lunes, octubre 26, 2020

El virus que corroe a trabajadores, gerentes y empresas

Publicamos en formato escrito y de manera íntegra una entrevista a Rafael Echeverría hecha en video antes del estallido social y la pandemia. Hoy cobra total vigencia sus reflexiones, ya que su mirada apunta a la centralidad de las causas del 18 de octubre y lo que está develando el coronavirus en materia social y económica. Nos sirve como un insumo vital para que las gerencias RH y sus equipos tengan diagnósticos certeros para enfrentar los nuevos escenarios que traerá el fin de la crisis sanitaria.

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Hace más de un año tuvimos la oportunidad de conversar con el doctor en filosofía y sociólogo Rafael Echeverría en su departamento de Huechuraba, a las faldas del lado norte del cerro San Cristóbal. Su reflexión se anticipó a las causas de la revuelta del 18 de octubre y esbozó las consecuencias económicas, sociales y éticas que está dejando la pandemia.

Hace más de un año tuvimos la oportunidad de conversar con el doctor en filosofía y sociólogo Rafael Echeverría en su departamento de Huechuraba, a las faldas del lado norte del cerro San Cristóbal. Su reflexión se anticipó a las causas de la revuelta del 18 de octubre y esbozó las consecuencias económicas, sociales y éticas que está dejando la pandemia.

La conversación, también, dio luces que explican y fundamentan lo que ahora vemos con claridad. Por un lado, la deriva actual nos devela la fragilidad humana y cómo la humanidad “optó” por un paradigma que dejó afuera lo relevante de la vida y se ocupó de lo superficial y hedonista. Echeverría lo ejemplifica con el estrés y la depresión que provoca el trabajo a todo nivel. Por el otro, vemos a un modelo económico, el neoliberal, depredador del medioambiente y el alma, que genera empleos precarios y que se sostiene con el consumo permanente. Nuestro entrevistado lo resume en una perdida de sentido generada por un sistema de metas desenfrenado, sin pausa, y de codicia, en donde el dinero ocupa la centralidad de lo cotidiano.

Asimismo, Rafael advirtió que el sentido de la vida se nos escapa de las manos y genera seres humanos con múltiples enfermedades mentales. Subrayó que el medioambiente y la desigualdad social son las grandes desafíos que la humanidad debe enfrentar para los próximos 100 años.

Por eso, el estallido social y el coronavirus nos desnudan con nitidez esas desigualdades fraguadas en décadas de bonanza, que sólo le llegó a algunos. En esa línea, muchos, de la noche a la mañana (se acuerdan del “esto no prendió cabros)”, se dieron cuenta que el 75% de nuestra fuerza laboral tenía sueldos precarios y que su trabajo era esencial para comer y satisfacer lo mínimo. La imagen que sintetiza esta realidad fueron las largas filas de miles de trabajadores esperando transporte público (exponiéndose al virus), mientras unos pocos esperaban en cuarentena, por cierto una colmada de privilegios, observándolos por TV.

En el camino, también, descubrimos la informalidad (40%) y los independientes (los autónomos), quienes sin trabajo quedan a la deriva y como consecuencia directa, sin protección social de ningún tipo. Todos, además, abandonados a su suerte por un sistema de salud público saturado, asfixiado y precario.

Al respecto, Echeverría planteó de manera señera que hoy todos son los explotados, no sólo son los trabajadores precarios o los independientes, sino que también encumbrados ejecutivos y gerentes de compañías, quienes tienen ”sus vidas emocionales completamente hipotecadas, dañadas, con un nivel de angustia y ansiedad muy alto”. De ahí que anunció la urgencia de repensar lo que estamos haciendo y de enterrar un paradigma que nos está matando. Recalcó que es clave entender que es el sistema social global es el que está enfermo. Entonces, la pregunta a responder, aseveró, es cómo definimos nuestra forma de ser en este escenario.

