Estudio advierte sobre la brecha entre discurso y equidad de género

Un estudio basado en 12 entrevistas en profundidad a mujeres de distintos sectores del Reino Unido analiza cómo las organizaciones pueden proyectar compromiso con la equidad de género mientras reproducen prácticas que silencian, aíslan y desactivan reclamos por desigualdad salarial.

Según una investigación publicada en Gender, Work and Organization el 13 de marzo de 2026, el gender washing describe una práctica estratégica mediante la cual las organizaciones promueven de forma superficial la equidad de género mientras sostienen estructuras discriminatorias, una tensión que el estudio identifica a partir de 12 entrevistas en profundidad a mujeres de diversas industrias y trayectorias profesionales del Reino Unido.

El trabajo examina esa distancia entre el relato corporativo y la experiencia concreta de las trabajadoras, especialmente cuando ellas cuestionan inequidades salariales. En ese punto, la investigación sostiene que el fenómeno se manifiesta a través de textos de RR. HH. con sesgo de género y de un discurso organizacional que no solo encubre desigualdades, sino que además ordena la respuesta institucional frente al conflicto.

A partir de ese análisis, el estudio plantea que el gender washing no debe leerse únicamente como una puesta en escena discursiva o como una postura retórica, sino como un mecanismo sistémico que opera dentro de la organización. Esa mirada amplía el concepto y lo sitúa no solo en el terreno de la comunicación, sino también en el de las prácticas internas que afectan la experiencia de las mujeres en el trabajo.

Discurso y brecha

Uno de los principales aportes del artículo es definir el gender washing como una herramienta analítica para captar la disonancia entre la retórica organizacional y la experiencia vivida. Bajo esa formulación, la investigación propone mirar con más atención los mensajes, políticas y relatos de equidad cuando estos no se reflejan en la forma en que se tramitan las denuncias, los reclamos o las diferencias salariales dentro de las empresas.

El estudio identifica que esa contradicción se hace visible, en particular, cuando las mujeres impugnan situaciones de desigualdad salarial. Lejos de quedar reducida a una diferencia entre lo que una empresa dice y lo que hace, la distancia aparece como una práctica estructurada que atraviesa procesos, lenguajes y respuestas institucionales. En esa línea, el artículo remarca que el discurso organizacional puede funcionar como soporte de una promesa de equidad que, en la práctica, no modifica las condiciones que reproducen discriminación.

También advierte que el uso de políticas progresistas de recursos humanos, marketing y redes sociales puede servir para revestir de legitimidad una imagen de compromiso con la equidad de género, aun cuando ese compromiso no se traduzca en transformaciones sustantivas. Desde esa perspectiva, el problema no reside solo en la incoherencia, sino en el modo en que esa incoherencia puede ser utilizada para reforzar el orden organizacional y neutralizar cuestionamientos.

Silencio institucional

El artículo profundiza además en cómo ese mecanismo puede derivar en prácticas de gaslighting, ataques personales, silenciamiento y aislamiento. En vez de aparecer como hechos excepcionales o individuales, el estudio los presenta como prácticas colectivas de la organización que modelan la experiencia de las mujeres al interactuar con RR. HH. y con los procedimientos legales o internos disponibles para canalizar sus reclamos.

En ese marco, la investigación sostiene que los procedimientos institucionalizados de queja y la intimidación legal pueden operar como dispositivos que reducen la capacidad de respuesta de quienes denuncian. El texto menciona, entre esas formas coercitivas, el uso de demandas estratégicas contra la participación pública y de acuerdos de confidencialidad, descritos como herramientas utilizadas para asustar o silenciar a las mujeres, despojándolas de agencia y voz.

Junto con eso, el estudio pone el foco en el costo psicológico y emocional de estas prácticas. Al hacerlo, subraya que el gender washing no solo tiene efectos sobre la credibilidad del discurso corporativo, sino también sobre el bienestar de las trabajadoras y sobre su posibilidad de intervenir, reclamar o sostener una posición crítica frente a la organización.

Con ese marco, la publicación propone nuevas formas de comprender el gender washing dentro de la crítica feminista de las organizaciones. Su aporte, según plantea el propio texto, es ofrecer un concepto que permita identificar y cuestionar las afirmaciones corporativas sobre equidad de género cuando estas quedan desmentidas por la experiencia concreta de las mujeres, ampliando así la comprensión sobre el carácter generizado de la organización.

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