Expectativas v/s realidad: ¿qué le espera a la nueva ministra del Trabajo?

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La presidencia de Gabriel Boric es para la gran mayoría el gobierno de la esperanza. Un mandato que viene lleno de expectativas y demandas en todos los ámbitos. Atender los estragos de la pandemia, fomentar el desarrollo económico y crear más empleos dignos son algunas de las urgencias para este nuevo ciclo. En conversación con RH Management y en colaboración con El Desconcierto como media partner, Andrés Pucheu, José Pérez y Marco Kremerman hablaron sobre las expectativas que están en juego en torno a la gestión de Jeannette Jara, la flamante ministra del Trabajo. 

Cargada de anhelos, mitos y transiciones, la realidad laboral chilena está mutando desde hace mucho tiempo. Sin embargo, la pandemia apuró varios procesos al igual que acentuó las demandas sociales en cuanto a las formas de trabajar, las jornadas laborales y el tiempo libre, la creación de empleos, el uso de tecnología, el bienestar y la corresponsabilidad, entre otros.

La cara visible y responsable de llevar estas transformaciones es la recién asumida ministra Jeannette Jara Román. Su desafío es mayúsculo ya que asume en medio de un nuevo ciclo político y con una sociedad empoderada que anhela transformaciones de fondo.

Tres voces expertas analizan y reflexionan en torno al rol de la ministra, de su equipo de trabajo y opinan sobre cuáles son los temas de la agenda laboral prioritarios.

Voluntad política por sobre inversión

Andrés Pucheu es presidente de la Sociedad Chilena de Psicología del Trabajo y las Organizaciones (Shipto). Desde la oficina que ha armado en su casa nos explica con voz calma y pensamiento crítico que las expectativas que tiene son más que realistas y posibles, pues requieren más organización y claridad que recursos. Estas vienen desde hace mucho tiempo, y tienen su origen en la evolución de la economía. 

Durante la pre pandemia, se hablaba de la evolución de los puestos de trabajo y se creía que las labores manuales iban a disminuir, lo que explicaba tener que generar competencias para manejar procesos flexibles y servicios. “La pandemia fue un paréntesis en eso y obligó a la creación de empleos de corto plazo. Si bien el gobierno que salió hizo algo para fomentar eso, con soluciones como el IFE, sigue habiendo incertidumbre, es como una caja negra donde uno mete plata pero no sabe cómo la gente la está ocupando”, explica Andrés . 

Bajo ese contexto, su primera expectativa razonable es que se logre mantener una tasa de aumento de calidad en el empleo a largo plazo. Y añade: “debemos dejar de depender tanto del valor de las exportaciones, hay que generar ganancia interna. Diversidad de demanda en la población, para potenciar las pymes. Necesitamos fortalecer los servicios internos. Obviamente es un esfuerzo que toma más de cuatro años, pero si vamos hacia ya sería algo muy positivo. (…) Eso es lo mejor que nos puede pasar en el punto de vista del empleo” dice. 

Por otro lado, el presidente de Schipto sostiene que la salud mental ha sido dejada de lado y debe mantenerse la preocupación en torno a los riesgos psicosociales y calidad de vida. “En su nivel alto, se necesita gente creativa, empática, persistente, emprendedora, resiliente. No se trata de que la gente no esté deprimida, se trata de que la gente esté sana, y la sanidad supone productividad”.

Una segunda línea tiene que ver con los problemas de género y talento blanco. En el primer caso, barreras como el tiempo y tener que cuidar niños o ancianos ha recaído sobre las mujeres y la brecha de género impacta en el trabajo, por lo que se requiere de programas de corresponsabilidad que emparejen la cancha en cuanto a responsabilidades, y permitan mayor tiempo destinado a actividades dentro y fuera del trabajo. En el segundo caso, Pucheu asegura que la jubilación no puede ser a los 60 o 65, pues la gente tampoco lo está haciendo y debido a ello, para subsistir consiguen segundos empleos de mala calidad. “Cómo preparamos a los trabajadores y personas de la tercera edad para seguir trabajando, es algo tan crítico como la coordinación del trabajo de los jóvenes y allí hay un link que no se ha hecho” recalca.

Y cierra con una potente reflexión: “yo diría que varios de estos temas ni siquiera requieren una gran inversión, sino voluntad política y claridad”. 

La mirada desde el sector público 

La lista de expectativas para José Pérez, presidente de la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (Anef) recae en que el mundo del trabajo sea abordado con participación, integración de las organizaciones sindicales, que se recuperen empleos decentes o dignos, y por otro lado, volver a reposicionar al trabajador y la trabajadora. Eso, asegura, “es importante para dignificar la vida de las personas, y ser felices”.

