Gestión de Personas en transformación: 9 señales de alerta y 9 caminos posibles

Andrés Ossandón Buljevic, director de Proqualitas Consultores, alerta sobre los riesgos de obsolescencia que enfrenta la gestión de personas si no se transforma con urgencia. En su columna, identifica nueve señales críticas y nueve caminos posibles para reinventar el rol de RR. HH. como eje estratégico, ético y anticipatorio dentro de las organizaciones.

Por Andrés Ossandón Buljevic. Director Proqualitas Consultores  Cuando se habla del futuro de las áreas de Personas, suele mencionarse la amenaza de la automatización. En efecto, McKinsey (2023) estima que hasta un 30% de las tareas actuales podrían ser automatizadas en la próxima década. Sin embargo, el riesgo mayor no es ser reemplazado por la tecnología, sino por la inercia organizacional: seguir administrando lo que hay, repitiendo prácticas obsoletas, sin detenerse a imaginar lo que podría ser.  En otras palabras, el verdadero peligro es la “obsolescencia por complacencia”: falta de reflexión, adopción acrítica de modas, absorción irreflexiva y descontrolada de pendientes, débil lectura del negocio, ausencia de metodologías para anticipar escenarios futuros y, sobre todo, la incapacidad de conectar la gestión de personas con el impacto que esperan los clientes y otros stakeholders estratégicos.  Nueve señales de alarma que marcan el riesgo de obsolescencia 
  1. Formación desconectada del futuro. El Future of Jobs Report del Foro Económico Mundial (2023) advierte que el 44% de las habilidades laborales actuales quedará obsoleta en apenas cinco años. Mantener programas genéricos y de bajo impacto es condenar a la organización a la irrelevancia. La formación no debe limitarse al reskilling y upskilling estratégico, sino transformarse en un proceso de aprendizaje continuo, conectado a la estrategia del negocio y orientado también al desaprendizaje de prácticas obsoletas. Solo así las organizaciones podrán sostener su relevancia en un entorno cambiante. 
  2. Evaluaciones y modelos ex post facto Gallup (2022) muestra que solo el 14% de los empleados siente que sus evaluaciones de desempeño lo motivan a mejorar. Persistir en evaluaciones retrospectivas y anuales perpetúa la desmotivación. Pero el problema es más profundo: los perfiles de cargo y modelos de competencias siguen anclados en lo que ya ocurrió, en lugar de anticipar las capacidades que habilitarán el futuro. El desafío es avanzar hacia feedback continuo, métricas predictivas y conversaciones de desarrollo que no solo midan el pasado, sino que preparen a las personas para escenarios posibles. 
  3. Incentivos que desincentivan. Gartner (2023) reporta que el 45% de los colaboradores percibe sus sistemas de incentivos como fuente de frustración. Además, la Shrm (2022) estima que reemplazar a un profesional puede costar entre el 50% y el 150% de su salario anual. Incentivos mal diseñados se transforman en motores de rotación y pérdida de talento. El desafío es trascender el enfoque puramente económico: los reconocimientos más efectivos combinan aspectos financieros con gratificación simbólica, aprendizaje, crecimiento y visibilidad social dentro de la organización. Según McKinsey (2021), el 70% de 
los colaboradores afirma que su sentido de propósito pesa más que la compensación económica en la decisión de permanecer en una empresa. 
  1. Falta de espacios de reflexión y mejora. Según Deloitte (Global Human Capital Trends, 2024), el 70% de los líderes de las áreas de gestión de personas reconocen estar atrapados en tareas operativas, con poco espacio para repensar su rol estratégico. Sin instancias de reflexión y aprendizaje organizacional, la función se reduce a lo inmediato, pierde proyección y capacidad de innovación. El costo es alto: además de limitar su influencia en la estrategia, corre el riesgo de perder legitimidad interna y dejar de ser convocada a las mesas donde se definen los rumbos del negocio. 
  2. Propensión a la moda sin identidad. Harvard Business Review (2020) alerta que muchas organizaciones adoptan metodologías como agile o design thinking sin conectarlas con una visión cultural propia, generando “iniciativas efímeras” sin impacto sostenible. Algo similar ocurre con la expansión de prácticas como el mindfulness o similares: cuando se desconectan de su raíz ética y comunitaria, se convierten en instrumentos de efectividad al servicio del rendimiento, más que en espacios de transformación humana, como advierte Purser (2019). Sin un fundamento identitario sólido, las áreas de personas quedan expuestas a seguir modas pasajeras, acumulando proyectos que generan entusiasmo inicial, pero carecen de profundidad y continuidad. 
