Empresas e innovación: el desafío pendiente para las mujeres investigadoras

Aunque las mujeres ya alcanzan niveles de formación avanzada iguales o superiores a los hombres en los países de la Ocde, su participación en investigación y desarrollo empresarial sigue estancada. La brecha revela desafíos estructurales para la gestión del talento, la innovación y la equidad de género.

Las mujeres representan hoy una parte mayoritaria del talento con formación avanzada en los países de la Ocde, pero su presencia en investigación y desarrollo empresarial continúa rezagada, según publicó la Oecd. El análisis advierte que, aunque ellas alcanzan títulos de magíster y doctorado en proporciones iguales o superiores a los hombres, esa ventaja educativa no se traduce en una participación equivalente en los espacios donde se produce innovación, tecnología y nuevos bienes y servicios.

La brecha más amplia aparece en el sector empresarial. En la mayoría de las economías de la Ocde, las empresas ejecutan la mayor parte de la investigación y desarrollo, pero las mujeres representan, en promedio, solo cerca de un cuarto de quienes trabajan como investigadoras en ese ámbito. Esa proporción, además, ha cambiado poco durante las últimas dos décadas, lo que muestra una persistencia difícil de explicar solo por decisiones individuales de carrera o por diferencias en la formación inicial.

El contraste es relevante para las organizaciones porque la investigación y desarrollo empresarial cumple un papel central en la productividad, la innovación comercial y la creación de nuevas soluciones. Cuando las mujeres están subrepresentadas en esos equipos, también quedan menos presentes sus competencias, miradas y liderazgos en procesos que definen el cambio tecnológico y la competitividad futura.

Brecha empresarial

El informe muestra que la participación femenina sí ha avanzado con mayor claridad en la investigación desarrollada en educación superior y en el sector público, donde incluso se ha alcanzado la paridad en varios países. Sin embargo, ese progreso no ha tenido el mismo ritmo dentro de las empresas, que continúan siendo el espacio con mayor rezago para las mujeres investigadoras.

El dato tensiona una idea frecuente en las discusiones sobre diversidad: que aumentar el acceso de mujeres a la educación avanzada bastaría para corregir las desigualdades laborales posteriores. La evidencia presentada indica que no es así. Durante más de una década, las mujeres han sido mayoría entre quienes obtienen calificaciones terciarias avanzadas en los países de la Ocde. En 2023, representaron cerca de tres de cada cinco graduados de magíster y la mitad de quienes obtuvieron doctorados.

Pese a ello, la participación femenina entre el total de investigadores llegó solo al 35,7% en promedio en los países de la Ocde durante 2023. Además, esa proporción se ha mantenido prácticamente sin cambios durante la última década. En otras palabras, el aumento del talento femenino altamente calificado no ha sido suficiente para modificar de manera sustantiva la composición de la fuerza laboral dedicada a investigación.

Formación Stem

Una parte de la brecha se relaciona con las áreas de especialización. La investigación y desarrollo empresarial depende fuertemente de habilidades asociadas a ingeniería, información y ciencias naturales, campos comúnmente agrupados bajo la sigla Stem. Aunque las mujeres representan más de la mitad de los graduados de magíster y doctorado en términos generales, siguen estando subrepresentadas en estas disciplinas.

El análisis identifica una relación entre países con menor proporción de mujeres con títulos avanzados en Stem y menor participación femenina en investigación empresarial. Sin embargo, esta explicación es solo parcial. Incluso en algunos países donde la proporción de mujeres con grados avanzados en Stem se acerca a la de los hombres, su presencia en roles de investigación dentro de las empresas continúa siendo significativamente menor.

Esa diferencia apunta a factores estructurales que aparecen después de la educación formal. El documento menciona prácticas institucionales y normas sociales que influyen en las trayectorias de investigación, afectando la entrada, permanencia y progresión de las mujeres en estos espacios. Para la gestión de personas, este punto resulta especialmente relevante: el problema no se limita al acceso al talento, sino a las condiciones que permiten atraerlo, desarrollarlo y sostenerlo en el tiempo.

Carrera desigual

Las brechas no terminan en la participación. Entre quienes obtienen doctorados, las mujeres enfrentan resultados laborales menos favorables que los hombres con calificaciones equivalentes. En los países con datos disponibles, ellas tienen mayor probabilidad de estar empleadas con contratos temporales en lugar de permanentes, una condición que puede retrasar la progresión profesional, restringir el acceso a posiciones de liderazgo y aumentar la inseguridad financiera.

El análisis también señala que las mujeres con doctorado ganan menos que los hombres con la misma calificación. Aunque la magnitud de la diferencia varía entre países, la brecha salarial aparece en todos los casos con información disponible. Estas diferencias se acumulan a lo largo de la vida laboral y tienen efectos sobre ingresos futuros, pensiones e independencia económica.

La movilidad internacional es otro factor crítico. La experiencia transfronteriza se ha vuelto cada vez más importante en las carreras de investigación, porque favorece la circulación de conocimiento, fortalece redes profesionales y suele asociarse con avance de carrera y excelencia investigativa. Sin embargo, las mujeres participan menos que los hombres en este tipo de movilidad. En 2023, representaron el 45% de las matrículas doctorales internacionalmente móviles en países de la Ocde con datos disponibles, una mejora frente al 42% de 2014, pero todavía por debajo de la paridad.

En conjunto, los datos muestran que la igualdad educativa no garantiza igualdad en las carreras de investigación. El talento femenino llega al mercado laboral con credenciales iguales o superiores, pero sigue subutilizado en los sistemas de investigación e innovación, especialmente en el sector empresarial. En un contexto de cambio tecnológico acelerado y competencia global, dejar capacidades fuera de los espacios donde se crea conocimiento aplicado representa una pérdida para las organizaciones y para el desarrollo económico.

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