En ese contexto, hablar de teletrabajo es un mal chiste. La evidencia nos confirma que su impacto se reduce a unos pocos y sin duda la automatización laboral beneficiará al capital y no a la mayoría de los trabajadores y trabajadoras. En definitiva, la transformación digital sólo creará más pobreza y precarización en Chile, si es que no miramos más allá del negocio, como lo recalca uno de los fundadores del coaching ontológico.

En este sentido, Echeverría nos advirtió del anacronismo de las empresas al mantener paradigmas basados en el control, el autoriartismo, la verticalidad y sólo en la conveniencia de centrarse en la utilidad.

Finalmente, el doctor en filosofía rescata un concepto, una idea, escondida en el baúl de los recuerdos por algunos empresarios, la ÉTICA con mayúscula. Planteó un rescate y recuperación urgente de la “ética” dentro de las empresas. Quizá de esa manera no tengamos que escuchar nunca más a “emprendedores” como Carlos Soublette, presidente de la Cámara de Comercio de Santiago, quien dijo a propósito de la pandemia: “No podemos matar toda la actividad económica por salvar las vidas”.

Acá las reflexiones e ideas de Rafael Echeverría:

Hay un mundo vertiginoso en el que nos toca vivir, en el que las organizaciones son parte viva del ser humano. En la actualidad, casi toda la humanidad está vinculada a una organización, a una empresa. Parece que hoy en día, además, con la automatización laboral se están configurando nuevas estructuras y que, al parecer, no están dando el ancho ¿Qué está pasando en estas aguas turbulentas donde hay un ciudadano trabajador?

– Estamos viviendo un periodo del anacronismo, la pérdida de vigencia de las instituciones y organizaciones, formas de vida. Es muy fuerte y creo que no hay plena conciencia de la profundidad de esta crisis. Es curioso, miro para atrás, cuando estaba en la universidad, las empresas, por ejemplo, aparecían como un elemento importante, pero sin duda no más importante. El Estado, la universidad y los partidos políticos aparecían siendo centrales. Con el tiempo, muy rápidamente, comenzamos a entender desde el mundo subdesarrollado el rol que las empresas tienen en los procesos de transformación que hemos vivido en las últimas décadas. Y súbitamente las empresas se colocaron como la gran palanca de la transformación histórica, cosa que antes no lo veíamos con esa claridad.

Tengo la convicción de que las empresas están enfrentando una crisis de anacronismo muy importante, donde el poder de transformación que ya tienen es infinitamente superior al que ejercen. Y que al ejercerlo las colocan en la punta de los procesos de transformación.

Estamos viviendo una época inédita en la humanidad, una época con olas de transformación en todos los ámbitos: conocimientos, competencias, sensibilidades, relaciones. Y como lo ha dicho ya John Kerry hace un año, el ex secretario de Estado de EEUU: el problema más serio no tiene que ver con las transformaciones sino que con la incapacidad que tenemos para enfrentarnos a ellas. Y eso creo que es un tema central y eso afecta al management.


“Tengo la convicción de que las empresas están enfrentando una crisis de anacronismo muy importante, donde el poder de transformación que ya tienen es infinitamente superior al que ejercen”.


Nos contabas que en el pasado, años 60, no se veía a la empresa como algo importante, ni siquiera los teóricos filosóficos de moda. ¿Marx se imaginó el poder de la empresa de hoy?

– Creo que Marx sí lo vio. Por eso centró en la empresa al carácter del capitalismo en su expansión, en la creciente emergencia del sector financiero superando al sector productivo. Marx en ese sentido fue un visionario. Pero su concepción devino rápidamente en anacrónica.

Si la empresa se reconocía como importante y marcó el carácter de nuestra época, no lograba percibir cuán serio y profundo esto era. En esa época se pensaba que las instituciones tenían que estar para incidir en la creación de futuros distintos. No era exactamente la empresa, la empresa no estaba en eso. Hoy día la empresa es la que está produciendo los grandes cambios que redefinen el carácter que el futuro tiene. Eso es lo que no veíamos, su importancia la conocíamos, pero su papel de vanguardia de la innovación estaba muy lejos de percibirse

¿No es peligroso un poder tan grande? Me vino la imagen de la época de Luis XIV, el rey sol, donde todo el mundo giraba en torno a su figura, y con un poder absoluto.