  3. Obsolescencia cultural: la ceguera ante la diversidad generacional. Uno de los errores más graves es subestimar la riqueza y tensión que implica tener cuatro o incluso cinco generaciones conviviendo en un mismo espacio laboral. Según Aarp (2022), y del Observatorio de la Conciencia Empresarial ( 2025), nunca antes en la historia habíamos tenido esta diversidad etaria en el trabajo. No reconocer esas diferencias genera políticas homogéneas que resultan irrelevantes para unos, injustas para otros y desgastantes para todos. La consecuencia es doble: pérdida de compromiso y un uso ineficiente de recursos. Lo que hoy se llama “obsolescencia” no es solo tecnológica, sino también cultural: la incapacidad de leer a las nuevas generaciones y de gestionar la convivencia entre ellas. 
  4. Ausencia de metodologías de anticipación. The Conference Board (2023) revela que menos del 20% de las áreas de Personas utilizan análisis de escenarios o foresight en su planificación. Esta carencia deja a la función gestionando con retrovisor, incapaz de preparar a la organización para cambios regulatorios, tecnológicos o sociales. No prever el futuro no solo es una limitación técnica, también es una omisión ética frente a riesgos que pudieron haberse gestionado. 
  5. Desconexión con clientes y stakeholders. Un error frecuente es que las áreas de Personas se conciban solo como soporte interno. Sin embargo, la calidad del servicio, la innovación y la experiencia del cliente final dependen directamente de cómo se gestionan las personas. Según Edelman Trust Barometer (2024), el 62% de los empleados no trabajaría en una empresa que perciben incoherente con lo que promete a clientes o sociedad. Ignorar a los stakeholders externos reduce al área de gestión de personas a un actor aislado del negocio. 
  6. Decisiones sin orientación ética en un contexto de digitalización. La irrupción de la inteligencia artificial y la analítica de datos en la gestión de personas abre enormes oportunidades, pero también riesgos. Según el IBM Global AI Adoption Index (2023), el 85% de las empresas reconoce la necesidad de políticas éticas claras para el uso de IA en gestión de personas, pero solo un 25% las ha implementado. Sin modelos de decisión ética, las áreas de Personas corren el riesgo de automatizar sesgos, comprometer la equidad y perder legitimidad frente a colaboradores y sociedad. 
Nueve caminos posibles de transformación 
  1. De lo fragmentado a la coherencia. Según el estudio de Proqualitas (2024), el 60% de los colaboradores percibe que sus organizaciones no son del todo coherentes. Esto coincide con PwC (2023), que muestra que uno de cada cuatro trabajadores considera dejar su empleo si no percibe coherencia entre propósito, cultura y gestión de personas. Gestión de personas debe pasar de administrar “requerimientos” a diseñar journeys significativos, en línea con propósito, cultura, liderazgo y estrategia. 
  2. De la moda a la identidad. El desafío no es implementar la última tendencia, sino construir un fundamento identitario sólido: ¿qué rol cumple la gestión de personas en la creación de valor? McKinsey (2021) destaca que las organizaciones preparadas para el futuro “saben quiénes son y para qué existen”, articulando propósito, valores y cultura como cimientos de sus prácticas. 
  3. De la evaluación al desarrollo. Microsoft Work Trend Index (2023) muestra que los colaboradores valoran más el feedback continuo que las evaluaciones anuales. Las organizaciones deben avanzar hacia check-ins frecuentes, métricas predictivas y conversaciones de desarrollo orientadas al futuro 
  4. De la administración a la estrategia. Gestión de personas debe convertirse en socio estratégico del negocio, comprendiendo la industria, los desafíos competitivos y el impacto de la cultura en la ejecución. Quantum Workplace (2025) señala que los CEOs esperan que las áreas de personas actúen como puente entre la estrategia corporativa y la experiencia del colaborador, asegurando que cada política esté alineada con los objetivos del negocio. Harvard Business Review (Beer, Boselie & Brewster, 2015; HBR, 2021) subraya que las áreas de gestión de personas solo ganan legitimidad cuando sus prácticas dejan de ser transaccionales y se orientan a crear valor sostenible para la organización y sus stakeholders 
  5. De la reacción a la anticipación. La mayor debilidad de las áreas de personas es gestionar mirando por el retrovisor. Incorporar metodologías de foresight y análisis de escenarios permite actuar como radar estratégico. Según The Conference Board (2023), menos del 20% de los departamentos de gestión de Personas usa estas herramientas; en contraste, el Institute for the Future (2022) muestra que las compañías que aplican anticipación estratégica tienen un 33% más de probabilidades de adaptarse con éxito a disrupciones. Deloitte (2024) añade que la “incertidumbre permanente” se ha convertido en la nueva normalidad, lo que exige a las áreas de Personas pasar de ser administradores de crisis a sensores de futuro. En la misma línea, Harvard Business Review (2022) subraya que integrar el foresight en la gestión de personas permite influir en decisiones críticas de negocio, desde la innovación hasta la expansión internacional. Herramientas como tableros de señales débiles o modelos de horizonte 3 transforman a la gestión de Personas en un actor anticipatorio y no solo reactivo. 
