Una inteligencia artificial desarrollada en Galicia es capaz de detectar señales tempranas de trastornos mentales a través del análisis de publicaciones en redes sociales. El proyecto, liderado por un equipo multidisciplinar y con colaboración de instituciones públicas de salud, busca apoyar el diagnóstico clínico e intervenir a tiempo en casos de riesgo. Así lo reportó el medio Infolibre, que tuvo acceso a los detalles del sistema, su funcionamiento y sus proyecciones.
La herramienta ha sido creada por especialistas en psicología, lingüística, matemáticas e ingeniería informática, quienes se propusieron desarrollar un sistema de IA que, mediante algoritmos de procesamiento de lenguaje natural, analiza los mensajes compartidos públicamente en redes sociales para identificar patrones asociados a trastornos como la depresión, la ansiedad o los trastornos de conducta alimentaria.
Desde el equipo impulsor destacan que el sistema no busca reemplazar el trabajo clínico, sino más bien complementarlo. El valor está en su capacidad de observar a gran escala cómo se expresan las personas en espacios digitales y a partir de ello, generar alertas que puedan traducirse en intervenciones preventivas o seguimientos más personalizados.
Más que vigilar, escuchar
Uno de los pilares del proyecto es el respeto a la privacidad. Los datos que se utilizan provienen únicamente de publicaciones públicas y anónimas, evitando cualquier tipo de seguimiento personalizado o acceso a cuentas privadas. La IA no está diseñada para señalar personas concretas, sino para identificar patrones generales que puedan orientar a los equipos de salud mental sobre tendencias preocupantes o segmentos de población en riesgo.
Esta característica éticamente robusta le otorga legitimidad a la propuesta, especialmente en un contexto donde la vigilancia digital genera creciente preocupación. Aquí, en cambio, se trata de “escuchar sin invadir”, utilizando las herramientas tecnológicas para detectar malestares emocionales que muchas veces se expresan sin filtros en redes sociales.
En los ensayos realizados, la herramienta fue capaz de identificar indicios de trastornos alimentarios con un alto grado de precisión, gracias a un modelo entrenado con textos reales de personas diagnosticadas. También ha logrado buenos resultados en la detección de ansiedad y depresión, y se proyecta su uso para mapear cambios emocionales en poblaciones específicas, por ejemplo, tras una catástrofe o durante crisis sociales.
Colaboración institucional para el impacto social
El desarrollo de esta inteligencia artificial ha contado con el respaldo del Servizo Galego de Saúde (Sergas) y varios centros de salud mental de Galicia. Estas alianzas permiten validar los modelos con casos reales y adaptar la herramienta a las necesidades del sistema público de salud. Se busca, en última instancia, ofrecer a los profesionales clínicos una nueva vía de apoyo para detectar señales de alerta en personas que tal vez aún no han solicitado ayuda.
A largo plazo, el equipo espera que esta tecnología pueda incorporarse a los protocolos de salud pública, siempre bajo criterios éticos y con pleno respeto por la autonomía de las personas. La posibilidad de identificar malestares emocionales desde los discursos digitales abre una ventana de intervención temprana que podría aliviar la carga de los sistemas de salud y, sobre todo, mejorar la calidad de vida de quienes atraviesan crisis silenciosas.
Tecnología con sensibilidad
El proyecto gallego demuestra que la inteligencia artificial no tiene por qué estar reñida con la sensibilidad humana. De hecho, puede amplificar la capacidad de escucha del sistema de salud si se la diseña con propósito social, rigurosidad científica y enfoque ético. Frente a una realidad donde los problemas de salud mental son cada vez más frecuentes y complejos, este tipo de innovaciones representan una oportunidad para actuar antes de que sea tarde.
En vez de esperar a que las personas lleguen a la consulta, esta herramienta propone observar cómo se sienten y se expresan en los espacios donde pasan gran parte de su tiempo: las redes sociales. Sin invadir ni señalar, solo escuchando con atención lo que muchas veces se dice entre líneas.