– ¡Es muy peligroso! Y no solo lo vemos en Luis XIV. A los romanos les pasó lo mismo. El emperador al principio fue un personaje importante. Pero no nos vayamos tan lejos. Tenemos una institución que hoy día, particularmente en Chile, asumió esa misma estructura. Esa misma estructura vertical impositiva que controla no solamente la propiedad como empresa sino que también la verdad: la iglesia católica. No logro entender cómo a estas alturas nos vinimos a enterar de la crisis que vive. Más de 300 sacerdotes involucrados en las cosas más espantosas, sórdidas. Cómo ahora estamos siendo convocados a un concilio para cambiar radicalmente la estructura de la iglesia católica. Me cuesta entender la lentitud. Y sin duda, para ir al tema que tú me planteabas que es el de la empresa. Es el tema que planteaba antes.

Hoy la empresa se ha posicionado en un lugar muy importante, de gran hegemonía y poder. Pero no está dando la marca. Está produciendo efectos de desigualdad social que va a alimentar los peores corrientes a nivel de la política, creará sensibilidades nuevas y enfrentará condiciones de diversidades del mundo de hoy que hará extremadamente peligrosa la convivencia. Eso pasa por una profunda rearticulación de lo que es la empresa. De un cambio muy profundo. Esa “iglesia” no está dando la marca, ni la va a dar muy pronto.

La emergencia de organizaciones más horizontales, de compañías que incorporan niveles de participación plural, que operan en redes, con niveles de autonomía y distintos componentes de esquemas descentralizados, ya lo estamos viendo. Lo vemos en Amazon, Airbnb, en Uber. Se observa en las grandes empresas que se están imponiendo. Y todavía no logran una estructura que se haga cargo de los dos problemas centrales que enfrentamos hoy en día: el ecológico y la desigualdad social. ¡Y más vale que lo encaremos pronto!


“Hoy la empresa se ha posicionado en un lugar muy importante, de gran hegemonía y poder. Pero no está dando la marca. Está produciendo efectos de desigualdad social que va a alimentar los peores corrientes a nivel de la política.”


Ahí tocaste temas claves. Efectivamente hay un nivel de degradación consecuencia de un consumo voraz que se incentiva. Detrás de eso también hay codicia. El querer más y más. Por ejemplo, hay empresas que se ponen una meta para el año y las cumplen a los dos meses, y automáticamente les colocan otras nuevas. Es interminable. Acá hay una forma de mirar el mundo muy depredadora. Depredan a nuestro medio ambiente, impactan a las comunidades y lo más importante es que están depredando el alma del ser humano…

– ¡Claro!

Está consumiendo a los seres humanos…

– ¡Absolutamente!…

En RH Management hablamos contigo de la sociedad del cansancio que nos plantea Byung-Chul Han. O sea, esta pandemia de la depresión y las enfermedades mentales están absolutamente esparcidas en el mundo y el mejor negocio son los remedios, las pastillas, la droga para poder evadir esa realidad. Ahí hay una incongruencia ¿Qué está pasando? ¿Cómo lo ves?

– Hay una profunda incongruencia. Los que tienen el poder están comprometiendo el sentido de vida de los seres vivos. Porque el poder no es solo algo que utilizan en beneficio propio, terminan siendo auto explotados en función de la dinámica que no logran parar. Hay que repensar en términos muy profundos los imperativos fundamentales para que la existencia sea una que tenga sentido, que produzca niveles de plenitud y satisfacción básica. Hoy estamos cada vez alejándonos más de ello.

Parte central de lo que nosotros hacemos se orienta exactamente a eso. A producir lo que llamamos un giro en la forma de ser de los seres humanos, hombres y mujeres, viejos y niños. Porque tú me hablas de la depresión de los ejecutivos, pero cómo se ha incrementado la tasa de suicidio en los jóvenes producto de la depresión. Veía ayer en la televisión cómo entrenaban a los niños de dos años. Los están entrenando para que rindieran los exámenes de admisión para kindergarten. Y están entrando con colon irritable, con problemas de salud a los dos años. ¡Nos estamos volviendo locos!

