Un estudio concluyó que no es adecuado hablar de una relación única entre masculinidad y suicidalidad. La investigación, que revisó 23 estudios cuantitativos y aplicó un metaanálisis, encontró que la asociación general entre ambas variables no fue estadísticamente significativa, aunque sí detectó matices importantes cuando se observan por separado distintas formas de masculinidad y distintos componentes de la suicidalidad.
La revisión fue realizada por Charlotte Starkey y Fhionna Moore y se basó en una búsqueda efectuada en julio de 2024 en Google Scholar, Web of Science, PubMed y APA PsychINFO. Las autoras excluyeron trabajos sobre autolesión no suicida, estudios sin mediciones cuantitativas válidas y confiables, y artículos que no entregaban información estadística suficiente para calcular tamaño de efecto.
A partir de ese análisis, el trabajo plantea que el principal problema no es solo si existe o no una relación entre masculinidad y suicidalidad, sino que ambas nociones reúnen dimensiones diversas. Por eso, el resultado agregado, aunque útil como punto de partida, debe interpretarse con cautela debido a la heterogeneidad significativa entre los estudios incluidos y a la variedad de formas en que se operacionalizaron ambos conceptos.
Lectura amplia
En el resultado global, las 23 investigaciones no mostraron una relación significativa y consistente entre las múltiples medidas de masculinidad y de suicidalidad. Sin embargo, las autoras sostienen que esa conclusión no debiera leerse como ausencia de vínculo, sino más bien como evidencia de que una mirada lineal y general sobre dos constructos tan amplios puede ser insuficiente para captar su complejidad.
El estudio remarca que la masculinidad funciona como un término paraguas que agrupa construcciones distintas, sujetas a contextos culturales y sociales específicos. En esa línea, advierte que no existe un ideal masculino universal y que, por lo mismo, tampoco sería pertinente esperar una relación uniforme entre masculinidad y suicidalidad en todos los escenarios, poblaciones y mediciones.
Ese punto también aparece en la composición de la evidencia revisada. La mayor parte de los estudios analizados provino de sociedades occidentalizadas de altos ingresos; 13 de los 23 trabajos fueron realizados en Estados Unidos, mientras que el resto se distribuyó entre Canadá, Australia, Reino Unido, Irlanda, Noruega, Corea, países germanoparlantes de Europa y Taiwán. Para las autoras, esa concentración limita la posibilidad de extender conclusiones a otros contextos culturales.
Hallazgos clave
Aunque el resultado global no fue significativo, el metaanálisis sí mostró diferencias cuando se desagregó por tipo de masculinidad. La relación con la suicidalidad fue positiva y significativa en mediciones asociadas a conformidad con normas masculinas, conflicto de rol de género y estoicismo. En cambio, aparecieron relaciones negativas y significativas en otras escalas ligadas a atributos de fortaleza. El artículo resume esa diferencia señalando que la asociación positiva fue más fuerte en medidas centradas en restricción emocional y búsqueda de estatus, mientras que algunas mediciones basadas en fortaleza mostraron el patrón inverso.
También hubo diferencias según la forma de suicidalidad examinada. La relación entre medidas psicométricas de masculinidad y capacidad adquirida para el suicidio fue positiva y significativa, al igual que la relación con acción suicida. En contraste, la asociación con ideación suicida no resultó significativa. Ese dato refuerza la idea central del estudio: no todas las expresiones de malestar o riesgo se comportan igual cuando se las cruza con distintos mandatos o rasgos asociados a la masculinidad.
En paralelo, las autoras no encontraron moderación significativa por edad, porcentaje de mujeres en la muestra, localización ni porcentaje de personas blancas. Aun así, el propio artículo advierte que la escasez de estudios fuera de Norteamérica, el número limitado de investigaciones que reportaron etnicidad y el tamaño relativamente acotado del conjunto analizado pudieron haber dificultado la detección de diferencias contextuales más finas.
Límites del análisis
El trabajo subraya, además, que varias de las herramientas usadas para medir masculinidad fueron desarrolladas hace décadas y podrían no reflejar con precisión las masculinidades contemporáneas. Desde esa perspectiva, uno de los aportes de la revisión no es cerrar el debate, sino mostrar que las mediciones disponibles pueden estar capturando de manera incompleta un fenómeno que hoy es más dinámico y diverso.
Por eso, la principal conclusión del estudio no apunta a negar un vínculo entre masculinidad y suicidalidad, sino a desplazar la discusión desde una categoría general hacia componentes más específicos. En vez de reforzar explicaciones simplificadas, la investigación propone que futuras evaluaciones identifiquen con mayor precisión qué aspectos de la masculinidad psicológica contemporánea se relacionan con el riesgo suicida y cuáles podrían operar de otra manera.