Según publicó La Vanguardia, a partir de un reportaje de The Wall Street Journal, cinco voces influyentes del mundo tecnológico y académico explicaron qué conversaciones sostienen con sus hijos, de entre seis meses y 26 años, sobre estudios, empleo y automatización, en medio del avance de la IA sobre tareas que hasta hace poco parecían exclusivamente humanas.
El punto de partida es compartido: todos reconocen que reflexionan sobre el impacto que la IA puede tener en el mercado laboral, aunque ninguno lo plantea en términos de pánico. Más bien, sus respuestas apuntan a identificar qué capacidades conservarán valor en un entorno donde las herramientas automáticas asumen cada vez más funciones.
Esa mirada combina cautela y pragmatismo. La inquietud no pasa solo por elegir una carrera, sino por anticipar qué tipo de preparación puede ofrecer mayor resiliencia ante cambios acelerados, en un escenario donde la tecnología ya escribe, calcula, propone respuestas y modifica la forma en que se organiza el trabajo.
Habilidades que no pierden relevancia
Entre las recomendaciones aparece con fuerza la valoración de atributos difícilmente reemplazables. Daniela Amodei, presidenta y cofundadora de Anthropic, sostuvo que seguirá siendo decisivo “cómo tratas a otras personas, cómo te comunicas con ellas y lo amable que eres”. Su planteamiento pone en el centro competencias vinculadas al trato humano, la comunicación y la convivencia, en la medida en que la tecnología gane presencia dentro del trabajo.
Amodei también defendió que, incluso si las máquinas asumen más funciones, las personas seguirán queriendo crear y compartir con otros. La idea refuerza una visión en la que el valor profesional no depende únicamente de ejecutar tareas, sino también de la capacidad de vincularse, colaborar y aportar sensibilidad en contextos complejos.
En una línea complementaria, Ethan Mollick, profesor en Wharton y autor de un libro sobre convivencia con la IA, remarcó la conveniencia de los perfiles generalistas. A su juicio, los empleos que reúnen habilidades diversas pueden sostener mejor su vigencia en un mundo atravesado por estas tecnologías. Para ilustrarlo, mencionó la medicina como un campo donde no todo se reduce al diagnóstico y donde una herramienta puede ayudar, pero no sustituir el conjunto del rol.
A partir de esa mirada, Mollick aconseja una formación amplia y profunda. El argumento es simple: nadie puede asegurar qué oficio permanecerá intacto dentro de dos décadas. Desde esa perspectiva, más que apostar por certezas rígidas, conviene construir una base sólida que permita moverse entre funciones, aprender de manera continua y combinar saberes.
Sectores con proyección y decisiones con sentido
Manny Medina, cofundador de Paid.AI, lleva esa conversación hacia sectores concretos cuando habla con sus cuatro hijos. Su principal preocupación, según explicó, es que no perciban la IA como una amenaza. En vez de instalar una lógica defensiva, propone mirar áreas donde aún identifica recorrido en el corto y mediano plazo.
En ese marco, mencionó la energía y la sanidad como espacios con proyección, y alentó el interés por ámbitos como lo nuclear o la medicina vinculada al cáncer. El ejemplo no es teórico: uno de sus hijos trabaja en TerraPower y otro eligió medicina nuclear. Medina resume su criterio en una idea de equilibrio: una carrera debe gustar, hacerse bien, ser útil para otros y también generar ingresos.
Su planteamiento se distancia de una visión fatalista sobre el futuro del trabajo. La recomendación no consiste en evitar el cambio, sino en leer con atención dónde persisten necesidades humanas, sociales y productivas que pueden abrir oportunidades laborales, incluso en un escenario de creciente automatización.
Formación tradicional y pensamiento crítico
Jaime Teevan, científica jefe en Microsoft y patrona en Yale, pone el acento en el esfuerzo intelectual sostenido. Su consejo a sus hijos es que se involucren en experiencias que requieran tiempo y dedicación. En esa línea, reivindicó la importancia de una educación tradicional en artes liberales, asociada al desarrollo de pensamiento crítico y profundidad analítica.
Para Teevan, ese tipo de formación adquiere nuevo valor en un contexto donde los sistemas responden con lenguaje natural y facilitan procesos que antes exigían instrucciones más cerradas. La tecnología puede sugerir caminos, pero la responsabilidad final, recordó, sigue siendo humana. Allí aparece una distinción central para el futuro del empleo: usar herramientas avanzadas no exime de criterio, juicio ni responsabilidad.
La idea que atraviesa su mirada es que la IA puede ampliar capacidades, pero no reemplaza la necesidad de evaluar, decidir y responder por las consecuencias. En un mercado laboral atravesado por nuevas herramientas, esa combinación entre conocimiento, profundidad y criterio aparece como un activo especialmente relevante.
Adaptación antes que especialización temprana
Caroline Hanke, responsable de transformación interna en SAP, lleva la discusión hacia la capacidad de adaptación. Al pensar en el futuro de su hijo adolescente, señaló que la agilidad y la apertura al cambio serán habilidades centrales. Su planteamiento coincide con la idea de que los conocimientos técnicos pueden modificarse con rapidez, mientras ciertas bases cognitivas conservan utilidad transversal.
Por eso, Hanke destaca la lógica y el pensamiento matemático como herramientas válidas para distintos puestos y escenarios. Su preferencia es que su hijo mantenga estudios amplios antes de especializarse, incluso si hoy imagina un camino tan específico como el fútbol profesional. La recomendación, en el fondo, vuelve sobre un patrón compartido por las cinco voces: en tiempos de transformación acelerada, la amplitud formativa aparece como una ventaja.
Tomadas en conjunto, estas miradas dibujan una orientación común para el trabajo del futuro. No se trata de negar el impacto de la IA ni de minimizar la incertidumbre, sino de responder a ella con formación robusta, habilidades humanas, pensamiento crítico y disposición al cambio. En vez de transmitir una lógica de amenaza, los referentes consultados proponen preparar a las nuevas generaciones para convivir con una tecnología que ya está reordenando el mercado laboral.