Gestionar en tiempos de transformaciones de los cuidados

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Por Natalie Rodríguez Covarrubias, psicóloga, magíster en psicología clínica, doctora en psicología, Pucv, directora en Minga Chile.

Los cuidados han cambiado. Como sociedad, nos encontramos atravesando transformaciones evidentes en cuanto a los cuidados, puesto que las mujeres llevamos décadas ocupando diferentes espacios y roles en el mundo del trabajo, pero aún me sorprendo en la cotidiano, escuchando conversaciones en las que se da por asumido el rol de cuidado en las mujeres. Por ejemplo, las múltiples explicaciones que deben dar los padres para llevar a sus hijos al médico, y entornos que aún cuestionan qué pasó con la madre en estos casos, como si esto fuera una responsabilidad exclusiva de la madre, y tuviese que pasar algo extraordinario para que el padre pueda llevar al médico a los hijos. Por esta razón, necesitamos con urgencia actualizar nuestras formas de comprender las realidades que viven las personas que componen los equipos de las organizaciones chilenas.

En Chile, la realidad es que las mujeres ocupamos más tiempo en el cuidado del hogar; correspondiente a 5,9 horas en mujeres, mientras en hombres es 2,6 horas ; esto se ha visto incrementado desde el inicio de la pandemia, durante la cual hubo un descenso en la cantidad de mujeres dentro de la fuerza laboral. La caída de la participación afectó más a mujeres que a hombres: 2 de cada 3 personas fuera de la fuerza del trabajo, son mujeres (OIT, 2020), esto, debido a motivos de desempleo y pérdida de los servicios de apoyo de los que dependían. 

Respecto a lo anterior, los cuidados recaen generalmente en las mujeres, como ha demostrado la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en reiteradas ocasiones, son quienes, de forma remunerada o no, realizan la mayor cantidad de tareas de cuidados. El trabajo doméstico se naturaliza como si fuera una vocación femenina. Existen tres casos (1) Quienes se encuentran en casa a tiempo completo, reciben escaso reconocimiento y ninguna remuneración. (2) El trabajo doméstico remunerado, como es el caso de las trabajadoras de casa particular, en que tampoco es reconocido y las condiciones laborales son precarias. (3) Finalmente, el caso de las mujeres con trabajos remunerados, que tienen doble trabajo, porque se suma toda la carga del trabajo doméstico, y entonces, dobles jornadas. Nos centraremos en este último caso, pues se presenta en las trabajadoras de los equipos en los que trabajamos y que gestionamos diariamente.

Hemos descrito que esta crisis afecta principalmente a las mujeres, pero también algunos hombres actualmente se encuentran a cargo de los cuidados, y otros están reclamando en sus lugares de trabajo mejores condiciones para hacer el balance trabajo-familia, compartiendo las tareas y apoyando el desarrollo profesional de las madres. Estas realidades emergentes son esperanzadoras (Aguayo, 2021), puesto que permiten generar espacios de cuidado más compartidos, en los cuales las y los trabajadores pudieran protagonizar cambios importantes en los roles de cuidado. Por lo tanto, nos encontramos trabajando en equipos, en los que las esferas laborales y personales se configuran de formas distintas a las de hace una década atrás. 

Esta situación se ha visto intensificada en los últimos años, y estamos experimentando una situación completamente inédita, respecto a las generaciones anteriores (Morini, 2010), las nuevas tecnologías, por un lado presentan múltiples aportes, y por otro funden el trabajo con el trabajador, difuminando cada vez más los límites de la vida personal con la vida laboral, como lo hemos vivido con el aumento del teletrabajo durante la pandemia, en el cual, lejos de la promesa de ser un beneficio para una “nueva independencia” de las mujeres y mayor equidad, la doble jornada anteriormente descrita, se ve intensificada invisibilizando los límites de los tiempos y espacios, incluso pérdida de redes con los equipos que antes eran presenciales. Y estas dificultades han venido para quedarse.

¿Qué hacer?

Urge buscar respuestas a las necesidades de cuidados desde un enfoque de género. Si bien esta situación es compleja y necesitamos enfoque amplio que permita que desde las legislaciones, hasta las distintas comunidades estén alineadas con este propósito, es vital impulsar las iniciativas que adoptan las organizaciones, que sean adicionales a las que establece la ley, destinadas a crear condiciones para que trabajadoras y trabajadores puedan estar presentes en el cuidado, buscando equilibrar los cuidados con el trabajo y equidad entre hombres y mujeres, para el desarrollo de una sociedad más igualitaria y justa. Y así, desarrollar la gestión de las organizaciones del futuro próximo. 

Necesitamos pensar la organización y la gestión desde los cuidados de manera transversal, a nivel del sistema organizacional, viendo mucho más allá de las medidas concretas a implementar, más bien desde un punto de vista que transforme y que sea compartido por los diferentes miembros de los equipos según los tiempos, necesidades, y posibilidades, incluyendo la voz de cada una y cada uno de ellos. Generando un compromiso desde las organizaciones con el cuidado, contribuyendo a un entramado colaborativo, multidireccional,  con las familias, grupos y comunidades.  De esta manera aportar una mirada más actualizada ante los desafíos actuales.

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