El sentido de la vida se nos está escapando de las manos y estamos atrapados en una forma de ser que nos impide ver la tragedia en la que estamos. Y a mi modo de ver, lo más importante que enfrentamos hoy es revisar profundamente la forma de ser a la que hemos accedido. Es ella la que está en crisis.


“El sentido de la vida se nos está escapando de las manos y estamos atrapados en una forma de ser que nos impide ver la tragedia en la que estamos.”


¿Qué podemos hacer? Pareciera que estamos en un callejón sin salida. Por un lado, tenemos a los dueños de las empresas que exigen a la plana ejecutiva metas, y si hay una forma de liderar que les da sentido para cumplirlas la aplican. Al año siguiente, si esas utilidades no se dan cambian radicalmente ese liderazgo. Echan a todas las personas y meten una nueva forma de gerenciar, más dura, más tradicional. La codicia nos está comiendo, ¿cómo combatimos la codicia desde el management?

– Creo que la codicia es un buen diagnóstico, pero es insuficiente y termina siendo equivocado. Porque sitúa el problema de manera individual. Los individuos, las personas, están atrapadas en una estructura capitalista que los introduce en una gran trampa donde la codicia parece inducida por esta dinámica de funcionamiento, de convivencia y de trabajo en la que estamos. Sin embargo, termina sacrificando sus vidas, con su sentido, con sus relaciones más importante, terminan en soledad.

El problema de los viejos es brutal: su soledad. Hace 20 años el viejo sabía que podía volver al mundo que él mismo había cultivado con sus hijos y nietos. Hoy eso se restringe cada vez más.

Tenemos a los jóvenes, niños, viejos, y los que están en la edad adulta, con unas carreras con gente que se destruye a sí misma, que están sacrificando su vida. Si entendemos la codicia como un elemento personal, no estamos dando con el reconocimiento del carácter estructural de una dinámica perversa, e insisto, en que además estamos destruyendo el entorno natural que requerimos para vivir.

Miremos hoy día lo que está pasando en distintos lugares del mundo con la naturaleza. ¿Qué es aquello que nos imponen? A mi modo de ver, es que esos son tributarios de la concepción sobre el carácter de la realidad. Es la ontología: cómo concibo el carácter de realidad antes de acercarme a la realidad con metas específicas y particulares. Qué me lleva a articularla, en el sentido de mi vida, en una forma que está en completa crisis.

La crisis más importante que enfrentamos hoy, que conduce a la ecológica, a la existencial, tiene que ver con una concepción profundamente restrictiva. Qué tenemos para concebir la realidad en su sentido más amplio, más vasto, y que nos lleva a formas de ser que no están dando el ancho, están haciendo agua. Hay instituciones que nos están colocando en dinámicas que son totalmente perversas, donde no logramos tomar el timón y salir con un tipo de vida totalmente distinta. Creo que en el mundo de hoy lo que está crisis, cuya raíz tiene que ver con esa concepción de la realidad, es cómo definimos nuestra forma de ser.

Y ahí, tratando de buscar esperanza, encontramos el sentido ético de las empresas. Un camino que nos permita empezar a cambiar las cosas. Por ejemplo, un sentido ético de decir “mira este año no ganemos tanto dinero pero repartamos más, porque tenemos trabajadores que ganan muy poco, más allá de la educación. Creo que el sueldo que están ganando no les alcanza para vivir, por lo tanto, yo como dueño hago un esfuerzo para compartir”.

¿Es el sentido ético el camino? Ahí está el dominio. No sé si opera a nivel individual o a nivel de una u otra empresa. Sin duda tiene que darse ahí. Yo creo que lo que tiene que pasar es que tenemos que avanzar a un sistema social más amplio que habilite eso. Algunos se van a dar cuenta que pecan de idealismo a pesar de que lo pueden hacer, ya que la competencia les cobra un precio más alto por pasar a eso. Hay que avanzar en esa dirección.

Creo que hace falta entender que es el sistema social global el que está enfermo. Los sistemas se cambian a partir de individuos, entidades particulares. Pero falta la comprensión de que este fenómeno considera una dimensión que tiene que ver no solo con el hacer, sino con algo en donde estoy preso, y que te sitúa en una cultura, en una estructura, con una dinámica particular de convivencia que está en una crisis completa.

Acá las instituciones más vulnerables, menos adecuadas a la modernidad, son las que están atravesando la crisis, pero nos va a pescar a todos. Creo que debemos entender eso. Hay que avanzar hacia una forma de convivencia distinta, de un sistema que la habilite. Los espacios para hacer cambios van a ser siempre restrictivos. Y eso me hace confiar a mí en la política. Me parece que a nivel de la política hay una responsabilidad central para crear espacios que preserven lo que tú planteabas, quienes quieran asumir un camino que corrija lo que la empresa hegemónica y predominante, por ejemplo, está haciendo. Sin embargo, se requiere de un marco cultural y político que me parece indispensable.


Creo que hace falta entender que es el sistema social global el que está enfermo. Los sistemas se cambian a partir de individuos, entidades particulares. Pero falta la comprensión de que este fenómeno considera una dimensión que tiene que ver no solo con el hacer, sino con algo en donde estoy preso, y que te sitúa en una cultura, en una estructura, con una dinámica particular de convivencia que está en una crisis completa”. 


Me decías que el 40% de tu tiempo estás en Estados Unidos. Allí, por ejemplo, las grandes empresas, los billonarios, hacen una donación tremenda del 50% de sus utilidades. Ahí está pasando algo con el tipo de empresa que se está configurando. Por qué, a pesar de que uno ve mayor conciencia a nivel del empresariado, en la política gana Donald Trump. Al parecer hay una tensión de dos modelos que se están construyendo y ya sabemos lo que pasa cuando nos vamos por los caminos del populismo. ¿Qué hay en esa deriva?

– Hoy Estados Unidos está en una situación muy compleja, porque hay atisbos de lo que tú dices, y afortunadamente los hay en distintas partes. Pero a la vez las condiciones de desigualdad que la sociedad americana ha ido progresivamente estableciendo, genera el fenómeno del populismo de tendencia neofascistas, extremadamente peligrosas que son encarnadas por Trump. Uno no lo logra entender cómo haciendo las cosas que hace sigue preservando el 40% de apoyo. En Europa hay casos distintos. Hay tendencias también fascistoides que se están imponiendo con mucha fuerza en ciertos países. Sin embargo, hay una conciencia distinta donde la dimensión social y cultural tiene un peso mayor que el individualismo más extremo de los Estados Unidos, y no alcanza a tener impacto significativo en norteamérica.

Hay un personaje que sigo con mucho interés, que es Jeremy Rifkin, quien viene de la teoría de la entropía y él, siendo americano, encuentra en Europa una capacidad de escucha de lo que él plantea que no ha logrado encontrar en los Estados Unidos, donde el individualismo lo impide este espacio. Ahí hay planteamientos que están siendo también interesantes que surgen en otro lado.

No estamos hoy en día más allá de ciertos comportamientos individuales en un mundo donde uno puede decir: “por aquí hay una esperanza fuerte por la cual uno puede subirse”. Por ejemplo, el partido demócrata como está reaccionando y lo que está haciendo, es un comportamiento político reactivo. No hay una propuesta un planteamiento político muy profundo. Estamos en un momento muy difícil y tenemos que encararlo con mucha valentía, con audacia y con una disposición a poner en cuestión presupuestos muy antiguos que todavía siguen vigentes.

¿Cuáles son? La idea de una verdad que no es porosa, que no es abierta a propuestas que la pongan en cuestión, el reconocimiento del papel de la ecología, la idea de presumir que somos de otra forma dada que no podemos cambiar. Hoy estamos obligados a cambiar la forma que somos. Hay un conjunto de fuerzas que nos están impidiendo a acceder a ver cómo ser necesarios y buscar el tipo de soluciones que necesitamos. Hay atisbos pero son pequeños.


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