domingo, noviembre 29, 2020

¿En qué consiste y de qué depende la empatía?

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Por Andrés Pucheu Profesor, Universidad de los Andes Doctor en psicología, MBA. Autor de artículos y libros como “Coaching para la Eficacia Organizacional”; “Lo que cambia son las personas” y “Desarrollo y Eficacia Organizacional”.

La empatía, que en sus niveles superiores implica la capacidad de imaginar los pensamientos y emociones de otro sujeto en una determinada posición (Hoffman, 2000), es una capacidad clave en prácticamente todos los roles asociados a la interacción con personas.

La empatía, que en sus niveles superiores implica la capacidad de imaginar los pensamientos y emociones de otro sujeto en una determinada posición (Hoffman, 2000), es una capacidad clave en prácticamente todos los roles asociados a la interacción con personas, desde la maternidad hasta el coaching ejecutivo y la psicoterapia (Ver: Spruill et al., 2004; Snyder y Elliott, 2005; Orem, Binkert y Clancy, 2007). Efectivamente, sería difícil que alguien pudiera cuidar, comprender, negociar o influir sobre otras personas sin poder comprender su situación.

¿En qué consiste la empatía?

La empatía es una capacidad. Esto quiere decir que supone un resultado (poder interpretar tanto lo que una persona dice como lo que no dice y puede suponerse de su situación o comportamiento); que se desarrolla a lo largo de la vida y que una misma persona puede mostrar distintos niveles de esta capacidad dependiendo de cómo esté o de con quien se comunique.

No es un rasgo de personalidad y tampoco una habilidad específica, como el dominio de un idioma o las matemáticas, que podamos evaluar sin considerar el contexto en que se evalúa.

¿De qué depende la empatía?

Desde el punto de vista de los conocimientos, la empatía supone un mínimo dominio de los ritos sociales y los códigos asociados a demostrar atención e interés, así como el conocimiento del significado de los modismos, expresiones y silencios que, en cada determinado contexto, le proporcionan los diferentes significados con que puede interpretarse lo expresado.

En el ámbito de las habilidades, la empatía no solo supone el manejo de los diferentes lenguajes verbales y no verbales implicados, sino que también y de manera incluso más crítica, depende del manejo de la ansiedad, ya que buena parte de las estrategias disfuncionales o, en el lenguaje psicodinámico, mecanismos de defensa, tienen que ver con utilizar interpretaciones estandarizadas que minimizan la importancia de otros puntos de vista que no sean los propios. Por ejemplo, si alguien emite una opinión que nos parece crítica y nos amenaza, es común que se lo descalifique asignado la persona a una categoría general, como sería decir, “opina eso porque es nuevo y todavía no sabe cómo son las cosas aquí”. Ahora bien, incluso si no se gatillan descalificaciones, la ansiedad disminuye la capacidad de pensar de manera abstracta, establecer relaciones y comprender metáforas y comentarios que requieren integrar información del contexto, todo lo cual disminuye la empatía a niveles en que solo se responde bien a comentarios explícitos de personas que percibimos como amigables.

Los valores y creencias que determinan la motivación también son relevantes para poder actuar empáticamente. En nuestra cultura parece estar validado el que algunas categorías de personas o actos “no merecen” que se las trate con empatía, por lo que la misma persona que puede mostrarse comprensiva y hasta cálida con alguien a quien atribuye cualidades positivas, reaccionará negándose a escuchar a quien perciba como indigno. Por esto puede decirse que los “juicios” o atribuciones negativas son la principal causa de disminución en la empatía de las personas.

En la medida que nuestros valores y creencias son influidos por las conversaciones que tenemos con las personas en las que confiamos, las redes sociales también son un factor determinante en el nivel de empatía que una persona puede demostrar en un determinado rol o ante alguna categoría de personas.

¿Cómo se desarrolla la empatía?

El desarrollo de la empatía requiere de trabajar en los distintos elementos que pueden estar dificultando que una persona pueda demostrarla. Por ejemplo, a veces hay gente que no puede empatizar con otro porque en realidad no tiene suficiente información, lo que realmente ocurre le genera ansiedad y por tanto “rellena” lo que no conoce con datos con su imaginación o prejuicios. Aquí es necesario apoyar la búsqueda de información y la disminución de la ansiedad que gatilla la evitación. En otros casos el problema es el manejo de los códigos, como ocurre en varios trastornos del aprendizaje o en enfermedades degenerativas. Aquí es necesario el apoyo profesional y la generación de planes de entrenamiento o apoyo social. También es muy común que el problema se origine en la influencia de creencias culturales inadecuadas, como el que “la gente merece lo que le pase” o que algunos problemas físicos se deben a defectos del carácter, como flojera o falta de valores. Aquí también es posible trabajar sobre el análisis y reinterpretación de la situación.

¿Para que nos sirve saber esto?

Para recordar que no hay gente “no empática”, sino que gente que no conoce; que siente ansiedad o que cree que “el otro” no merece su empatía… Entre otras posibilidades. En la medida que discriminamos la causa podemos intervenir y desarrollar la capacidad. Todos pueden, incluso los que creemos que no pueden o que no lo merecen.

Referencias
– Hoffman, M: (2000). Empathy and moral development, implications for caring and justice. New York: Cambridge University Press.
– Orem, S., Binkert, J. y Clancy, A. (2007). Appreciative coaching. San Francisco: John Wiley & Sons.
– Snyder, C. R. y Elliott, T. (2005). Twenty-first century graduate education in clinical psychology: A four level matrix mode. Journal of Clinical Psychology, 61, 1033-1054.
– Spruill, J., Rozensky, R., Stigall, T., Vasquez, M., Phillip, R. y De Vaney, C. (2004). Becoming a competent clinician: Basic competencies in intervention. Journal of Clinical Psychology, 60, 741- 754.

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