Estrés, soledad y deudas: las nuevas caras del malestar mental en Chile

Aunque los indicadores generales de salud mental muestran una mejora histórica, el estudio Achs-UC advierte que persisten factores estructurales que erosionan el bienestar: soledad, endeudamiento y estrés laboral afectan con más fuerza a las mujeres y a los grupos económicamente vulnerables.

La undécima ronda del Termómetro de la Salud Mental en Chile Achs-UC, presentada en  mayo de 2025, revela un panorama mixto del bienestar psicológico nacional. Si bien los indicadores globales muestran una mejora sostenida —con la cifra más baja de problemas de salud mental desde 2020—, persisten factores sociales y económicos que continúan afectando la estabilidad emocional de amplios segmentos de la población.

El estudio, elaborado por la Asociación Chilena de Seguridad (Achs) y el Centro UC de Encuestas y Estudios Longitudinales, encuestó a una muestra representativa de la población urbana mayor de 18 años. Entre sus principales hallazgos destaca que un 12,7% presenta sospecha o presencia de problemas de salud mental, la tasa más baja desde el inicio de la serie. Los síntomas de ansiedad moderada o severa alcanzan un 23,6%, mientras que la depresión se mantiene en 13,7%, cifras que muestran una lenta pero consistente recuperación del bienestar psicológico colectivo.

Sin embargo, el informe también advierte que la salud mental sigue marcada por profundas brechas de género, edad y condiciones socioeconómicas. Las mujeres exhiben niveles de depresión que triplican los de los hombres y tasas de ansiedad que más que los duplican. Además, la soledad percibida alcanza al 19% de la población, con mayor incidencia entre mujeres y personas de entre 30 y 39 años, grupo que se consolida como uno de los más vulnerables emocionalmente.

En el plano social, el apoyo percibido en redes cercanas también muestra señales preocupantes. El estudio registra un aumento de personas con bajo nivel de apoyo social, llegando al 10,4%, el valor más alto desde 2022. Este debilitamiento de los vínculos comunitarios y familiares se asocia directamente a mayores síntomas de depresión, ansiedad e insomnio.

A nivel económico, la situación de deuda de los hogares aparece como un factor determinante. Las personas que declaran tener deudas “altamente complicadas” presentan tasas de depresión significativamente mayores que quienes no enfrentan este tipo de dificultades. En contraste, quienes cuentan con empleos estables o realizan trabajo remoto muestran mejores indicadores de satisfacción y bienestar.

En el ámbito laboral, los datos del Termómetro reflejan una tensión dual: aunque el 77,9% de los ocupados declara sentirse satisfecho con su trabajo, el 2,3% exhibe niveles de agotamiento severo, medido con el índice Copenhagen Burnout Inventory. La satisfacción es ligeramente superior entre quienes teletrabajan, lo que sugiere que la flexibilidad laboral sigue siendo un elemento protector para la salud mental.

No obstante, los factores de estrés externo siguen pesando. La delincuencia y el crimen organizado se mantienen como los principales estresores, seguidos por la incertidumbre económica y los cambios sociopolíticos del país. La inseguridad se consolida así como el elemento que más tensiona la salud emocional, superando incluso al temor por la pérdida del empleo o la situación económica personal.

La vida cotidiana y los hábitos personales también inciden en el bienestar. El estudio revela un incremento del sedentarismo, que afecta al 33% de la población, especialmente a las mujeres, y un repunte del consumo de alcohol de riesgo, que sube a 10,1%, recuperando los niveles de 2022. El insomnio moderado o severo se mantiene estable en 8,6%, aunque con un alza de tres puntos entre las mujeres respecto del año anterior.

La combinación de factores físicos, sociales y emocionales configura un mapa complejo de la salud mental en Chile. Las personas con dolor crónico, sobrepeso o mala salud autoreportada presentan niveles de depresión hasta cinco veces superiores a quienes no enfrentan estas condiciones. Además, la investigación confirma que la soledad y la falta de apoyo son determinantes críticos: quienes declaran sentirse aislados o sin redes cercanas duplican la prevalencia de síntomas depresivos.

De esta forma, aunque la tendencia general es positiva, la desigualdad en el bienestar psicológico persiste. Las mujeres, las personas jóvenes, los hogares endeudados y quienes carecen de redes de apoyo continúan siendo los grupos más expuestos a la fragilidad emocional.

El Termómetro de la Salud Mental Achs-UC advierte que la recuperación del país no solo depende de la mejora económica o del control de la pandemia, sino también de reconstruir la confianza, fortalecer los lazos sociales y promover entornos laborales más sanos y equitativos. En palabras de sus autores, los avances logrados en bienestar general deben entenderse como un punto de inflexión, no como una meta alcanzada.

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