La discusión por el artículo 26 de la Ley Miscelánea abrió un nuevo frente en el mercado laboral chileno, luego de que Michel Fauré, presidente de Otic Proforma y de la Asociación de Otic, advirtiera en entrevista con El Desconcierto que la medida no pondría fin al Sence en su totalidad, sino a la franquicia tributaria que financia parte relevante de la capacitación de trabajadores en empresas.
El punto en debate es la eventual derogación de los artículos que regulan el sistema del 1%, mecanismo que permite a las empresas descontar de impuestos los recursos destinados a formación laboral, con topes asociados a las remuneraciones anuales. Según explicó Fauré, este modelo funciona como un subsidio a la demanda, ya que entrega a las compañías la responsabilidad de definir en qué, cómo y a quién capacitar.
El dirigente sostuvo que esta estructura ha permitido instalar un incentivo concreto para que las empresas formen a sus trabajadores. En sus palabras, el sistema ayuda a romper una barrera cultural persistente: la idea de que capacitar puede ser riesgoso si luego el trabajador cambia de empleo o solicita una mejora salarial.
Sistema vigente
Fauré explicó que el Sence cumple distintas funciones y que la Ley Miscelánea no eliminaría el servicio completo. De acuerdo con su descripción, el organismo participa en intermediación laboral, pago de subsidios, administración del Foncap y franquicia tributaria. Esta última es la que quedaría afectada por el artículo 26.
En ese ecosistema, las Otic cumplen un rol de intermediación entre las empresas y el Estado, administrando los recursos destinados a capacitación y facilitando la fiscalización pública. Las Otec, en cambio, son las entidades que ejecutan directamente los cursos. Para ejemplificarlo, Fauré comparó la función de las Otic con una isapre y la de las Otec con el prestador del servicio.
El presidente de la Asociación de Otic afirmó que el sistema alcanza a más de un millón de capacitaciones al año y que participan cerca de 9.302 empresas usuarias de la franquicia. También señaló que, según datos del Sence citados en la entrevista, la cobertura equivale aproximadamente al 10% de la masa laboral activa.
Uno de los puntos más sensibles es el impacto que podría tener la eliminación de esta herramienta sobre el empleo. Fauré afirmó que la industria asociada a Otec, relatores, servicios de apoyo y otros actores genera más de 35 mil puestos directos y cerca de 80 mil indirectos. Además, advirtió que buena parte de las Otec son pymes, muchas de ellas con estructuras pequeñas y dependencia relevante de este mercado.
Impacto laboral
El debate también cruza la discusión sobre productividad. Fauré cuestionó que el impacto de la capacitación se mida exclusivamente por el aumento salarial posterior, ya que, desde la perspectiva de gestión de personas, existen otros indicadores relevantes, como disminución de rotación, reducción de errores, productividad y accidentabilidad laboral.
En esa línea, sostuvo que atribuir a la franquicia tributaria la responsabilidad de no elevar directamente las remuneraciones sería, a su juicio, una lectura incompleta. “Culpar a la franquicia tributaria y a la capacitación de que no es capaz de subir los sueldos es un poquito exagerado.”, afirmó durante la entrevista.
El dirigente también abordó una crítica frecuente sobre la concentración del beneficio en grandes empresas. Según indicó, se ha planteado que el 88% de la franquicia sería utilizado por grandes compañías, pero aseguró que datos del Sence muestran una distribución distinta: 53% en grandes empresas y 47% en medianas y pequeñas. Aun así, remarcó que el punto central no es solo el tamaño de la empresa, sino el perfil de los trabajadores que acceden a capacitación.
Fauré afirmó que el 70% de los recursos llegaría a trabajadores con escolaridad de cuarto medio o menos, incluyendo personas con educación media incompleta, básica completa o incompleta. Desde esa mirada, planteó que la gran empresa puede operar como un canal para llegar a trabajadores que requieren formación, reconversión y mayores oportunidades de desarrollo.
Mejoras posibles
Aunque defendió la continuidad del sistema, Fauré reconoció que existen aspectos perfectibles. Entre las propuestas mencionadas está la creación de un fondo pyme financiado con parte de la franquicia utilizada por grandes empresas. La idea sería que, si una compañía usa recursos para capacitación, deba destinar al menos un porcentaje a formar a trabajadores de proveedores, contratistas o subcontratistas.
Según explicó, esto permitiría elevar estándares de servicio, cumplimiento normativo y productividad en cadenas de valor más amplias. También señaló que la actual cuenta de reparto ya contempla una lógica similar, pero con rigideces que dificultan su uso y con carácter voluntario.
El debate ocurre en un contexto de transformación acelerada del trabajo, donde la inteligencia artificial, la automatización y nuevas normativas laborales demandan formación continua. Fauré advirtió que, frente a cambios tecnológicos que podrían transformar o eliminar puestos de trabajo, el país no debería debilitar sus mecanismos de capacitación.
Por ello, el llamado de la Asociación de Otic es rechazar el artículo 26 y abrir una discusión orientada a mejorar la franquicia tributaria, en lugar de derogarla. Para el ecosistema de recursos humanos, el debate deja instalada una pregunta de fondo: cómo fortalecer la empleabilidad y la reconversión laboral sin desarmar herramientas que hoy sostienen buena parte de la capacitación en empresas.
Revisa la entrevista completa aquí: