Hacia un nuevo horizonte laboral: reflexiones sobre la ley de 40 horas

Chile se prepara para reducir la jornada laboral de 45 a 40 horas a partir del 26 de abril. Gonzalo de la Fuente destaca que este cambio busca mejorar el equilibrio entre la vida personal y laboral, y representa una oportunidad para que las empresas demuestren su compromiso con el bienestar de sus colaboradores.

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Por Gonzalo de la Fuente, académico de la Escuela de Psicología de la UAI, psicólogo, máster en dirección de personas y organizaciones.

Estamos ad-portas de un cambio histórico en Chile, donde la jornada laboral se reducirá gradualmente de 45 a 40 horas. Nos encontramos ante una oportunidad única para que las organizaciones reflexionen sobre la importancia de la conciliación entre la vida personal y laboral. Este cambio legislativo, que arranca este próximo 26 de abril, no es solo una modificación en la cantidad de horas trabajadas, sino un reflejo del anhelo de las generaciones actuales por un equilibrio mayor entre el trabajo y el tiempo para la vida personal.

Las empresas que ya están adaptando sus jornadas a 40 horas semanales están enviando un mensaje poderoso: “aquí valoran el bienestar y la calidad de vida de sus colaboradores”. Este gesto proactivo no solo es una estrategia efectiva para atraer y retener talento, sino que también demuestra una sensibilidad hacia las necesidades y deseos de sus empleados, algo especialmente apreciado por las nuevas generaciones, que privilegian la vida personal y valoran la flexibilidad y la autonomía en el trabajo. Varias empresas importantes han reducido su jornada a 40 horas; Santander, Coopeuch, Wom, Banco Estado, entre otras, incluso hay otras que han llegado más lejos, como Caja los Andes que redujo sui jornada a 39 horas y FirstJob que redujeron la jornada 38,5 y son de las primeras empresas en Latinoamérica en trabajar 4 días a la semana.

Por otro lado, hay organizaciones que, aferradas a culturas laborales rígidas y con baja orientación a las personas, ven esta transición no como una oportunidad para adaptar su cultura a los nuevos tiempos, sino que solo lo hacen como un mero cumplimiento legal. Esta resistencia al cambio es un síntoma de la poca importancia que le dan a sus trabajadores, lo que además se transforma en una oportunidad perdida para sintonizar con las demandas actuales del mercado laboral y las expectativas de las nuevas generaciones.

Además de la reducción de horas laborales, veo con optimismo cómo algunas empresas están implementando cambios significativos en favor del bienestar de sus trabajadores. Desde opciones de teletrabajo, aumentos en los días de vacaciones más allá de lo estipulado por ley, hasta horarios protegidos sin reuniones y beneficios asociados al bienestar integral (emocional, físico, social y financiero), estos ajustes son testimonio de un compromiso genuino por desarrollar una cultura con un fuerte foco en mejorar la calidad de vida de los empleados.

Estamos ante una encrucijada en la que algunas empresas están tomando la iniciativa de mejorar el bienestar de sus trabajadores, mientras que otras parecen esperar a que la ley les obligue a hacerlo. Esta diferencia en la actitud no pasará inadvertida para los empleados. Aquellos que vean a sus empleadores tomar medidas proactivas valorarán estos esfuerzos como una muestra de respeto y consideración. Por otro lado, las empresas que se limiten a hacer estos cambios cuando haya que cumplir con la ley (sin adelantarse a los plazos legales), puede que sus trabajadores perciban estos cambios, no como un beneficio otorgado por la empresa, sino como un derecho largamente adeudado.

Los líderes de áreas de gestión de personas, somos observadores y participantes en este cambio cultural laboral, por lo mismo debemos alentar a las organizaciones a ver más allá de las obligaciones legales y abrazar estas transformaciones como una oportunidad para construir culturas organizacionales más humanos, equilibradas y en la que los empleados se sientan satisfechos. No tomemos la conciliación de la vida personal y laboral solo como una tendencia, sino veámosla como un componente esencial para el bienestar de los trabajadores y la salud de nuestras sociedades. Las organizaciones que comprendan y actúen según esta premisa no solo estarán cumpliendo con un mandato legal de manera anticipada, sino que también estarán liderando el camino hacia un futuro laboral más prometedor y equilibrado para todos.

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