“Si uno hace una bajada, queremos que el gobierno incorpore la voz de los trabajadores sindicalizados, del sector público. Nosotros no somos nombrados políticamente, y creo que más allá de algunas coyunturas, ya hay una trayectoria en el Estado y debe generarse un diálogo social para las materias de un nuevo modelo de empleo público, nueva manera de ejercer liderazgo, sea parte de un desafío en conjunto”, expresa. 

Desde el sector público, buscan que la ministra del Trabajo se involucre en el diálogo social. “Porque los ministros son un poco ausentes, por eso que marque un sello en la mirada futura para recuperar la dignidad de los trabajadores, trabajo decente, etc. (…) Y creo que ella tiene un rol importante, mejor ejemplo de la carrera funcionaria, es un ejemplo de cómo alguien con conocimiento desde adentro, está al servicio de la ciudadanía, porque ese es el objetivo final”. 

Para José hay un desafío no solamente corporativo, porque el trabajo sindical va más allá de eso. Sindicalismo sociopolítico. “Tenemos una opinión en lo que pasa en la sociedad. Cómo aportamos a ese rol estratégico para que el Estado pueda anticiparse, generar empleos, generar capacidad de emprendimiento, rol fiscalizador, ser custodio y resguardo de recursos que son de los ciudadanos que pagan impuestos, todo eso cruza nuestra expectativa” asegura.

Y las grandes faltas, a su juicio se relacionan a la precariedad contractual. Afirma que como proceso de evaluación, quieren que quien califique, califique bien, que sea valiente. “Nosotros no permitimos que la flojera, ni la corrupción, ni la falta de probidad se instalen en la organización pública, y por eso en Anef queremos regular la precariedad contractual”.

Promesas y obligación

Hay dos aristas que se pueden visualizar en torno a las ideas fuerza que se anunciaron en el programa, analiza el economista e investigador de Fundación SOL, Marco Kremerman. Una de ellas es la idea de ciertas transformaciones y una deuda en el mundo del trabajo, que han afectado a los hogares chilenos. Y la otra arista es la crisis. “Chile lleva tres años en una crisis política, social y económica profunda, que se exacerba con la pandemia pero venía de mucho atrás. Al gobierno que le hubiese tocado salir está obligado a hacer transformaciones, sino se enfrenta a una crisis que se alarga y perpetúa” argumenta.

Por un lado, está la parte de las promesas, todo lo que está escrito dentro de la agenda, y por el otro, la obligación de cumplirlas, y lo que pone en juego el futuro del país. Y para salir de la crisis en la que está sumido el país, asegura Kremerman, las personas primero deben poder contar con posibilidades de trabajo, en un modelo de desarrollo distinto al modelo de acumulación. “Nuevos empleos para nuevas estrategias de desarrollo. En ese sentido es fundamental superar el piso cero que cualquier ciudadano de derecho debería tener”.

En esta línea, existen tres aristas: El primero es el piso, la discusión sobre el salario mínimo. “500 mil pesos es insuficiente, para establecer el salario mínimo hay que mover placas tectónicas, hoy la línea de pobreza para un hogar de 4 personas ya esta en 500 mil liquido, el salario bruto debería estar en 607 mil para cubrir un hogar, y el año que viene se quiere llegar a eso, pero en precios del 2025 los costos serán mucho mayores. Aunque es un avance más que se ha hablado en otros gobiernos, igual nos quedaremos cortos”, dice.

Luego continúa con el punto dos: la democracia en el mundo de la producción. Esta tiene que ver con las negociaciones entre trabajadores y empleadores, y el economista advierte que no se saca nada agrandando la torta si es que no se divide de forma justa, pues al mismo tiempo que se genera riqueza y crecimiento, esta se debe dividir de otra manera.

El último punto es el tiempo. Cuánto tiempo tenemos para descansar, dormir y hacer algo que no sea trabajar. Debe combinarse una reducción de jornada, con programas de corresponsabilidad, que son desafíos importantes, pues el tiempo es una de las principales brechas de género, impactando en la mujer por sobre todo. Esta responsabilidad la tienen los grandes empresarios, dice el economista. “Si ellos fallan esta vez, el país va a estar en grandes problemas”. 

Y recalca, “hay que desmontar todos los enclaves e instituciones que consideran que beneficiando sin contrapeso a los grandes empresarios es la única manera de que el país pueda avanzar. Eso significa que eso es aumentar el piso mínimo y generar el contrapeso de tener una estrategia de desarrollo distinta para generar más empleos mediante cambios tecnológicos, etc. Que la gente no se vea obligatoriamente en la necesidad de quedarse en casa, que la gente pueda decidir qué quiere hacer. Eso debe ir de la mano con un sistema de capacitación para generar trabajo de buena calidad, y un plan donde no se mire a Chile en cuatro meses, sino ojala 15 o 20 años para generar distintos tipos de políticas que pongan al trabajo en el centro, porque la mayoría de nosotros vivimos de nuestro trabajo. no puede éste estar en un segundo o tercer orden”.

 

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