viernes, octubre 23, 2020

¿Hay violencia en las organizaciones?

La investigadora asegura que en Chile se conoce muy poco sobre las dimensiones organizacionales que posibilitan la existencia de la violencia en el trabajo.

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Elisa Ansoleaga es coordinadora del Programa de Estudios Psicosociales del Trabajo (Pepet) de la UDP. Como investigadora viene estudiando el fenómeno de la violencia en el trabajo. El año 2014 desarrolló la investigación “Dimensiones organizacionales de la violencia en el trabajo en Chile: un estudio en tres sectores económicos considerando diferencias ocupacionales y de género”. El proyecto fue hecho entre el Pepet y el Centro de Estudios de la Mujer (CEM). La investigadora señala que a pesar de no ser un tema emergente o nuevo, opina que cada vez hay más interés en abordarlo. “Me atrevería a hipotetizar que a nivel de discurso, sociedades como la nuestra han avanzado en la perspectiva de derechos y eso vuelve más intolerable aceptar situaciones de violencia en distintos campos”. Además, asegura la experta, existe más evidencia respecto de los efectos negativos que tiene la violencia en múltiples campos, efectos que no son sólo a nivel individual sino también a nivel grupal. “Esos efectos pueden ser muy dañinos, incluso del punto de vista de la producción. Lo complejo que veo es que se ha avanzado mucho a nivel discursivo respecto a dar garantías, desde una perspectiva del derecho, pero no ha ocurrido lo mismo en el cambio de algunas prácticas que están fuertemente influidas por la cultura que tenemos y en ese sentido, creo que hay que tratar de avanzar no solo en tratar de describir bien los fenómenos, sino también ofrecer alternativas de intervención respecto de cómo hay que hacerlo para enfrentar la violencia en el trabajo”.

Ansoleaga señala que en el espacio laboral en nuestro país existe a nivel cultural mucho autoritarismo, maltrato y situaciones de violencia de distinta índole. Más allá de la violencia física que es la más evidente, la violencia en el trabajo adquiere muchas formas, incluso hay una “micro violencia cotidiana” que se relaciona con tratos irrespetuosos. “En la literatura esto se conoce como insibility, que es una especie de incivismo y diría que es el fenómeno más recurrente en Chile”. Elisa cuenta que al presentar el proyecto de investigación sobre violencia, consideraron varias estudios previos donde el tema del maltrato en el trabajo aparecía como un factor relevante y omnipresente. La encuesta de la Fundación Araucaria es un ejemplo, donde el tema del trato y del maltrato aparecía de manera sistemática. Otro trabajo que consistió en una encuesta nacional sobre salud mental y trabajo hecho entre el Pepet y Fundación Araucaria, arrojó “datos bien interesantes”. “Encontramos en la encuesta que las principales víctimas son las mujeres, estamos hablando de violencia general (violencia física, verbal, acoso sexual, acoso sicológico). Por ejemplo, en general las proporciones que se observan es que las mujeres son más víctimas de violencia que los hombres, hay un 12% de mujeres víctimas de acoso sicológica, 15% de agresión verbal o física y un 2,6% de acoso sexual, mientras que en, los hombres el porcentaje era un 10, un 11 y 1% respectivamente, es decir, en todos los casos hay diferencias estadísticamente significativas entre hombre y mujeres”.

La situación de la violencia en el trabajo, según la experta, “ocurre gracias a unas reglas del juego que son bastante más generales y que están dadas por la cultura nacional y por el marco normativo de protección social que tenemos como país”. En ese sentido, la violencia al interior del trabajo nos permite mirar como la sociedad esta aceptando o no cierto tipo de relaciones que exceden a la organización del trabajo. Por eso, en términos de la literatura sobre violencia, la mayoría habla sobre acosos sicológico y buena parte de ella se centra en características de la victima, de los victimarios, etc. “Pero hay muy poca literatura respecto de cuales son las dimensiones organizacionales que posibilitan la existencia de la violencia en el trabajo. Postulamos que sin desconocer que hay ciertas características personales e interaccionales (de la relación de los involucrados), una parte fundamental que no se puede dejar de mirar, es la parte organizacional como son los modelos de gestión o los estilos de liderazgo. Hay sistemas de organización del trabajo en donde las conductas violentas son felicitadas y premiadas. En el retail te dicen que un buen supervisor es aquel que de alguna manera se parece más al capataz estilo taylorista, eso es algo que la institución valora y premia. Ese supervisor a su vez esta constreñido por unas metas que no solo tienen que ver con las ventas, sino también con vender productos financieros, de seguros asociados a los productos etc.”

Para la experta las relaciones de competencia siempre van a generar problemas entre los trabajadores y el estudio les permitió detectar que “la violencia puede darse en múltiples direcciones, no es solo de una jefatura hacia un subordinado, sino también puede ser de muchos subordinados hacia una jefatura o entre pares y ha aparecido fuertemente las relaciones violentas entre compañeros de trabajo”. Sin embargo, la investigación también demostró que las personas les cuesta identificar la violencia en el lugar de trabajo, “ya sea porque está muy naturalizada por estar inmerso en un contexto con mucha violencia o porque son parte de unos estilos de relación propios de una cultura organizacional donde las cosas se hacen así…”. La investigación hecha a través del Pepet se desarrolló en los sectores bancario, del retail y de la industria elaboradora de alimentos. “Tanto en el sector bancario, como en la industria elaboradora de alimentos hay una clara distinción en lo que es el trabajo de la fabrica (en la industria son los que están en la cadena de montaje, haciendo trabajo industrial poco calificado) donde ahí si hay situaciones de violencia mucho más explicita (trabajadores con menos nivel de calificación)”. El sector bancario es un sector muy “contexto- dependiente”, es decir, la situación financiera del banco depende mucho de la economía y de lo que está ocurriendo en el país. Por eso para la académica de la UDP, cuando la institución bancaria entra en crisis se abre un contexto complejo de “todo vale”, se instala mucha presión por resultados y aparecen una serie de actos violentos.

“En Chile, en general, tenemos muy malos jefes. Con la idea del mérito y los ascensos pierdes un buen empleado y te ganas un mal jefe. Si no lo capacitas y no le enseñas que no es lo mismo hacer bien la pega que tener personas a cargo. Esos jefes, como eran muy buenos empleados, tienen un nivel de exigencia muy alto respecto del rendimiento, por lo tanto, lo que terminan haciendo es maltratar a los que eran sus compañeros de trabajo sin ningún resultado positivo”. Hay elementos culturales, pero también de poder, de jerarquía en la organización. “Los que se ubican en la jerarquía ocupacional más baja tienen mayor probabilidad de ser víctima, así mismo las mujeres, es decir, como la sociedad distribuye el poder en función de genero, de clase, de categoría ocupacional, etc.”. Un aspecto interesante de la investigación que lidera Ansoleaga es la aparición de una “violencia externa”, que está asociada a determinados trabajos y que no se considera muchas veces como parte del orden del trabajo. Un ejemplo son los robos en farmacias o a los choferes del Transantiago. La presión interna en estos casos es muy grande y debido a sistemas de organización del trabajo en los que “hay solo metas y competencia, la gente termina matándose y peor aún, quitas la posibilidad de un factor protector como es el apoyo social de pares, el apoyo de los compañeros, que es relevante en esta y otros casos”.

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