China dio el 17 de julio en Shanghái un nuevo paso en su estrategia para influir en el futuro de la inteligencia artificial, luego de que el presidente Xi Jinping presentara durante la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial una propuesta de cooperación internacional destinada a ampliar la participación de los países en desarrollo y disputar la definición de las reglas globales de esta tecnología. Según informó El País, la iniciativa tiene como principal expresión la Organización Mundial de Cooperación en IA, cuyo acuerdo fundacional fue firmado por 29 países.
El organismo, promovido por Pekín y respaldado inicialmente por países como Rusia, Brasil, Indonesia y Pakistán, busca entregar una estructura institucional a la aspiración china de incidir en la gobernanza internacional de la IA. Xi calificó su lanzamiento como un “hito” y lo vinculó con la demanda de las economías del denominado Sur Global por tener una mayor participación en decisiones que actualmente se concentran en un grupo reducido de Estados y compañías.
La iniciativa también profundiza la competencia entre China y Estados Unidos por el liderazgo tecnológico. Mientras Washington mantiene ventajas en inversión privada, capacidad informática y cantidad de modelos de inteligencia artificial de primer nivel, Pekín busca posicionarse como defensor de una tecnología más abierta y accesible, especialmente para las economías emergentes. La nueva organización aparece así como un posible contrapeso a las alianzas tecnológicas impulsadas por Estados Unidos.
Nueva gobernanza
La propuesta presentada por Xi se estructura en torno a cuatro ejes: apertura e innovación, control de riesgos, respeto por la diversidad cultural y fortalecimiento de una gobernanza multilateral. En este último ámbito, China plantea que Naciones Unidas ocupe un papel central en la construcción de acuerdos internacionales sobre inteligencia artificial.
Pekín acompañó ese planteamiento con compromisos concretos hacia los países en desarrollo. Durante los próximos cinco años, China ofrecerá 5.000 plazas de formación en inteligencia artificial, establecerá centros de cooperación con organizaciones como Asean, la Unión Africana y Brics, y desplegará sistemas chinos de alerta meteorológica inteligente en 30 Estados. Estas iniciativas buscan extender la presencia tecnológica china y fortalecer redes de cooperación con otras regiones.
La estrategia se desarrolla, además, en medio de las restricciones estadounidenses a la exportación hacia China de semiconductores avanzados y de maquinaria necesaria para su fabricación. Pekín considera estos controles como un obstáculo a su desarrollo tecnológico, mientras Estados Unidos los justifica por el eventual uso militar de esos componentes. Frente a este escenario, Xi advirtió sobre el riesgo de ampliar las diferencias tecnológicas entre países y sostuvo que la IA debe convertirse en “una sinfonía de cooperación mundial”.
China también intenta aprovechar espacios internacionales para reforzar su perfil como actor favorable a la cooperación multilateral. La Organización Mundial de Cooperación en IA se suma así a otras redes promovidas por Pekín para ampliar sus conexiones internacionales sin recurrir necesariamente al modelo de alianzas formales desarrollado por Estados Unidos durante las últimas décadas.
Poder tecnológico
Las aspiraciones internacionales de China cuentan con una base tecnológica en expansión. La irrupción de DeepSeek a comienzos de 2025 modificó la percepción sobre la distancia entre las compañías estadounidenses y sus competidores chinos, al presentar un modelo de razonamiento que logró resultados competitivos y que, de acuerdo con la empresa, requirió menos recursos que los sistemas desarrollados por sus rivales estadounidenses.
Desde entonces, compañías como Alibaba, ByteDance, Tencent, Moonshot AI y DeepSeek han avanzado con modelos más potentes y de menor costo. Aunque Estados Unidos continúa liderando en cantidad de sistemas de primer nivel e inversión privada, China encabeza el volumen de publicaciones, citas científicas, patentes y robots industriales instalados. A ello se suma la dimensión de su mercado interno: más de 600 millones de personas utilizaban IA generativa en China a finales de 2025.
Ese avance, sin embargo, enfrenta limitaciones. Las restricciones estadounidenses complican el acceso de las empresas chinas a la capacidad informática necesaria para entrenar los modelos de mayor tamaño, mientras el país todavía depende de tecnología y maquinaria extranjeras en algunas etapas complejas de la fabricación de semiconductores. A esto se agrega una tensión entre el discurso internacional de apertura y las restricciones que rigen dentro de China para los contenidos generados mediante servicios de inteligencia artificial.
Con la creación de una organización internacional dedicada específicamente a la cooperación en IA, Pekín obtiene una nueva plataforma para intentar convertir su capacidad tecnológica en influencia sobre las reglas que definirán el desarrollo de la inteligencia artificial. El alcance de esa estrategia dependerá, de acuerdo con los elementos planteados en la fuente, de su capacidad para ampliar apoyos internacionales y conciliar su defensa de una tecnología abierta con las restricciones que mantiene dentro de sus propias fronteras.
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