El virtuosismo del quehacer coherente

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Por Rodrigo Rojas Foncillas, consultor de beside® Consultores. Experto en felicidad organizacional. Autor del libro “Felicidad organizacional. Cuando el camino son las personas”.

Bienvenidos a este espacio. Un espacio directo, claro y sencillo que busca generar una buena reflexión “para quienes tenemos personas a cargo” y que se nos evalúa por tener buenos ambientes laborales, además de cumplir las metas, los KPI e indicadores que nos exigen en las compañías. Además, también, de estar siempre disponible y con ganas de colaborar. Además de estar siempre atento a las necesidades de los clientes y de ojalá satisfacerlas a la brevedad.  Puede ser simplemente agotador. 

Algunas definiciones antes para aliviar el dolor de tener que ser el supermán o superwoman de los líderes. 

  1. No estamos a cargo de personas. Hoy en el mundo del trabajo esperamos que los líderes seamos personas que estemos cuidado y gestionando el espacio emocional de nuestros equipos para con ello facilitarles las condiciones necesarias y -a estas alturas del siglo XXI- básicas para poder trabajar bien.
  2. Quienes lideran son (somos) personas, no robots. Y si bien a algunas compañías les gustaría mucho que su gente fueran robots que no sienten y solo están programados para trabajar, no es así… aun. 

Las personas tenemos emociones y sentimientos, esto hace que seamos diferentes, que nos gusten a veces las mismas cosas y otras veces no. Que sintamos que nuestro empleador nos cuida y que también a veces, no lo hace. Que creamos que estamos en el mejor lugar para trabajar y luego, nos cuestionemos…. Las personas cambiamos de opinión, de parecer y de sentir y esto va totalmente integrado a nuestras emociones y estados de ánimo (más permanentes en el tiempo) que tenemos.

Las empresas tienen que generar entonces estos estados de ánimo organizacionales que nos permitan sentir permanentemente que nuestro lugar de trabajo ES nuestro lugar de trabajo.  De esto hablo mucho en mi libro “Felicidad organizacional. Cuando el camino son las personas”.

  1. Las personas vivimos compartiendo en las relaciones. Como decía Maturana, estamos en la conversación. Por lo mismo, comprender y entender que los líderes del siglo XXI y futuro tienen que habilitarse en ser especialmente cuidadosos y cariñosos en la generación de espacios emocionales óptimos para los equipos y esto se hace conversando y ejerciendo autoridad moral para ser “seguido” por los demás con el ejemplo, es el nuevo reto de los líderes y las empresas. 
  2. Las personas no seguimos a otros desde el espacio de confianza razonable y creíble si no vemos coherencia y consistencias en el hacer, incluso más que el decir. El decir convoca, ¡llena estadios!, emociona. El hacer inspira, educa y acerca. El hacer de los líderes será tan clave como las palabras que constituyan el relato del que las emite. Pero no se confunda. Cuando somos capaces de decir por medio de nuestras acciones y estas son permanentemente coherentes y consistentes, vaya que movilizan a los demás. El equipo, pasa a ser un todo. 

El líder que quiera y la empresa que quiera ser de clase mundial tendrá que hacerse cargo responsablemente del hacer de sus líderes.  No queda otra. 

En mi rol de consultor he conocido muchas empresas que lo declaran. Pero que cuando hacen, demuestran solamente lo pobre de iniciativas y energía para hacerse cargo, de verdad, de lo que quieren.  No tienen tiempo, no tienen recursos. Lo más habitual es que no priorizan y como siempre, las urgencias e incendios si los convocan y movilizan. A veces nos convocamos en lo mejor que sabemos hacer y evitamos inconscientemente aprender. 

Como dijo Guardiola, destacado entrenador de fútbol europeo: “Perdonaré que no tengas talento, pero no perdonaré que no te esfuerces”. En las compañías es lo mismo, trabajar y trabajar no solo para satisfacer las infinitas demandas del cliente, sino que también cumplir con la promesa de ser el mejor lugar para trabajar (en ese momento) para las personas. Ser el mejor empleador es trabajo y mucho. 

Al cierre, Preguntas para su reflexión: 

  1. ¿Cuántas veces Ud. ha pensado que su empresa tiene que ser el mejor empleador? 
  2. ¿Qué hace cuándo lo piensa?, ¿Cuándo lo siente? 
  3. ¿Lo declara? 
  4. ¿A quién?
  5. ¿Qué acciones concretas hace (o ha hecho) para iniciar el camino?
  6. ¿Cómo lo evalúa? 
  7. ¿Insiste en el camino, o para, y se olvida?

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