Emergencia climática obliga a repensar la protección y las condiciones de trabajo

Un monográfico académico advierte que el cambio climático está intensificando riesgos laborales, ampliando brechas de vulnerabilidad y obligando a revisar la prevención, la organización del trabajo y la protección de las personas en sectores como emergencias, agricultura, construcción, transporte, pesca, industria química y tecnologías.

La emergencia climática ya está modificando las condiciones de trabajo en sectores económicos con distintos niveles de exposición y exige respuestas laborales diferenciadas, según plantea un monográfico publicado en 2026 por Cuadernos de Relaciones Laborales, elaborado por Olga Fotinopoulou Basurko, Dulce Cairós Barreto y Eva López Terrada. El análisis examina cómo los riesgos físicos del cambio climático, las políticas de adaptación y las estrategias de descarbonización están impactando el empleo, la seguridad y salud laboral y la regulación del trabajo.

El documento sostiene que no todos los sectores enfrentan el mismo tipo de amenaza. Mientras actividades como emergencias, protección civil, agricultura, pesca y construcción presentan una mayor vulnerabilidad frente a los efectos físicos del cambio climático, otros sectores, como el transporte y la industria química, están especialmente afectados por las exigencias de descarbonización. A su vez, las tecnologías de la información y comunicación aparecen como un sector con capacidad para impulsar la lucha contra el cambio climático, aunque también generan impactos ambientales propios.

El análisis plantea, por ello, que una respuesta jurídica general frente a la emergencia climática debe convivir con medidas específicas según las características de cada actividad. Esa diferenciación adquiere especial relevancia cuando los efectos ambientales se cruzan con condiciones laborales precarias, exposición a fenómenos meteorológicos extremos o nuevas exigencias derivadas de la transición ecológica.

Riesgos laborales

Uno de los ámbitos analizados es el trabajo en emergencias y protección civil, caracterizado por una alta exigencia operativa, disponibilidad permanente, turnos, guardias y exposición frecuente a situaciones críticas y experiencias traumáticas. El cambio climático intensifica estas condiciones al aumentar la probabilidad de intervenciones vinculadas con desastres naturales y otros fenómenos extremos.

El estudio recogido en el monográfico propone incorporar de manera explícita los riesgos climáticos en la normativa de prevención, evaluar su impacto en los sectores especialmente expuestos y adaptar las condiciones laborales frente a fenómenos extremos. Entre las medidas señaladas aparecen turnos adaptados, derechos de recuperación después de intervenciones en catástrofes, formación en gestión de riesgos climáticos, sistemas de alerta temprana y protocolos que permitan interrumpir la actividad cuando las condiciones impliquen un riesgo.

También se plantea reforzar el apoyo psicológico y reconocer los daños psíquicos derivados de estas situaciones como contingencias profesionales. La referencia comparada muestra experiencias de países europeos donde ya se aplican medidas como reorganización de turnos durante olas de calor, pausas obligatorias, hidratación sistemática, equipamiento de protección solar y programas orientados a la “resiliencia operativa”.

Los trabajadores al aire libre constituyen otro grupo especialmente expuesto. El documento analiza actividades como agricultura y construcción, donde la vulnerabilidad ambiental puede combinarse con una vulnerabilidad social mayor. En estos sectores existe una presencia significativa de trabajadores temporales o migrantes, personas empleadas en micro y pequeñas empresas sin representación laboral y trabajadores insertos en modalidades de contratación que pueden ofrecer menores niveles de estabilidad.

Prevención climática

Desde la perspectiva de salud laboral, el monográfico distingue entre la intensificación de riesgos existentes y la aparición de nuevos riesgos asociados a actividades productivas destinadas a mitigar el cambio climático. El estrés térmico y los episodios meteorológicos extremos pueden agravar peligros ya presentes en determinados puestos de trabajo, mientras sectores como las energías renovables, el reciclaje y la ecologización de actividades tradicionales pueden generar nuevos escenarios preventivos.

Aunque la legislación española analizada en el documento contiene una formulación amplia de la obligación empresarial de protección, las autoras consideran que las medidas existentes son insuficientes. Entre las alternativas se menciona incorporar expresamente los riesgos derivados del cambio climático en las evaluaciones de riesgos y en las competencias de los órganos de representación, además de evaluar figuras como el delegado medioambiental y reconocer el derecho a paralizar determinadas actividades ante eventualidades climáticas.

La negociación colectiva también aparece como una herramienta relevante. El texto atribuye especial importancia a la elaboración de protocolos capaces de anticipar respuestas organizacionales frente a catástrofes y fenómenos meteorológicos adversos, especialmente en aquellos sectores donde la exposición de las personas es mayor.

Transición justa

El desafío no se limita a quienes trabajan directamente bajo condiciones climáticas extremas. El transporte marítimo, la pesca, la industria química y las tecnologías digitales enfrentan transformaciones ligadas a la descarbonización que también tienen consecuencias sobre el empleo y las competencias laborales.

En el caso de la economía azul, el monográfico advierte que la dimensión social de la transición ecológica continúa recibiendo una atención insuficiente. La transformación tecnológica del transporte marítimo puede favorecer la generación de empleo verde, pero requiere considerar la formación y las condiciones laborales de las personas. Algo similar ocurre en la pesca, donde las políticas de sostenibilidad ambiental deben incorporar los efectos sobre las comunidades que dependen económicamente de esta actividad.

La industria química y las tecnologías digitales reflejan otra paradoja. Ambos sectores pueden contribuir a una economía más sostenible, pero al mismo tiempo generan impactos ambientales relevantes. En el ámbito tecnológico, el documento destaca que las herramientas digitales pueden apoyar la vigilancia climática, los sistemas de alerta temprana y la mitigación, aunque su expansión también incrementa el consumo de energía y agua, las emisiones y la generación de residuos electrónicos. En el caso de la IA, el análisis apunta a la necesidad de adoptar medidas para enfrentar el impacto ambiental de los centros de datos y del entrenamiento de modelos, incluyendo el uso de energías renovables y mejoras de eficiencia energética.

En conjunto, el monográfico plantea que el cambio climático ya no puede ser abordado únicamente desde una perspectiva ambiental. Su impacto sobre la salud laboral, la organización del trabajo, las modalidades de contratación, la formación y la transición tecnológica obliga a integrar la protección de las personas en las respuestas frente a la emergencia climática y a considerar las diferencias entre sectores para avanzar hacia una transición justa.

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