformación laboral, estrategia empresarial y competencia global en una misma secuencia: la IA ya dejó de ser una promesa y empieza a convertirse en una fuerza concreta de reorganización del trabajo.