Empresas frente al espejo: cómo superar la cultura del “siempre disponible”

Especialistas advierten que la falta de transformación cultural en las organizaciones chilenas dificulta el cumplimiento efectivo del derecho a la desconexión digital en el teletrabajo, pese a la normativa vigente.

En Chile, el derecho a la desconexión digital para personas que trabajan a distancia continúa siendo difícil de implementar, a pesar de que está respaldado por ley desde el año 2020. Según advierten especialistas consultados por Emol, la principal barrera para cumplir esta normativa no es legal, sino cultural, debido a que muchas organizaciones siguen operando bajo esquemas que valoran la disponibilidad constante fuera del horario laboral.

La norma establece que los empleadores deben garantizar al menos doce horas continuas de desconexión en cada periodo de veinticuatro horas, durante las cuales no pueden emitir órdenes, enviar comunicaciones ni requerir tareas laborales. Sin embargo, en la práctica, esta protección no se respeta en gran parte del sector privado, debido a la falta de límites internos y la presión implícita por responder fuera del horario establecido.

Especialistas advierten que existe una cultura arraigada en muchas organizaciones que interpreta la respuesta rápida como un signo de compromiso. Esta percepción se traslada a jefaturas y equipos que, aun sin exigir formalmente tareas fuera de horario, mantienen prácticas que generan presión sobre los trabajadores, especialmente a través de canales digitales como el correo electrónico o aplicaciones de mensajería.

La Dirección del Trabajo ha precisado que el empleador no puede exigir, ni directa ni indirectamente, la realización de tareas durante el periodo de desconexión. Sin embargo, el temor a represalias o a una mala evaluación hace que muchos trabajadores respondan mensajes o atiendan llamadas fuera de su jornada, aunque no estén obligados a hacerlo.

Los especialistas también señalan que muchas organizaciones no han implementado medidas concretas para facilitar el cumplimiento de este derecho. La falta de protocolos internos, lineamientos claros sobre comunicación fuera de horario o barreras tecnológicas para limitar el envío de mensajes, demuestra que el cambio no ha sido prioritario en gran parte del mundo empresarial.

En este contexto, los estilos de liderazgo juegan un rol clave. Cuando las jefaturas no respetan los horarios de descanso ni modelan buenas prácticas, se normaliza una cultura de hiperconectividad que afecta la salud mental y el equilibrio vida-trabajo de los equipos. La ausencia de formación en liderazgo saludable y gestión del tiempo refuerza estas dinámicas.

Según los expertos, para que la desconexión digital se transforme en una realidad efectiva y no en una declaración simbólica, es necesario avanzar en un cambio profundo de las culturas organizacionales. Esto implica revisar procesos, modificar expectativas, capacitar liderazgos y establecer límites claros que sean respetados desde la alta dirección hacia abajo.

Además, se requiere que las empresas reconozcan el impacto que tiene la hiperdisponibilidad en la salud mental de sus trabajadores. La conexión permanente puede traducirse en agotamiento, desmotivación y menor productividad, por lo que adoptar medidas para proteger los espacios personales debería ser una prioridad no solo ética, sino estratégica.

La normativa otorga a los empleadores la responsabilidad de asegurar este derecho, pero sin un entorno cultural que lo respalde, su aplicación queda sujeta a la interpretación individual. Mientras no se establezcan mecanismos internos claros y una cultura que valore el descanso, la desconexión digital seguirá siendo un derecho difícil de ejercer en la práctica diaria.

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