“Jappening con ja”: la normalización del acoso laboral

En su reciente columna de opinión, Magdalena Garcés Ojeda, académica de la Escuela de Psicología UC, y Rodrigo Finkelstein, docente del Diplomado Herramientas para la Gestión y Promoción de Ambientes Laborales Saludables de la Universidad Alberto Hurtado, abordan las causas estructurales e históricas del acoso laboral. Analizan cómo el programa humorístico "Jappening con Ja" contribuyó a la normalización de estas conductas a través de su icónico sketch "La oficina".

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Por Magdalena Garcés Ojeda, académica Escuela de Psicología UC y Rodrigo Finkelstein
docente del Diplomado Herramientas para la Gestión y Promoción de Ambientes Laborales Saludables, Universidad Alberto Hurtado. Autor de libros sobre seguridad, salud y bienestar en el trabajo.

El flagelo del acoso laboral, que hoy en día se está visibilizando en los más variados lugares de trabajo, especialmente en el sector educación, salud y comercio, posee causas estructurales e históricas que van más allá de las características personales de los acosadores(as) y sus víctimas. Entre estas, es posible identificar el rol de los medios de comunicación como agentes de socialización, normalización y estabilización de conductas de acoso laboral.

Por años, los canales de televisión, en su búsqueda frenética de rating, han transmitido programas que presentan el acoso como una conducta normal y aceptable. El célebre sketch “La oficina”, del programa humorístico “Jappening con ja”, constituye el arquetipo de la normalización mediática del acoso laboral. Desde 1978 hasta el 2003, con algunos años intermedios de tregua, los chilenos aprendimos con “La oficina” a reírnos del acoso laboral y a naturalizarlo como algo simpático e idiosincrático del ambiente laboral. Vale la pena recordar este sketch a la luz de la Ley Karin (Ley 21.643) sobre acoso laboral.

Cada capítulo de “La oficina” comienza con la llegada del jefe autoritario y déspota: “Zañartu”, interpretado por Eduardo Ravani, quien sin mediar acción ni palabra despliega un brutal acoso hacia Gertrudis, la sumisa y trabajadora secretaria interpretada por Gloria Benavides. A gritos y delante de los propios compañeros de trabajo, la ridiculiza, descalifica, presiona indebidamente, amenaza y maltrata: “¿Qué mira usted con esa cara de lechuza?”; “¡siga trabajando!”; “¿tiene todo listo?”; “¿me hizo las 1200 facturas?”; “¡que me importa, yo le pago para trabajar!”. Esta escena de acoso descendente es acompañada con risas pregrabadas para que la audiencia asimile que estamos frente a algo jocoso y ameno.

Luego, el señor Zañartu continúa con una burda escena de acoso sexual hacia la coqueta secretaria Walkiria, interpretada por Maitén Montenegro en sus temporadas iniciales, y luego la “Señorita Coté”, interpretada por Marilú Cuevas. A través de gestos libidinosos y morbosos que incluyen mirarle el trasero, movimientos de dedos, así como insinuaciones e invitaciones sexuales directas, el señor Zañartu acosa sin escrúpulos a esta funcionaria. Todo esto suplementado de unas palmaditas que el mismo Zañartú se da en la mejilla diciendo “mata, mata”, para darse ínfulas de galán.

En algunos episodios es posible ver al señor Zañartu persiguiéndola en su despacho con los brazos alargados tratando de cogerla mientras ella arranca angustiada, afligida y asustada. Lo supuestamente “divertido” de esta escena es que no existe consentimiento, porque si existiera esta sería una escena romántica, la cual no lo es. No obstante, a los televidentes les queda claro que el acoso sexual en el trabajo es algo normal y simpático que nos debe tener a todos sin cuidado.

El acoso horizontal entre pares es ejercido principalmente por Evaristo Espina, interpretado por Jorge Pedreros, y Ricardo Canitrot, interpretado por Fernando Alarcón. Si bien Evaristo Espina trata de forma prepotente, despreciativa y desdeñosa a todos sus pares, en un intento por congraciarse con su jefe, a quien llama “don Zañartutito”, la mayor intensidad en el acoso horizontal ocurre con Canitrot.

En varios episodios es posible ver cómo Espina y Canitrot se insultan, se descalifican y se ridiculizan mutuamente, incluso se dan de manotazos. Apodado como “chupamedias” por Canitrot, Espina es constantemente vejado y representado como un funcionario adulador y zalamero. Por su parte, Espina llama a Canitrot “beodo”, haciendo alusión a su afición por el alcohol y su vida licenciosa. Las descalificaciones y el maltrato entre ambos es la tónica en cada capítulo de “La oficina” y, por supuesto, siempre acompañados de risas pregrabadas para educar a la audiencia sobre lo divertido de este tipo de conductas.

Si bien a lo largo de los capítulos van apareciendo nuevos personajes, nada cambia en la oficina en cuanto al acoso laboral como fórmula humorística. De hecho, el acoso laboral se va incrementando en su caracterización, amplitud y refinamiento, encontrando en los nuevos personajes nuevas y creativas formas de descalificaciones, insultos y maltrato en sus tres direcciones clásicas: descendente, horizontal y ascendente.

Aun cuando debemos ser conscientes de no caer en el “presentismo” y juzgar un programa, sin considerar el contexto económico, sociocultural y político –que en este caso corresponde al período de dictadura– que le dio origen y forma, es importante, a la luz del momento actual, poder generar cierta reflexividad y toma de conciencia respecto del modo en que ciertos estereotipos en términos de personajes, vínculos y dinámicas interpersonales que promueven el acoso laboral se han ido instalando en nuestra sociedad.

Actualmente, según cifras de las propias mutuales, alrededor de un 55% de las enfermedades mentales laborales es causado por acoso y violencia, cifras que están lejos de ser una broma. Al respecto, “La oficina” nos ilustra el alcance del libre mercado en los medios de comunicación, donde los imperativos económicos terminan socavando libertades y derechos fundamentales de una sociedad, como lo es trabajar en un lugar libre de acoso laboral.

Aquí tenemos un desafío importante como país, donde la promulgación de la nueva Ley de Acoso debe ir acompañada de espacios de reflexión y concientización respecto de aquellas conductas abusivas, actos agresivos y hostiles que forman parte de nuestra cotidianidad y que por algún motivo hemos ido normalizando y banalizando, generando malestar y sufrimiento en el trabajo. Esto requiere un pensar consciente y colectivo, que permita abordar la naturalización del maltrato en ciertos ambientes laborales y trabajar en el fortalecimiento de vínculos de confianza y colaboración que promuevan el cuidado en los espacios de trabajo.

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