Por Andrés Ossandón Buljevic. Director Proqualitas.
El término de las vacaciones marca, en muchas organizaciones, el paso desde la planificación hacia la ejecución real. La estrategia ya fue definida, los indicadores acordados, los presupuestos declarados y los recursos asignados. A partir de ese momento, comienza una fase menos visible y más exigente: verificar si el sistema organizacional es capaz de sostener coherencia entre lo que se declaró prioridad y lo que efectivamente comenzará a ocurrir y repetirse en la práctica.
El riesgo no es menor ni sencillo de abordar. El Project Management Institute (PMI, 2023), en su estudio Pulse of the Profession 2023, reporta que solo el 55 % de los proyectos estratégicos alcanza plenamente sus objetivos originales. La brecha entre intención estratégica y resultados efectivos continúa siendo un desafío recurrente en la alta dirección, tal como ha sido analizado también en publicaciones recientes de Harvard Business Review (2023) sobre ejecución gap y liderazgo estratégico.
La dificultad no suele originarse en la falta de planificación ni en una estrategia débilmente formulada, aunque en algunos casos ese también sea un factor. La brecha empieza a instalarse cuando las decisiones cotidianas se orientan a la repetición inercial ( “hacer más de lo mismo”) , al predominio del detalle sobre la prioridad o a urgencias que desplazan silenciosamente el foco estratégico. En ese desplazamiento gradual, la ejecución comienza a configurar una lógica distinta de la planificada y, con el tiempo, puede terminar sustituyéndola.
¿Dónde comienza realmente la incoherencia?
Muchas organizaciones han incorporado metodologías para fortalecer la ejecución. 4DX ha contribuido a concentrar energía en pocas metas críticas. Los OKR han aportado claridad en objetivos e indicadores. Hoshin Kanri ha ordenado despliegues estratégicos entre niveles jerárquicos.
Estas herramientas fortalecen foco y disciplina, pero su presencia no garantiza coherencia ni sinergia organizacional. Puede ocurrir que las metas locales se cumplan sin impactar la prioridad estratégica global, que los indicadores se monitoreen con rigurosidad mientras los incentivos empujan en otra dirección, o que el foco declarado conviva con una dispersión sostenida de energía. En ese escenario, la dificultad deja de ser metodológica y revela una desalineación estructural y sistémica.
¿Cómo comprender la coherencia desde el Modelo 9E?
El Modelo 9E de Coherencia Organizacional propone analizar la organización como un sistema donde interactúan dimensiones interdependientes: estrategia, ejecución, energía, ética, experiencia interna, experiencia externa, estructura, evolución y entorno.
La estrategia se sostiene cuando estas dimensiones operan de manera consistente. Si los incentivos contradicen prioridades, si la energía ejecutiva se fragmenta o si la experiencia interna no acompaña la dirección definida, el sistema tiende a estabilizarse en torno a la práctica dominante.
Desde esta perspectiva, la estrategia real de una organización es el patrón emergente de sus decisiones repetidas. En contextos de presión, ese patrón suele prevalecer sobre el discurso formal.
¿Cómo se convierte la coherencia en desempeño sostenible?
Si el Modelo 9E ofrece la arquitectura para comprender la coherencia organizacional, el Modelo Multiplicativo de Desempeño Coherente (Mmdc) —formulación de mi autoría— propone el mecanismo operativo para cerrar la brecha entre estrategia y ejecución.
El MMDC plantea que el desempeño organizacional, expresado en mayores niveles de engagement y productividad, depende de la interacción coherente entre cuatro factores:
Desempeño = Sentido × Qué e Indicadores × Cómo × Espacios conversacionales
La relación es multiplicativa. Cuando uno de los factores pierde consistencia, el resultado global se reduce, aún cuando los demás estén fortalecidos.
- Sentido asegura alineación cognitiva y motivacional respecto del propósito y de las prioridades estratégicas.
- Qué e Indicadores define criterios de éxito explícitos y comparables entre niveles.
- Cómo establece metodologías y procesos que transforman intención en práctica disciplinada.
- Espacios conversacionales permiten revisar resultados, ajustar decisiones e incorporar feedback de manera sistemática.
Este último componente resulta particularmente crítico. La investigación en comportamiento organizacional ha mostrado que la calidad de las interacciones y la seguridad psicológica influyen en la capacidad de aprendizaje colectivo y ajuste estratégico (Edmondson & Lei, 2022). Sin mecanismos de revisión y conversación estructurada, el sistema pierde capacidad de calibración.
El MMDC puede aplicarse en distintos niveles —organizacional, de área o de equipo— precisamente porque traduce la coherencia sistémica del 9E en una herramienta concreta de gestión.
¿Qué termina determinando la estrategia real?
En definitiva, la estrategia efectiva no se verifica en el documento anual ni en la presentación al directorio. Se constante en decisiones cotidianas reiteradas. Cuando estas decisiones mantienen alineación, la ejecución consolida la estrategia. Cuando divergen, la ejecución comienza a configurarla en otra dirección.
En este inicio de ciclo operativo, conviene preguntarse:
¿Las decisiones que comenzarán a repetirse desde ahora fortalecerán la coherencia estratégica o, gradualmente, la sustituirán por otra lógica organizacional?
Las palabras tejidas en esta columna son el eco singular del autor, sin ataduras ni corsés editoriales. Aquí, la responsabilidad recae en quien escribe, no en las creencias de RH Management