  6. Del desconocimiento al conocimiento profundo de los colaboradores. Una parte significativa de los programas de beneficios y políticas fracasan porque se diseñan sin comprender quiénes son los colaboradores ni qué valoran en realidad. El costo de esa desconexión es alto: Yourco.io (2025) estima que entre un 20% y un 40% del gasto en beneficios se pierde porque los empleados no los utilizan, con pérdidas que ascienden a millones de dólares cada año. Herramientas como InsidePeople®, desarrollada en Proqualitas, permiten mapear motivaciones, estilos y expectativas intergeneracionales, asegurando que las inversiones en personas sean pertinentes y sostenibles. Deloitte (2024) muestra que las empresas que personalizan su gestión aumentan en un 23% el compromiso y en un 17% la retención. Más aún, transformar la convivencia de generaciones diversas en una palanca de innovación, aprendizaje colectivo y cohesión cultural convierte a la intergeneracionalidad en un activo estratégico, en lugar de un factor de conflicto o fragmentación. 
  7. Del bienestar periférico al bienestar integral y sostenible. La OMS (2022) estima que la depresión y la ansiedad cuestan más de un billón de dólares anuales en productividad. En Chile, la Superintendencia de Seguridad Social (2023) informa que el 28% de las licencias médicas se deben a salud mental. El bienestar no puede ser periférico: debe ser un eje estratégico que integre cuidado físico, emocional y social. Deloitte (2022) muestra que priorizar el bienestar incrementa en un 55% el compromiso y en un 42% la lealtad. 
  8. De la mirada interna al impacto en stakeholders. Gestión de personas debe ampliar su foco: no basta con gestionar colaboradores; es necesario entender cómo las decisiones internas impactan en clientes, proveedores, comunidades e inversionistas. La coherencia entre cultura interna y promesa externa es decisiva. Según Edelman Trust Barometer (2025), empresas que combinan confianza interna con acciones visibles hacia sus stakeholders externos logran mayor fidelidad del cliente y mejor reputación. Ignorar a los clientes como stakeholders estratégicos significa perder relevancia frente al negocio y su sostenibilidad futura.
  9. De declaraciones éticas a la orientación eficiente en la toma de decisiones cotidianas. La transformación digital y la irrupción de la inteligencia artificial están redefiniendo la manera en que se selecciona, evalúa y desarrolla a los colaboradores. Sin embargo, sin un marco ético, el riesgo es que las decisiones se automaticen sin considerar justicia, transparencia ni dignidad. Según IBM Global AI Adoption Index (2023), el 85% de las empresas reconoce la necesidad de políticas éticas claras para el uso de IA en la gestión de personas, pero solo un 25% las ha implementado. Promover una cultura ética organizacional implica dotar a las áreas de personas de modelos de decisión ética (como los Normative Ethical Decision Making Models) que orienten a líderes y equipos frente a dilemas cotidianos: desde cómo evaluar a un colaborador con herramientas de IA, hasta cómo diseñar incentivos sin caer en sesgos o inequidades. En palabras de Treviño y Nelson (2021), “la cultura ética no es un accesorio, sino la infraestructura invisible que orienta las decisiones cuando los valores están en juego”. 
Un llamado a reinventar la gestión de personas  El futuro de las áreas de personas se define por su capacidad de cuestionar los patrones instalados y ampliar su mirada. El verdadero riesgo no es que la automatización reemplace procesos, sino que la función insista en prácticas obsoletas, sin identidad, sin reflexión, sin conexión con el negocio y sin consideración de los clientes externos.  La oportunidad está en reimaginar el rol: conocer profundamente a los colaboradores, anticipar escenarios, cuidar integralmente, actuar en coherencia, articular identidad con estrategia, vincular la gestión de personas al impacto real en los stakeholders y promover una cultura ética que oriente las decisiones en un contexto crecientemente marcado por la inteligencia artificial.  La paradoja es clara: el problema no es que la tecnología reemplace a “RH”, sino que este siga gestionando recursos en lugar de cultivar personas en organizaciones coherentes. En el siglo XXI, lo “humano” solo sobrevivirá si RH deja de ser RH.  ¿Están dispuestas las áreas de personas a reimaginar su rol para poner a las personas y a la coherencia estratégica en el centro del valor organizacional? Las palabras tejidas en esta columna son el eco singular del autor, sin ataduras ni corsés editoriales. Aquí, la responsabilidad recae en quien escribe, no en las creencias de RH Management
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